Buttonwood

¿Qué veis raro en esta foto de una tienda de brújulas?. Miradla atentamente.

brujulas Buttonwood

Si os fijáis bien, todas deberían señalar al Norte pero cada una lo hace para un lado. Una posible explicación de lo que ocurre es que las brújulas tienen campo magnético y podrían interferir entre ellas. Esto me recuerda, de alguna manera, a lo que ocurre actualmente con las divisas, cada una gira para el lado que quiere e interfieren entre si. Carecemos de un punto de referencia universal que nos indique el valor real de cada una, cual es el Norte.

El otro día, el presidente del Banco Mundial escribió en el Financial Times un artículo acerca de la necesidad de regresar al patrón oro como base de cambio de las monedas. La idea básica es tener un punto de referencia sobre el que valorar las monedas.

Intentando entender mejor la raiz de los problemas, me topé con un interesante artículo del “The Economist” de Mayo de 2009 (un pelín largo, pero muy didáctico), titulado Brettonwood. Esto es lo que nos cuenta.

Todos los sistemas monetarios y económicos consisten en una lucha entre los “prestados”, que favorecen la inflación, y los “prestadores”, que están dispuestos a mantener el poder adquisitivo de la divisa. En democracia, esto es una batalla fluida. Los prestadores (en adelante, para simplificar les llamaremos bancos) tienen el poder y, por lo tanto, la atención de la élite política; los prestados suelen tener los votos.

Los bancos han impuesto periódicamente anclas monetarias en un intento de vencer al lobby de los prestados. Estas anclas son ideales en tiempos prósperos pero presentan dificultades durante épocas de recesión. El patrón oro no sobrevivió a la depresión. Para las naciones con escasez de oro, lo “correcto” era aumentar los tipos de interés para volver a revalorizar el oro; la austeridad que ello impuso al resto de la economía fue políticamene inaceptable.

La era de Bretton Woods sustituyó al patrón oro por el patrón dólar (a pesar del teórico vínculo de la divisa americana a los lingotes). El sistema funcionó bien durante más de dos décadas, ayudado por el boom económico de la posguerra, especialmente en Alemania y Japón, que empezaron el período con tipos de cambio subvalorados. Se desmoronó porque América se negó a pagar el precio nacional de cargar con el peso del sistema.

Cuando Bretton Woods fracasó, no fue inmediatamente obvio lo que le iba a sustituir. Los países europeos, concretamente, mantuvieron el deseo de establecer tipos de cambio fijos. Sin embargo, prevalecieron finalmente los tipos fluctuantes, en especial, para las principales divisas respecto al dólar: el yen y el marco alemán.

El problema para los bancos era que el sistema de tipos fluctuantes estaba basado en dinero (en papel) de curso legal. ¿Qué controlaría el instinto inflacionista de los gobiernos? La respuesta tardó un par de décadas (y de recesiones) en hallarse.

Una vez aceptado que los mercados podían establecer los tipos de cambio, no había necesidad real de controlar el capital; y una vez que el capital podía circular libremente, los gobiernos indisciplinados podían ser castigados por unos mayores rendimientos de las obligaciones. En consecuencia, los políticos intentaron reafirmar los mercados dándole un mayor poder a los bancos centrales, algunos de los cuales fijaron objetivos de inflación explícitos.

El sistema posterior al de Bretton Woods funcionó bien, dando lugar a un largo período de baja inflación y crecimiento estable conocido como la Gran Moderación. Sin embargo, una de las razones del aparente éxito —el crecimiento de India y China— podría haber provocado su desaparición. La adhesión de estas dos grandes naciones al sistema financiero internacional fue como una descarga eléctrica que ejerció una presión descendente en los tipos de interés.

Como ha señalado Stephen King, economista en HSBC, el resultado podría haber sido una deflación benigna que impulsó el nivel de vida occidental. Sin embargo, los bancos centrales lucharon por evitar unas consecuencias deflacionistas; el resultado fue la implentación de una política monetaria holgada que fomentó la burbuja de los activos financieros. Esta burbuja duró más de lo esperado porque el desbordamiento de los ahorros procedente de los mercados en desarrollo contuvieron el tipo libre de riesgos.

Ahora parece reconocerse que el objetivo de inflación no es suficiente. Dada la explícita garantía de los gobiernos detrás del sistema bancario, los bancos centrales deben controlar la estabilidad financiera y los precios de los activos. Al mismo tiempo, algunos bancos centrales han adpotado (a través de la expansión monetaria cuantitativa) una política de creación de dinero para impulsar los mercados que también tiene el conveniente efecto secundario de financiar el déficit presupuestario. Eso es justo lo que los contrarios al dinero de curso legal temían que pasara a largo plazo.

Se producirá el mismo dilema de siempre. Tras haber gastado una fortuna en avalar a sus bancos, los gobiernos occidentales tendrán que pagar un precio en términos de impuestos más elevados para pagar el interés de la deuda. En el caso de países como Gran Bretaña o Estados Unidos, que tienen déficit comercial y presupuestario, esos impuestos más altos deberán cubrir los reclamos de los acreedores extranjeros. Dadas las implicaciones políticas de tal austeridad, la tentación será el impago cauteloso, dejar que sus divisas se deprecien. Los inversores sobreviven cada vez más a este peligro; el rendimiento de las obligaciones del estado a diez años está cerca de un punto porcentual por encima con respecto a principios de año.

Las naciones acreedoras tienden a establecer reglas y el nuevo sistema monetario global no podrá funcionar sin la aprobación de China, un país acreedor con controles de capital y una divisa administrada. Se ha dado por sentado que China tendrá que avanzar hacia el modelo occidental, pero ¿por qué no al revés? Los países occidentales adoptaron los mercados de capital libre, como Gran Bretaña adoptó el libre comercio en el siglo XIX, porque les convenía. ¿Será China ahora capaz de llevar la batuta? Por muy incómodo que sea para Occidente, es muy probable que el próximo orden monetario se realice en Pekín.

Para finalizar, os dejo una interesante gráfica que muestra por un lado el valor de Yuan Chino con el dólar y por otro las exportaciones a EEUU.

dollar-yuan-history-chart Buttonwood

Leer mas:
Buttonwood

John Law

jlaw John LawLa figura de este escocés nacido a finales del siglo XVII tiene algo de personaje literario de novela de aventuras: hijo de un banquero o un joyero (según las fuentes), jugador empedernido, de gran atractivo físico, mató en un duelo de honor al marido de su amante (que se dice años atrás lo había sido del rey Guillermo III de Inglaterra) y eso le llevó a huir a Amsterdam, la entonces capital de la innovación económica. Hacía ya 100 años que en esa ciudad existían las sociedades accionariales de responsabilidad limitada (lo que hoy conocemos como acciones de bolsa), inventadas para poder financiar los mercaderes de forma conjunta la construcción y equipamiento de barcos que hicieran los largos y peligrosos viajes a las Indias, ya que los onerosos rendimientos requerían una amplia inversión. Con lo que aprendió allí elaboró unas ideas propias (¿por qué limitar el número de acciones a la venta, porque no crear un banco público que emitiera el dinero que hiciera falta?…) que supo llevar a cabo en Francia, país en el que llegó a ser el más querido y el más odiado en pocos años y que le hizo rico y también acabó convirtiéndolo en un fugitivo que murió en Venecia, según algunos en la casi indigencia, según otros invirtiendo su amplio capital en obras de arte, siempre sin dejar de jugar a las cartas como en su juventud.

En su tumba en Venecia dice:

En honor y memoria de John Law de Edinburgo, el más distinguido tesorero de los reyes de Francia.

law-575x282 John Law

¿Qué hizo a este personaje tan controvertido y por qué ocupa hoy un lugar en un blog de economía?

Puede haber varios motivos, por ejemplo en su libro El dinero y el comercio: una propuesta para proveer de dinero a la nación anticipaba una de las ideas más discutidas de toda la historia del pensamiento económico: la conveniencia de incrementar la circulación monetaria para estimular la actividad económica, también fue el responsable de la primera gran burbuja bursátil de la historia (y eso que en Holanda seguro debió conocer la de los tulipanes de 1630) si bien en el mundo económico fue más famoso por ser considerado el inventor del billete bancario. Y es que lo normal en su época era pagar con monedas de oro o plata, joyas o títulos de propiedad lo que ralentizaba el intercambio comercial. Por ejemplo, en Francia la Corona y sus súbditos estaban tan endeudados y faltos de metales preciosos que ni se acuñaba ni se movía capital lo que provocaba la deflación y la anemia que tenían al país entero paralizado. Seguro ese fue uno de los argumentos que utilizó para convencer al regente del trono de Francia Felipe de Orlenas – acuciado por la necesidad de aligerar el peso de la deuda pública que había dejado Luis XIV al morir-, que le concedió una autorización para poner en marcha un banco privado emisor de billetes convertibles al portador (el Banco General) en 1716.

En 1717 creó una compañía privilegiada de comercio ligada al banco (la Compañía de Occidente o del Mississippi, luego llamada Compañía de Indias), que explotaba negocios como el comercio con la Luisiana, la recaudación de los impuestos reales o la acuñación de moneda. Consiguió tantos favores porque redujo la deuda pública por la vía de pagar a los acreedores de la Monarquía entregándoles acciones de la Compañía y del Banco por lo que en 1718 el Banco General fue nacionalizado y se transformó en banco de la Corona. Law fue elevado al rango de ministro de Finanzas del rey de Francia. De este modo ligó la política monetaria del país a la buena salud de las acciones de una gran empresa. Como  director general de las finanzas controló los impuestos de toda Francia, así como la deuda pública, la emisión de dinero y la Compañía de las Indias (que a su vez controlaba el monopolio de la importación de tabaco, monopolio del comercio con África, Asia y Luisiana, que era la cuarta parte de los EUA entonces). Confiado en el éxito de un sistema en el que lo controlaba aparentemente todo (acuñó la frase “La economía soy yo”), Law aumentó la emisión de billetes muy por encima de lo que le permitían los recursos de su Banco. Hasta entonces, se entendía por dinero a las monedas de oro y plata, la novedad de Law fue hacer circular billetes cuyo valor residía en su convertibilidad en metálico; en teoría, cualquier tenedor de esos billetes podía ir al banco y convertir en oro o plata la suma expresada en ellos (de algún modo fue el inventor del patrón oro), por eso emitir demasiados sin respaldo era, de hecho, una estafa.

Una activa propaganda y unos rumores fantasiosos sobre la riqueza de Luisiana consiguieron que la cotización de las acciones de la Compañía subiera extraordinariamente, en medio de una fiebre especulativa generalizada: cuanto más subían más interés había en comprarlas. Cuando las acciones de la Compañía se vendían a diez veces su valor de emisión, Law hizo emitir tres nuevas series (ampliaciones de capital). En noviembre de 1719 las acciones cotizaban a 36 veces el valor de emisión (habían pasado de 500 a 18 mil). Por ese entonces, la gente de toda Francia iba a París a comprar acciones en tal número que los asientos de carruajes públicos estaban vendidos con días de anticipación. Los problemas empezaron curiosamente por la generosidad del dividendo, cuando a fines de 1719 se abonó un 40% muchos accionistas lo cobraron en oro en lugar de en billetes o acciones. Para que esto no pasara, a principios de 1720, Felipe de Orleans prohibió tener joyas y más de 500 libras en metálico dentro de casa. Si el Gobierno prohibía el oro y las joyas, el mensaje que lanzaba era que precisamente el oro y las joyas era lo que valía. Si a eso le sumamos que todo se basaba en la supuesta “generosidad” de las las tierras de Lousiana, bastó la vuelta de varios emigrantes contando que aquello era una tierra de pantanos y ciénagas para que se iniciara una aguda crisis de confianza.

Para evitar que el castillo de naipes se derrumbara, John Law entonces decidió fusionar la Compañía y el banco. Los accionistas tuvieron derecho a cambiar sus participaciones por billetes, al precio todavía notable de 9 mil. Pero para reembolsar las acciones, tuvo que emitir (sin respaldo alguno) una cantidad tal de billetes que duplicó bruscamente la oferta monetaria. La consecuencia fue que la inflación llegó a un 23 % mensual en enero de 1720 y la cotización de las acciones se hundiera, a la vez que reclamaban al banco la conversión de sus billetes en oro y plata. El papel moneda y las acciones, que sólo unos días antes todos querían tener, eran abiertamente repudiados. Para calmar los ánimos, el regente Felipe anunció que se habían encontrado minas de oro en América, e hizo desfilar por París a 6.000 vagabundos vestidos como mineros. Con esa estratagema ganó tiempo y pudo colocar algunas acciones de la Compañía de las Indias y siguió imprimiendo billetes cargando las culpas sobre John Law pero evidentemente era el Estado el que debía responder de la estafa.

Fue la primera gran burbuja bursátil (salieron a cotizar a 500, llegaron a 18 mil y acabaron valiendo 200) y vino acompañada por una fuerte crisis financiera. Pero lo peor, más allá del desastre de la compañía, fue el coste social. Los inversores se dirigieron al Banco Real a reclamar el reintegro de las acciones sin éxito pero peor era la situación de los asalariados. ya que se les pagaba en papel, esos billetes que no tenían respaldo ya que habían sido emitidos por un banco insolvente. Muchos iban a hacer cola desde el amanecer ante las puertas del banco para cambiarlos –sin éxito- por oro. El 17 de julio de 1720 hubo un tumulto, y 15 personas murieron. Law tuvo que huir del país. Francia volvió a la quiebra en la que le había dejado Luis XIV acrecentada por la ruina de muchos ahorradores privados Hay autores que defienden a John Law como Claude Cueni:

El problema saltó ante la imposibilidad de frenar a toda la nobleza. Obligaron a emitir tanto papel para financiar sus extravagancias, que arruinaron todo el sistema.

Aunque no le exculpa, algo de eso también hubo, de hecho el dinero corría de tal manera que en plena euforia el regente compró el mayor diamante del mundo, una gema de 140 kilates, obnubilado con la cantidad de beneficios que daban las acciones. El diamante, denominado Le Régent, está expuesto en el museo del Louvre como testigo mudo de aquella época de despilfarro.

John Law sobrevivió nueve años al desastre, cuando llegó la noticia a Francia, un periódico le dedicó estas palabras:

Murió un escocés célebre, un calculador sin igual, que con las reglas del álgebra ha puesto a Francia en el hospital.

Su sistema, frustrado por la ambición excesiva de ganancias especulativas, sembró entre la opinión pública francesa una desconfianza duradera hacia instituciones como el papel moneda, los bancos centrales y toda experiencia financiera, lo cual contribuyó a retrasar la modernización del sistema bancario hasta el siglo XIX y se dice que ese retraso y la pobreza que originó fue un germen para la Revolución Francesa. Pero mi reflexión personal va un poco más allá, ¿Es tan diferente la política actual de la FED a la de John Law? ¿No se está acaso emitiendo demasiado papel sin respaldo? ¿No reconoció Greenspan la importancia de una bolsa alcista para el buen desempeño de la economía? ¿No está ligada la solvencia de las naciones a las de sus más grandes bancos y de ahí la expresión “demasiados grandes para caer”? ¿No están reaccionando los inversores como entonces acumulando materias primas ante la desconfianza en el dinero de papel?

Leer mas:
John Law

La inflación como forma de pago

Me llama la atención que muchos crean que esta corriente que defiende la austeridad es nueva cuando sólo lo es para los políticos. Releyendo una semana en los mercados de hace 10 meses me encuentro con estas dos “perlas”:

Los déficits proyectados en el presupuesto de Estados Unidos son demasiado altos y son insostenibles, podrían forzar a un alza en las tasas de interés y alejar la inversión, a menos que el país tome medidas,

declaraciones del jefe de la oficina de presupuestos de la Casa Blanca.

El Premio Nobel de Economía 2005, el israelí Yisrael Robert John Aumann, no solo se manifestó en contra de los planes de rescate estatales a empresas en problemas a causa de la crisis global, es que cree que son inviables en el tiempo.

Aunque aún hay algunos autores como el Nobel Stiglitz que piden una segunda ronda estímulos mejor diseñados y el prolífico –y también Nobel- Krugman, pide que se amplíe el gasto público, parece difícil que les sigan haciendo caso. Y es que está muy cercano el error del gasto masivo mal enfocado que lo único que hizo fue “salvar el culo” a empresas ineficientes y pasar la deuda de éstas a todos los ciudadanos  Lo de ahora era inevitable y por supuesto afectará al crecimiento (Stiglitz piensa que el recorte del gasto público en Europa puede provocar la vuelta a la recesión) pero, ¿qué otra cosa se puede hacer, resolver una crisis de deuda aumentando más la deuda como se ha hecho hasta ahora? Me temo que eso, como dijeron los dos autores que cito cuando no estaba de moda decirlo, es “insostenible”.  Pero los políticos no son los únicos “cambiantes”, también lo es la reacción de los mercados, cuando en noviembre de 2009 la UE decidió que concedía prórrogas a varios países para mantener déficits públicos elevados: España y Francia hasta 2013, Irlanda hasta 2014 y Reino Unido ampliable a 2015, las bolsas reaccionaron al alza. Sin embargo, cuando ahora salen planes de recorte del déficit, también reaccionan subiendo. Y es que hace unos meses la clave era el crecimiento y ahora es la solvencia. Lógico teniendo en cuenta que nunca antes en una situación pacífica había habido tanta deuda pública emitida en relación al PIB:

17527_b La inflación como forma de pago

Para ser considerados solventes los países deben ser capaces de poder pagar todas sus deudas. La solución de la €zona –y ahora también la británica- es recortar los gastos, contener los déficits y así frenar el ascenso de la deuda pública. Lo tenemos muy complicado: este proceso está recortando derechos sociales y está resultando una zancadilla para el PIB pero todo apunta a que es un buen abono para un posterior crecimiento sostenido. Por otra parte la falta de cohesión económica y política de la zona € y las diferentes situaciones actuales pueden llevar a que los resultados de estas acciones generen aún más diferencias entre los diferentes países. El papel del BCE en esto, aparte de su política de comprar bonos a largo y retirar esa misma liquidez cada semana (¨para no provocar inflación”) ganando en rentabilidad y asumiendo el riesgo de las contrapartidas, es bastante pasivo.

La solución americana no existe aún ya que está asumiendo mantener su déficit este año en las dos cifras o muy cerca y seguir confiando en que su gran volumen de deuda sea comprado por el resto del mundo, aunque tenga –previsiblemente- que aumentar en un futuro cercano la rentabilidad que ofrecen. Todos coinciden que antes o después esa política cambiará (Inversor Jim Rogers pide a su gobierno austeridad ) y los más desconfiados creen que lo que hará la FED es generar inflación. John Mauldin lo resume así: “Si usted tiene 5 % de inflación y un 3 % de crecimiento del PIB , se obtiene una tasa de crecimiento nominal del 8%. Con un déficit del 3%, cada año la deuda se reduce un 5% reduciendo la relación deuda-PIB a la mitad en una década. Además, eso significa que en nueve años, la economía ha doblado su tamaño en términos de dólares , aunque sea sólo un 35% mayor en términos ajustados a la inflación. Por supuesto, eso ha destruido el poder adquisitivo de su moneda, dado un golpe casi mortal a los ingresos de la clase media, defraudado a todos aquellos que compraron su deuda, y, en general, la situación se parecería a la de finales de los años 70 del siglo pasado.” Yo añadiría un problema más, y es que su suposición se hace con un déficit del 3%, objetivo europeo para 2012, pero si los EUA mantienen un déficit del 10% y, como se espera para 2010, el crecimiento es menor del 3%, ¿Qué inflación sería necesaria para reducir la deuda respecto al PIB? De ahí surge el miedo a la hiperinflación, que además se vería acompañada por subidas de tipos muy bruscas. Por ejemplo, el profesor de la Universidad de Boston Laurence Kotlikoff –que afirma que el déficit de su país es 15 veces superior a la cifra oficial- está convencido de que habrá hiperinflación.

Esto ni se plantea en Europa aunque todos sabemos que todo lo que pasa en los EUA acaba salpicándonos y generar inflación es tan sencillo como “que los bancos centrales impriman dinero como locos” en palabras del polémico inversor Marc Faber. La inflación no me parece algo positivo pero puede ser necesaria para ayudar a pagar las deudas y es que lo que indican las últimas cifras económicas y en uno de los últimos discursos de Bernanke reconoció esperar “un largo tiempo de bajos tipos, de bajo crecimiento y de baja inflación” con lo que si ese escenario se cumple, y parece ser el más probable, puede que las deudas sean impagables. La explicación es sencilla si recordamos que básicamente pagamos los vencimientos emitiendo más, luego si crecemos poco y le sumamos una mínima inflación nuestras deudas crecerán porque los intereses serán mayores que lo que nos genera ese dinero. Es como si pedimos dinero para poner una tienda y pagamos más intereses por el crédito que beneficio obtenemos con el negocio. Algo así le ha pasado a Japón, años de crisis en los que la deuda pública (respecto al PIB) no ha parado de aumentar ya que el PIB nominal es similar al de hace 17 años:

1-Japan-1-575x436 La inflación como forma de pago

El caso es que los últimos datos lo que indican es que estamos más cerca de la deflación que de la alta inflación y no parece que debamos subestimar el riesgo de deflación ya que JP Morgan ha calculado los países europeos con más riesgo de padecerla y serían –en su opinión- en primer lugar Irlanda, el segundo Finlandia y el tercero España. Y en los EUA no lo tienen nada claro, el mismo día que Bernanke dijo que “la deflación no es un riesgo real en estos momentos”, otro miembro de la FED, Bullard, afirmó que “puede que haya algo de riesgo de deflación”, lo que en lenguaje de banco central puede significar que están bastante preocupados. Otro lunes nos ocuparemos de ella.

Leer mas: 
La inflación como forma de pago

El trauma infantil de Obama y la década perdida.

obama1 El trauma infantil de Obama y la década perdida.El viernes 3 de septiembre el mercado de empleo americano volvió a dar claras muestras de deterioro. Entre Junio y Julio de este año se han perdido 130 mil puestos de trabajo, a los que se le suman los 54 mil que se perdieron en Agosto. El resultado de ello es un incremento en la tasa de desempleo, que se elevó del 9,5 al 9,6%.

Pero mas allá de las estadísticas, el dato es relevante porque desnuda una “verdad incómoda” para el gobierno americano: combatir el desempleo, la promesa más importante que ha llevado a cabo el actual presidente Barak Obama, se está convirtiendo en una misión imposible para las autoridades reinantes.

Para entender un poco la frustración que produce esta promesa incumplida deberíamos remontarnos al año 2009, una fría tarde invernal del 20  de Enero en la cuál el actual presidente americano asumió la jefatura del país del norte generando una expectativa global que hoy parece encontrarse totalmente desacreditada.

En aquel momento, la crisis de las hipotecas amenazaba al mundo y la posibilidad de que la misma derive en una segunda “gran depresión” parecía ser el único tema de discusión en los medios.

En un discurso netamente “Keynesiano” y populista, Obama se comprometió a combatir el desempleo y crear “millones” de puestos de trabajo durante la primer parte de su mandato.

Sin embargo, 19 meses más tarde, lo único que ha hecho el mandatario es fomentar una serie de iniciativas dedicadas a favorecer los intereses de los ciudadanos de mayor poder adquisitivo, en línea con su sucesor, George W. Bush, como son:

  • El rescate de las entidades financieras en problemas, valorado en $1.000.000.000.000 (trillón), que efectivamente trasladó los recursos de la Tesorería de EEUU (aportado por los contribuyentes americanos) a los bancos.
  • El paquete de estímulo posterior, valorado en $787 billones,  para los gastos y cuya mayor parte terminó en las arcas empresariales  por medio de reducciones a las rentas internas y subvenciones directas.
  • El rescate de las empresas automotrices, basado en la reducción en un 50% de los salarios de los trabajadores en dichas fábricas, donde los nuevos empleados ganan ahora solo $14 la hora.
  • El proyecto de reforma financiero, que finalmente terminó siendo mas que nada una bomba de humo, ya que se eludieron los cambios profundos (y dolorosos) y dejaron abierta la puerta para otra crisis en el mercado de derivados dada la falta de control existente.
  • La legislación pro reforma del sector de la salud, cuyo propósito es reducir el costo de las contribuciones que las empresas y el gobierno de Estados Unidos hacen a la atención médica.

El maestro y el ejemplo.

Durante los últimos 30 años, EEUU se ha comportado como aquellos maestros que te enseñan y te obligan a darles el asiento a las personas mayores en el autobús, pero se quedan cómodamente sentados mientras tú lo haces. Las políticas liberales que incitan a abrir las fronteras al comercio mundial (pero, sobre todo, a sus productos) han generado varias crisis en países que necesitan de cierto proteccionismo en sus fronteras para poder competir con potencias desarrolladas e industrializadas.

Así y todo las economías en general (más allá de alguna que otra crisis luego superada) tuvieron una década de crecimiento como pocas en la historia moderna, desde el año 1990 hasta el 2000, cuando todo terminó abruptamente al explotar la burbuja del NASDAQ y entrar en lo que ya se conoce como “la década pérdida”, que dura hasta nuestro días.

A saber: El índice S&P 500, compuesto por las empresas más importantes de EEUU, se encontraba por encima de los 1.500 puntos hacía marzo del año 2000. Hoy, 10 años y algunos meses más tarde, se encuentra en los 1.100 puntos, un 26% por debajo de ese pico en términos nominales.

Esto quiere decir  que en la última década las personas  que invirtieron sus ahorros en acciones americanas en el largo plazo no solo no han podido mantener el poder adquisitivo de sus ahorros sino que además perdieron dinero al día de hoy.

Obama en su laberinto: Porque no puede hacer lo que hace el resto.

dolares El trauma infantil de Obama y la década perdida.Los números del mercado accionario americano antes citados y la pérdida de valor de mercado que ello significa para la economía de ese país no es un fenómeno que se haya vivido en todas partes del mundo: tanto China como Brasil, entre otros países, han visto crecer, en el mismo lapso, la capitalización bursátil de sus empresas en más de un 100% medido en dólares.

Lo citado habla claramente de una reorganización en cuanto a como se reparte “la torta” de riqueza global: EE.UU ha tenido que resignar parte de la misma y un grupo de los denominados “países emergentes” han incrementado su caudal.

De hecho, dejando de lado el pasado y centrándonos en el presente y el futuro inmediato, la mayoría de los analistas afirma que países como China, Brasil (o más bien, regiones como Asia y Latinoamérica) en general son los que se encuentran mejor parados para salir de este estancamiento económico replicando su ritmo de crecimiento de entre 7 y 10% al cuál están acostumbrados en los últimos años.

¿Cuál es la fórmula mágica que han aplicado los “ex alumnos” del FMI para lograr semejantes números? Con algunas modificaciones en función de sus idiosincrasia, la receta ha sido: estimulación de la demanda vía un Estado presente y creador de puestos de trabajo, emisión monetaria y asistencia social activa, junto con un tipo de cambio generalmente “controlado” y tasas de interés bancarias bajas para estimular la inversión. Este tipo de políticas expansivas (monetarias y fiscales) trae, sin duda, un aumento de la presión inflacionaria que hace que los agentes económicos se encuentren en una situación en donde consumir parecería ser la única opción posible, ya que de lo contrario se correría el riesgo de que la inflación “se coma” los ahorros.

Este “consumismo compulsivo” deriva en una economía continuamente recalentada que trae aparejado crecimiento industrial, comercial y mayor empleo, demostrando que los fantasmas inflacionarios de los años ´70-´80 (cuando a raíz del pico de los precios del petróleo el mundo vivió un proceso inflacionario muy nocivo) son un cuco del pasado con el cuál conviene ahora convivir.

La pregunta que se formula aquí es: porque entonces EE.UU. no puede hacer simplemente eso (“eso” que prometió Obama en sus discursos), es decir, devaluar su moneda, aumentar el gasto público enfocado a políticas productivas, y convertir al Estado en un tomador de empleo más agresivo? Por qué Ben Bernanke, presidente de la FED, se muestra tan reacio a emitir dinero y colocarlo en el mercado tal cuál lo que recomendaba hacer a Japón en sus épocas de académico criticador para salir del estancamiento que los orientales sufren desde hace ya casi 3 décadas?

La respuesta es muy difícil de determinar, pero yo voy a arriesgar aquí una hipótesis: EE.UU sabe que la inflación no es la misma para ellos que para el resto del mundo, ya que el dólar continua siendo la moneda de referencia mundial para transacciones comerciales e incluso refugio de valor (si hasta en el peor momento de la crisis subprime los inversores corrían a refugiarse en…bonos del tesoro americanos a 10 años!).

Una inflación mayor al 5% (en China se encuentra casi en el 10% y en Argentina, por nombrar a dos de los países que tuvieron tasas de crecimiento económico más elevados en los últimos años, 20% anual) podría generar una pérdida de confianza en el “billete verde” haciendo que los bancos centrales de los países se desprendan de los bonos americanos y que la mayor potencia mundial del último siglo pierda la línea de crédito que tanto necesita para funcionar.

De tal manera, Obama parecería estar eligiendo “el mal menor”, al no poder encontrar un punto de equilibrio en el cuál su  país pueda convivir con tasas de inflación más elevadas estimulando al mismo tiempo el mercado laboral, la demanda y el crecimiento económico.

Este miedo paralizante generado quizá por un trauma infantil producto de las narraciones que  “papá” Greenspan contara acerca de los fantasmas inflacionarios que podían hacer que el sueño americano se transformara en una pesadilla de las malas, hacen que la “esperanza demócrata” refleje una imagen que parece tener más que ver con  el conservadurismo republicano que con las  expectativas de cambio que supo generar poco tiempo atrás.

Leer mas: 
El trauma infantil de Obama y la década perdida.

La reforma financiera (y 2)

printer La reforma financiera (y 2)Muchos creen que el dinero lo crean los bancos centrales pero en realidad la multiplicidad del dinero es generada por el sistema financiero. Veamos por qué:

Yo ingreso 1000 euros en mi caja de ahorros. El banco destina a reservas el 2% de ese capital (20€) y destina el resto a 3 préstamos:

  1. 380€ son destinadas a Pepe, que compra un billete de avión a Iberia. Iberia compra con ese dinero unos pañuelos para las azafatas, la empresa que vende los pañuelos ingresa el dinero en su banco. En el banco destinan de los 380€ un 2% a reservas (7.6€) y el resto lo prestan curiosamente a alguien que se lo gasta en un billete de avión de Spanair.-..etc. etc.
  2. 300€ se los lleva Pepa, que compra en Ebay un disco a alguien del Perú que a su vez con ese dinero compra on-line un móvil Nokia por lo que los euros vuelven a Europa. Nokia los ingresa en el banco, que se queda con un 2% en reservas etc. etc.
  3. 300€ los utiliza otro cliente que se los gasta en unas nuevas ruedas, el vendedor de los neumáticos se gasta el dinero en el supermercado que finalmente los ingresa en su caja rural etc. etc.

Es decir, el sistema financiero convierte los 1000 euros reales en una cantidad muy superior que origina una interacción económica muy beneficiosa. Es lo que se llama el multiplicador monetario. Hay fórmulas para calcularlo pero lo que me interesa resaltar es que las matemáticas por sí mismas no sirven de nada sin tener en cuenta el contexto. En épocas de bonanza esos mil euros pueden convertirse fácilmente en 50 mil, en épocas de crisis mucho menos y en una crisis de solvencia del sistema financiero como la actual puede que todo el dinero se paralice en el banco y no circule… En cualquier caso, es labor del Banco Central vigilar el multiplicador monetario para ampliar o reducir la oferta monetaria e incluso aumentar o reducir el coeficiente de caja, y así evitar un sobrecalentamiento o un enfriamiento de la economía. La actual crisis es tan grave y tan única que la masiva inyección de liquidez que otras veces había funcionado no ha servido para aumentar lo suficiente el multiplicador monetario, lo que da la razón una vez más a los que dicen que la economía es un estado de ánimo. De hecho, de poco sirve el multiplicador monetario si hay dinero guardado debajo de un colchón.

Todo esto lo he sacado a colación para que entendamos el impacto colosal en la economía real que supone que un solo banco quiebre y porque la reforma financiera, no lo debemos olvidar, reducirá el multiplicador monetario: el coeficiente de caja se verá ampliado por mayores exigencias de liquidez -y los aumentos de aportaciones al FGD- y la circulación reducida por una menor aversión al riesgo, lo digo porque muchos insisten en que la solución a la crisis es simplemente que gastemos y movamos el dinero y esto es una zancadilla a esa “solución”, por lo que muchas veces se cae en la contradicción –Krugman es el mayor ejemplo- de insistir en ambas cosas cuando una torpedea a la otra: si una reforma financiera limita la capacidad de mover dinero del banco, habrá menos dinero en el sistema lo que repercutirá en el gasto.

Pocas  propuestas recibí para la reforma del sistema financiero por lo que me es fácil resumirlas:

  • El ejemplo español donde claramente las cajas de ahorros están en peor salud financiera que los bancos creo dejan claro que nacionalizar la banca no es una opción. Es mejor que sean los accionistas y no los políticos los que intervengan en la gestión de nuestros ahorros. Estoy de acuerdo en exigir a la banca que destinen un porcentaje mayor de sus beneficios a obras sociales, culturales e incluso a participar en ciertas infraestructuras públicas pero ya hemos visto a qué conduce el intervencionismo político. Recordemos que el inicio de la crisis inmobiliaria en los EUA procede de dos agencias semiestatales (Fannie Mae y Freddie Mac, que siguen dominando el mercado hipotecario del país incluso quebradas y nacionalizadas al completo) que por presiones gubernamentales empezaron a conceder miles de hipotecas a clientes de baja fiabilidad económica (lo que en España pasó a conocerse como NINJAs).
  • También se comentó que un banca pública podría dar intereses al 0%…he de decir que eso nunca ha pasado y que si pasara sería desastroso ya que prestar un dinero de todos a cambio de nada es un ejemplo de pésima gestión…un banco privado puede regalar el dinero si quiere, pero un banco que dispone de los recursos que le damos todos no sólo debe intentar no perder dinero, además ganar lo suficiente como para compensar posibles créditos fallidos.
  • Lo mismo ocurre con las agencias de calificación. Deben ser independientes y debe exigírseles profesionalidad. Del error y de las presiones económicas nunca vamos a estar a salvo pero si se convierten en agencias gubernamentales la influencia política se añadirá al problema. Por otra parte, a la hora de juzgar los ratings de países podrían abrirse conflictos internacionales: ¿Una agencia de la UE va a calificar mal a Grecia, se atreverá a rebajar el rating a Reino Unido, se fiarían los inversores norteamericanos de la calificación que le pondrían pro ejemplo a EADS, en conflicto permanente con Airbus?
  • El tema de la eliminación del dinero en metálico para que todas las transacciones se hagan mediante operaciones bancarias, “lo cual permitiría un control casi absoluto de la fiscalidad, eliminando el manejo de dinero negro” podría ser una buena idea pero es una situación que veo irrealizable a día de hoy, tanto cultural como tecnológicamente. Recordemos que aún votamos en las elecciones con sobres de papel depositados en urnas de cristal.
  • También se criticó que el banco preste un dinero que no tiene pero esa es la esencia de su negocio, multiplicar el dinero. Si eliminamos esa característica, desaparecería esa profesión y la base del crecimiento económico de las últimas décadas/siglos. Si sólo pudiéramos invertir lo que tenemos no habría capital suficiente para mantener el mundo en marcha. Los expertos son los que -mediante los tratados de Basilea- han decidido cual es la cifra prudente de dinero real que puede sostener sin problemas todo lo demás. Supongo que se podrá ampliar y que se podrán considerar como activos de riesgos algunos que no entraban en esa clasificación, pero más allá de eso…
  • En cuanto a la creación de un “rating” personal para intentar minimizar el riesgo a la hora de conceder un crédito, incluso se sugirió externalizarlo, es una teoría buena pero muy difícil de poner en práctica: primero porque las circunstancias de cada persona pueden variar sustancialmente y segundo porque el riesgo es un concepto subjetivo, los fundadores de Google no consiguieron créditos de ningún banco porque no le veían estabilidad financiera al proyecto y sin embargo Fernando Martín recibió montañas de liquidez para el malogrado proyecto Martinsa. Además no olvidemos que los grandes riesgos financieros son los créditos a empresas y las inversiones equivocadas, no los créditos personales.

Por último, un gráfico en el que se puede ver el enorme peso del sectorial financiero en el principal índice bursátil del mundo, sólo superado por el de tecnología, y sobre todo la fuerte recuperación que ha tenido desde los mínimos bursátiles de marzo de 2009, gracias sobre todo a la gigantesca inyección de dinero público en los principales valores del sector impulsada tanto por Bush como por Obama. Hace pocos días el déficit público norteamericano superó el billón de $… ¿Se ve la relación?

image0012-525x211 La reforma financiera (y 2)

Leer mas:
La reforma financiera (y 2)