Acabemos con el dinero negro: Billetes redondos

Imaginemos que una mañana nos levantamos y el BCE anuncia que debido al uso indebido que muchos hacen de los billetes, dentro de seis meses los van a cambiar de forma y los van a hacer redondos. Podría ser algo incómodo pero a la mayoría no nos afectaría, como mucho perderíamos algún billete de 10€ [...]

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Dinero, activos, crédito

mesopo Dinero, activos, créditoEn la Antigua Mesopotamia –hace más de 4 mil años- se usaban tablas de arcilla como dinero, o como rudimentarios cheques, ya que estaba escrito sobre ellas “se pagará al portador” tanto trigo o tanta cebada, exactamente lo que pone en los billetes, que un papel vale algo, es decir, una simple cuestión de confianza. En la actualidad se ha llegado al extremo de que confiamos en algo tan virtual como las anotaciones que vemos en el ordenador hasta tal punto que se calcula que todos los días 3 billones de $ cambian de mano en los mercados de divisas sin que nadie los vea. En el mundo hay aproximadamente 60 billones de $ de dinero y los economistas lo diferencian de un modo que ya se ha explicado alguna vez en esta web siendo la más importante la M3, que prácticamente engloba todo el efectivo que hay.

Si entráis en el vínculo veréis que en ninguna de las clasificaciones se habla de activos, y es que aunque algunos lo confundan una cosa es el dinero y otra los activos. Un activo es cualquier bien que se puede convertir en dinero pero sólo es dinero cuando se convierte y no antes. Y es el movimiento alcista o bajista del precio de los activos lo que últimamente más influye en las expansiones y recesiones económicas. Una sobrevaloración de activos, sean bursátiles o inmobiliarios, nos lleva a creer que tenemos más dinero y lo contrario a sentirnos más pobres, aunque el asunto no es sólo psicológico porque es el valor de nuestros activos lo que determina también cuanto crédito tenemos. Si pedimos un crédito utilizando como aval un activo, el precio al que ese activo se puede convertir en dinero es vital. Si tenemos 1000 acciones de Santander y valen 10 euros, dispondremos de 10 mil euros si las vendemos, pero si basándonos en esa propiedad solicitamos un préstamo de 8 mil euros, si el precio de las acciones baja de 8 tenemos un problema, y lo mismo ocurre con las hipotecas.

El crédito (que viene de la misma raíz latina que creer) también se basa en la confianza, y sin él no es explicable el desarrollo de la civilización tal y como la conocemos ya que las grandes inversiones comerciales e industriales se han podido desarrollar gracias a él. Leonardo de Pisa, conocido como Fibonacci (famoso por el número áureo y en los mercados financieros por el uso de sus proporciones en el análisis técnico), escribió en 1202 el Liber Abaci (o Libro acerca del Ábaco), una extensa obra que contiene casi todo el conocimiento algebraico y aritmético de la época. En ella Fibonacci exponía entre otras cosas, la importancia del sistema de numeración indo-arábigo y demostró que el sistema numérico romano no era útil para el comercio y las matemáticas (por ejemplo para calcular porcentajes) y explicó la conveniencia de adoptar los números que conocemos a día de hoy por lo que es considerado como el impulsor de los créditos, ya que los animó.

Los créditos de la Italia medieval, al estar basados en actividades comerciales arriesgadas, obligaban a los prestamistas a exigir intereses onerosos –de ahí el nombre de usureros- a los prestatarios, algo prohibido por la iglesia católica pero no en la judía (siempre y cuando fuera a un no judío), por lo que rápidamente monopolizaron ese mercado, lo cual ayudó a su exclusión social. Algo que ha trascendido a nuestra época: los que conceden créditos en la actualidad –los banqueros- suelen estar mal vistos en la sociedad. De hecho, los usureros judíos tenían problemas para conseguir presionar de forma no violenta a un moroso, ya que éste tenía un fuerte apoyo social a no devolver el dinero a un judío, lo que provocaba continuos problemas con la ley. Probablemente los bancos nacen –en el siglo XV- como reacción a los problemas que los usureros judíos tenían para cobrar sus préstamos, lo que permitía a un cristiano inteligente dominar ese mercado con poca competencia. ¿Cómo pudo un cristiano cobrar intereses sin ser atacado por la iglesia en aquella época? El truco para resolverlo fue ocultar los créditos por interés (prohibidos) con cambios de moneda por los que cobraban comisión (cada vez mayor según había más demora) que sí eran legales. Esta argucia no les libraba del problema con los morosos pero era mucho más fácil para un banco de cristianos como la Banca Médici –que además pronto se expandió de Florencia a Venecia y Roma- conseguir tener a la ley de su lado que a un usurero judío. También ayudaba que pagaban impuestos. Es decir, la banca se convirtió en un negocio rentable y respetado y ya entonces el poder de los banqueros era tan grande que de hecho en el caso de los Médici era mayor que el del poder civil de Florencia y en ocasiones incluso del religioso (3 papas fueron de la familia).

Los Médici acabaron quebrando por conceder demasiados créditos a la nobleza, personas que luego no resultaron ser tan solventes como parecían. Pero muchos bancos modernos en la última orgía de crédito ni siquiera tienen la excusa de dejarse llevar por la apariencia. Como recuerda el profesor de Harvard Niall Ferguson analizando la actual crisis, las entidades financieras prestaron durante años dinero a personas poco solventes, especialmente en los EUA. Él pone como ejemplo Menphis, una ciudad deprimida en la que prosperan negocios como el de venta de sangre por 25$ o el de los recuperadores de coches de los morosos a veces a punta de pistola (y los que los compran baratos en las subastas posteriores) o el de los abogados de quiebras. Y es que las leyes de bancarrota personal ayudan a que los morosos no vayan a la cárcel por sus deudas en los EUA, por lo que los norteamericanos son más proclives al riesgo financiero. Absurdo que los bancos, conociendo esto, no fueran más estrictos en sus préstamos y, sobre todo, que se consideren inocentes de que esos créditos pasaran a ser colaterales de emisiones de bonos globalizando los problemas financieros de personas de baja solvencia.

En resumen, el dinero es inocente de esta crisis. De hecho, la historia desde hace milenios nos enseña que no es posible que la economía –tal y como la entendemos- se desarrolle en su ausencia pues el dinero posibilita la especialización en el trabajo, la innovación y la acumulación de capital. Sin estos factores, difícilmente puede aumentar la productividad y, por tanto, desarrollarse la sociedad. Es el precio poco realista de los activos y los créditos concedidos basados en esa valoración irreal los responsables de la actual depresión económica. Ahí tenemos la pista de cómo salir de ésta: ajustando precios y reduciendo deuda (desapalancamiento). No es un proceso fácil pero el concepto sí lo es, lástima que los que manejan el mundo sigan empeñados en mantener artificialmente altos el valor de algunos activos -como la vivienda en España- y se empeñen en combatir una crisis de deuda con más deuda y debilitando –como Bernanke- el valor del dinero.

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John Law

jlaw John LawLa figura de este escocés nacido a finales del siglo XVII tiene algo de personaje literario de novela de aventuras: hijo de un banquero o un joyero (según las fuentes), jugador empedernido, de gran atractivo físico, mató en un duelo de honor al marido de su amante (que se dice años atrás lo había sido del rey Guillermo III de Inglaterra) y eso le llevó a huir a Amsterdam, la entonces capital de la innovación económica. Hacía ya 100 años que en esa ciudad existían las sociedades accionariales de responsabilidad limitada (lo que hoy conocemos como acciones de bolsa), inventadas para poder financiar los mercaderes de forma conjunta la construcción y equipamiento de barcos que hicieran los largos y peligrosos viajes a las Indias, ya que los onerosos rendimientos requerían una amplia inversión. Con lo que aprendió allí elaboró unas ideas propias (¿por qué limitar el número de acciones a la venta, porque no crear un banco público que emitiera el dinero que hiciera falta?…) que supo llevar a cabo en Francia, país en el que llegó a ser el más querido y el más odiado en pocos años y que le hizo rico y también acabó convirtiéndolo en un fugitivo que murió en Venecia, según algunos en la casi indigencia, según otros invirtiendo su amplio capital en obras de arte, siempre sin dejar de jugar a las cartas como en su juventud.

En su tumba en Venecia dice:

En honor y memoria de John Law de Edinburgo, el más distinguido tesorero de los reyes de Francia.

law-575x282 John Law

¿Qué hizo a este personaje tan controvertido y por qué ocupa hoy un lugar en un blog de economía?

Puede haber varios motivos, por ejemplo en su libro El dinero y el comercio: una propuesta para proveer de dinero a la nación anticipaba una de las ideas más discutidas de toda la historia del pensamiento económico: la conveniencia de incrementar la circulación monetaria para estimular la actividad económica, también fue el responsable de la primera gran burbuja bursátil de la historia (y eso que en Holanda seguro debió conocer la de los tulipanes de 1630) si bien en el mundo económico fue más famoso por ser considerado el inventor del billete bancario. Y es que lo normal en su época era pagar con monedas de oro o plata, joyas o títulos de propiedad lo que ralentizaba el intercambio comercial. Por ejemplo, en Francia la Corona y sus súbditos estaban tan endeudados y faltos de metales preciosos que ni se acuñaba ni se movía capital lo que provocaba la deflación y la anemia que tenían al país entero paralizado. Seguro ese fue uno de los argumentos que utilizó para convencer al regente del trono de Francia Felipe de Orlenas – acuciado por la necesidad de aligerar el peso de la deuda pública que había dejado Luis XIV al morir-, que le concedió una autorización para poner en marcha un banco privado emisor de billetes convertibles al portador (el Banco General) en 1716.

En 1717 creó una compañía privilegiada de comercio ligada al banco (la Compañía de Occidente o del Mississippi, luego llamada Compañía de Indias), que explotaba negocios como el comercio con la Luisiana, la recaudación de los impuestos reales o la acuñación de moneda. Consiguió tantos favores porque redujo la deuda pública por la vía de pagar a los acreedores de la Monarquía entregándoles acciones de la Compañía y del Banco por lo que en 1718 el Banco General fue nacionalizado y se transformó en banco de la Corona. Law fue elevado al rango de ministro de Finanzas del rey de Francia. De este modo ligó la política monetaria del país a la buena salud de las acciones de una gran empresa. Como  director general de las finanzas controló los impuestos de toda Francia, así como la deuda pública, la emisión de dinero y la Compañía de las Indias (que a su vez controlaba el monopolio de la importación de tabaco, monopolio del comercio con África, Asia y Luisiana, que era la cuarta parte de los EUA entonces). Confiado en el éxito de un sistema en el que lo controlaba aparentemente todo (acuñó la frase “La economía soy yo”), Law aumentó la emisión de billetes muy por encima de lo que le permitían los recursos de su Banco. Hasta entonces, se entendía por dinero a las monedas de oro y plata, la novedad de Law fue hacer circular billetes cuyo valor residía en su convertibilidad en metálico; en teoría, cualquier tenedor de esos billetes podía ir al banco y convertir en oro o plata la suma expresada en ellos (de algún modo fue el inventor del patrón oro), por eso emitir demasiados sin respaldo era, de hecho, una estafa.

Una activa propaganda y unos rumores fantasiosos sobre la riqueza de Luisiana consiguieron que la cotización de las acciones de la Compañía subiera extraordinariamente, en medio de una fiebre especulativa generalizada: cuanto más subían más interés había en comprarlas. Cuando las acciones de la Compañía se vendían a diez veces su valor de emisión, Law hizo emitir tres nuevas series (ampliaciones de capital). En noviembre de 1719 las acciones cotizaban a 36 veces el valor de emisión (habían pasado de 500 a 18 mil). Por ese entonces, la gente de toda Francia iba a París a comprar acciones en tal número que los asientos de carruajes públicos estaban vendidos con días de anticipación. Los problemas empezaron curiosamente por la generosidad del dividendo, cuando a fines de 1719 se abonó un 40% muchos accionistas lo cobraron en oro en lugar de en billetes o acciones. Para que esto no pasara, a principios de 1720, Felipe de Orleans prohibió tener joyas y más de 500 libras en metálico dentro de casa. Si el Gobierno prohibía el oro y las joyas, el mensaje que lanzaba era que precisamente el oro y las joyas era lo que valía. Si a eso le sumamos que todo se basaba en la supuesta “generosidad” de las las tierras de Lousiana, bastó la vuelta de varios emigrantes contando que aquello era una tierra de pantanos y ciénagas para que se iniciara una aguda crisis de confianza.

Para evitar que el castillo de naipes se derrumbara, John Law entonces decidió fusionar la Compañía y el banco. Los accionistas tuvieron derecho a cambiar sus participaciones por billetes, al precio todavía notable de 9 mil. Pero para reembolsar las acciones, tuvo que emitir (sin respaldo alguno) una cantidad tal de billetes que duplicó bruscamente la oferta monetaria. La consecuencia fue que la inflación llegó a un 23 % mensual en enero de 1720 y la cotización de las acciones se hundiera, a la vez que reclamaban al banco la conversión de sus billetes en oro y plata. El papel moneda y las acciones, que sólo unos días antes todos querían tener, eran abiertamente repudiados. Para calmar los ánimos, el regente Felipe anunció que se habían encontrado minas de oro en América, e hizo desfilar por París a 6.000 vagabundos vestidos como mineros. Con esa estratagema ganó tiempo y pudo colocar algunas acciones de la Compañía de las Indias y siguió imprimiendo billetes cargando las culpas sobre John Law pero evidentemente era el Estado el que debía responder de la estafa.

Fue la primera gran burbuja bursátil (salieron a cotizar a 500, llegaron a 18 mil y acabaron valiendo 200) y vino acompañada por una fuerte crisis financiera. Pero lo peor, más allá del desastre de la compañía, fue el coste social. Los inversores se dirigieron al Banco Real a reclamar el reintegro de las acciones sin éxito pero peor era la situación de los asalariados. ya que se les pagaba en papel, esos billetes que no tenían respaldo ya que habían sido emitidos por un banco insolvente. Muchos iban a hacer cola desde el amanecer ante las puertas del banco para cambiarlos –sin éxito- por oro. El 17 de julio de 1720 hubo un tumulto, y 15 personas murieron. Law tuvo que huir del país. Francia volvió a la quiebra en la que le había dejado Luis XIV acrecentada por la ruina de muchos ahorradores privados Hay autores que defienden a John Law como Claude Cueni:

El problema saltó ante la imposibilidad de frenar a toda la nobleza. Obligaron a emitir tanto papel para financiar sus extravagancias, que arruinaron todo el sistema.

Aunque no le exculpa, algo de eso también hubo, de hecho el dinero corría de tal manera que en plena euforia el regente compró el mayor diamante del mundo, una gema de 140 kilates, obnubilado con la cantidad de beneficios que daban las acciones. El diamante, denominado Le Régent, está expuesto en el museo del Louvre como testigo mudo de aquella época de despilfarro.

John Law sobrevivió nueve años al desastre, cuando llegó la noticia a Francia, un periódico le dedicó estas palabras:

Murió un escocés célebre, un calculador sin igual, que con las reglas del álgebra ha puesto a Francia en el hospital.

Su sistema, frustrado por la ambición excesiva de ganancias especulativas, sembró entre la opinión pública francesa una desconfianza duradera hacia instituciones como el papel moneda, los bancos centrales y toda experiencia financiera, lo cual contribuyó a retrasar la modernización del sistema bancario hasta el siglo XIX y se dice que ese retraso y la pobreza que originó fue un germen para la Revolución Francesa. Pero mi reflexión personal va un poco más allá, ¿Es tan diferente la política actual de la FED a la de John Law? ¿No se está acaso emitiendo demasiado papel sin respaldo? ¿No reconoció Greenspan la importancia de una bolsa alcista para el buen desempeño de la economía? ¿No está ligada la solvencia de las naciones a las de sus más grandes bancos y de ahí la expresión “demasiados grandes para caer”? ¿No están reaccionando los inversores como entonces acumulando materias primas ante la desconfianza en el dinero de papel?

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John Law

Inflación, mucha inflación y demasiada inflación.

La inflación es la madre del paro, y la ladrona invisible de quienes han ahorrado

Margaret Thatcher

O como diría el económico de Roosevelt, Leon Henderson

Tener un poco de inflación es como estar un poco embarazada

Muchas veces os habréis preguntado por qué los economistas tienen esa preocupación, en ocasiones obsesiva, sobre el control de los precios. Cuando la mayoría de nosotros piensa en la inflación, la vemos como una molestia menor que provoca la subida de los precios de forma paulatina, incluso cuando no la tenemos la echamos de menos. La inflación puede moverse mucho más rápido de lo que la mayoría en el mundo occidental está acostumbrada. De hecho, la inflación puede subir tan rápido que literalmente puede paralizar una economía y poner de rodillas a los países. Para demostrarlo nada mejor que mirar los peores ejemplos de inflación durante los últimos 100 años.

1. Zimbabwe

Cuando la mayoría de la gente piensa en una mala inflación, Zimbabwe suele ser el país que viene a la mente, hace unos meses recibíamos constantemente noticias sobre la increíble velocidad a la que la divisa del país perdía valor.

Remontándonos a 1980, el dólar de Zimbabwe valía unos 1,25 USD. No obstante, la caída de la economía dio lugar a una inflación galopante. Muchos consideraron que el origen de la hiperinflación se encuentra en la decisión de Robert Mugabe de quitarles tierras a los agricultores blancos para dárselas a los negros, lo que provocó que la producción de alimentos y los ingresos derivados de su exportación cayeran en picado. En 2004, la inflación del país alcanzó el 624 por ciento, y en 2006 se elevó al 1.730 por ciento. En junio de 2007, la inflación de Zimbabwe subió hasta el 11.000 por ciento interanual, y para hacer frente a la misma, el Bank of Zimbabwe emitió billetes valorados en 100 y 200 millones. Diez días después, se emitieron más billetes por valor de 500 millones de dólares de Zimbabwe, que equivalían a 2,5 dólares americanos. Esto continuó hasta el punto en que se emitieron billetes por valor de 100 mil millones de dólares y las previsiones de inflación del país alcanzaron los 9.000.000 %, lo que hizo que el valor de la divisa de Zimbabwe fuera de 688 mil millones de dólares por dólar estadounidense. Según parece, la inflación alcanzó su máximo en noviembre de 2008 con un tipo de interés del 89.700.000.000.000.000.000.000 por ciento. Finalmente, se dejó de utilizar la divisa y solo se usaron monedas extranjeras.

2. Europa

Europa, relativamente estable en estos momentos respecto de la inflación, pasó por períodos muy difíciles con ella.

Alemania tuvo su propio periodo de inflación en 1923, después de la Primera Guerra Mundial. En 1922, el valor máximo de la moneda alemana fue de 50.000 marcos. Sin embargo, en 1923, se emitieron billetes por valor de 100.000.000.000.000 marcos, a un tipo de cambio en diciembre de ese año de 4.200.000.000.000 marcos por USD. La tasa de inflación del país finalmente alcanzó el sorprendente 325.000.000% al mes, lo que significaba que los precios se duplicaban cada dos días. La gente literalmente cogía carretillas llenas de dinero para comprar una barra de pan.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Hungría pasó por la peor inflación de su historia entre 1945 y julio de 1946. En 1944, el máximo valor que se emitió en moneda húngara fueron 1.000 pengos. A finales de 1945, el nuevo billete de mayor valor fue de 10.000.000 pengos y en 1946, 100.000.000.000.000.000.000 pengos. Para solucionar la situación, se emitieron dos divisas distintas cuando la inflación alcanzó el 130.000.000.000.000.000 por ciento al mes, lo que dio lugar a que los precios se duplicaran cada 15 horas.

Polonia pasó por una hiperinflación después de la caída de la Unión Soviética, de 1989 a 1991. En 1989, la máxima denominación de los złotys fue de 200.000, en 1992 alcanzó los 2.000.000. A finales de agosto de 1992, el tipo de cambio era de 19.600 złotys por USD.

En Ucrania, después de que se sustituyera el rublo soviético por el karbóvanet, la mayor denominación fue de 1.000 karbovantsiv. En 1995, la máxima denominación alcanzó el 1.000.000. El tipo de cambio finalmente alcanzó los 1.400 al mes. En la actualidad, Ucrania ostenta el récord de mayor inflación en un año, alcanzado en 1993.

3. Sudamérica

Recientemente, Sudamérica ha pasado por una inmensa inflación a medida que los países en vías de desarrollo montaban en la montaña rusa para convertirse en países desarrollados. A continuación mostramos algunos ejemplos de la inflación sudamericana.

Argentina pasó por su peor inflación entre 1975 y 1991. En 1975, la máxima denominación era de 1.000 pesos, pero en 1976 subió hasta 5.000. Tres años después alcanzó los 10.000 pesos y en 1981 el 1.000.000 de pesos. La reforma monetaria dio lugar a un nuevo peso argentino cuyo valor ascendía a 10.000 pesos en 1985. En 1992, una vez superada la crisis económica, un peso de 1992 valía 100.000.000.000 pesos anteriores a 1983.

Bolivia pasó por su peor inflación durante los 80, entre 1984 y 1986, siendo su máxima denominación 1.000 pesos bolivianos en 1984. A finales de 1985, la máxima denominación fue de 10.000.000 pesos bolivianos. Esto colocó el valor de la divisa a 1.000.000 pesos por cada 55 céntimos de la moneda americana.

Brasil tuvo la peor inflación de su historia entre 1986 y 1994, momento en que la inflación subió de forma dramática. La inflación total del país alcanzó un máximo de 2.075,8 por ciento al final de la crisis.

4. Asia

China ha tenido ejemplos de hiperinflación remontándonos a antes del siglo XX, pero la República de China tuvo su peor inflación entre 1948 y 1949. En 1947, la máxima denominación de su moneda fueron los 50.000 yuanes, pero a mediados de 1948 alcanzó los 180.000.000 yuanes. La reforma monetaria de ese año dio lugar al yuan dorado que sustituyó al antiguo yuan, con un tipo de cambio de 1 yuan dorado igual a 3.000.000 yuanes. Sin embargo, a finales de 1948, se emitió una denominación de 10.000.000 yuanes dorados, y en 1949 se introdujo el yuan de plata, cuyo valor equivalía a 50.000.000 yuanes dorados.

Filipinas experimentó su propio período de hiperinflación cuando los japoneses las ocuparon durante la Segunda Guerra Mundial. Los japoneses emitieron su propia moneda, declarando ilegal la otra moneda como divisa de la guerrilla. La divisa fíat emitida por el gobierno japonés finalmente perdió su valor, y muchas personas acabaron llevando maletas llenas de dinero para comprar artículos baratos.

5. Estados Unidos

Incluso Estados Unidos no ha resultado inmune a la hiperinflación, sin embargo, los ejemplos más comunes datan de los siglos XVII y XIX, durante momentos de crisis para el país. Durante la Guerra Revolucionaria, el Congreso emitió la divisa continental, pero la moneda pudo ser falsificada muy fácilmente y ello hizo que su valor cayera rápidamente dejándola casi sin valor.

Durante la Guerra Civil americana, los estados confederados emitieron su propia divisa y eso provocó que el precio del índice de precios de materias primas de Lerner para las principales ciudades de la confederación del este subiera de 100 a 9.000. A medida que la Guerra Civil seguía su curso, entre 1861 y 1865, el dólar confederado fue perdiendo cada vez más valor, hasta justo antes del final de la guerra, cuando perdió todo su valor. Desde que el Sur perdió la guerra en 1865, se dejó de utilizar la divisa para volver a adoptar el dólar americano de nuevo.

Como véis, a salvo de la inflación parece que sólo está la Antártida.

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Inflación, mucha inflación y demasiada inflación.

Breve historia de los tipos de cambio.

Uno de de mis libros de divulgación científica favorita es “Una breve historia de casi todo”  de Bill Bryson. En él nos muestra de una manera bastante amena,  la historia que va desde lo más pequeño hasta lo más grande, digamos que resume en 500 páginas los más de 13.000 millones que tiene el mundo, casi nada. Además el libro no sólo nos habla del universo y de la tierra si no también de sus habitantes, desde premios Nóbel de primera categoría hasta científicos de dudosa rigurosidad, veamos que nos cuenta de uno de estos últimos:

La edad exacta del planeta Tierra sigue siendo algo imprecisa, al igual que la del Sistema Solar o la de nuestra galaxia, por no hablar de la edad el Universo en que vivimos. Pero, históricamente, ha habido gente que lo tenía mucho más claro. En 1650 el arzobispo James Ussher de la Iglesia de Irlanda realizó un estudio cuidadoso de la Biblia y de otras fuentes históricas.Llegó a la conclusión de que la Tierra había sido creada exactamente el 23 de octubre del 4004 A.C.Y afinando un poco más: al mediodía. Eso ha producido bastante hilaridad entre historiadores, científicos desde entonces. Es casi un chiste obligatorio en libros de texto sobre el tema. Si oyes que hay gente que hoy en día, casi cuatro siglos después, cree que la tierra tiene sólo 6.000 años de antigüedad, probablemente se están refiriendo a ese soleado (suponemos) mediodía de octubre del 4004.

Esto me recuerda a muchas previsiones económicas que vemos hoy en día, que son capaces de predecir donde estará el Dow Jones dentro de un año, con todos sus decimales, no obstante intentaré morderme la lengua y no hablar de este tipo de profetas si no más bien completar el libro de Bill Bryson. Hoy empezaremos una sección titulada “Breve historia de casi toda la economía” que no sé si durará un artículo o veinte y lo comenzaremos con un tema de actualidad (trás la intervención ayer de su moneda por parte del banco de Japón), los tipos de cambio.

Durante siglos, las divisas del mundo estuvieron respaldadas por el oro. Esto significa, que un billete de una divisa emitido por un gobierno del mundo representaba una cantidad real de oro que ese gobierno guardaba en una cámara acorazada. En los años 30, los EE.UU. establecieron el valor del dólar a un único e inalterable nivel: una onza de oro valía 35$. Después de la II Guerra Mundial, otros países basaron el valor de sus divisas en el dólar estadounidense. Dado que todo el mundo sabía cuánto oro valía un dolar estadounidense, el valor de cualquier otra moneda frente al dólar podría basarse en su valor en oro. Una divisa cuyo valor fuera dos veces el valor en oro de un dólar, valía, por tanto, dos dólares.

Desafortunadamente, el mundo real de la economía superó este sistema. El dólar estaodunidense padeció la inflación (su valor relativo a los bienes que podía comprar disminuyó), mientras otras monedas se revalorizaron y se hicieron más estables. Al final, los EE.UU. ya no podían seguir pretendiendo que el dólar valiera tanto como había valido, por lo que su valor se redujo oficialmente para que una onza de oro tuviera entonces un valor de 70$. El valor del dólar se redujo a la mitad.

Finalmente, en 1971, los EE.UU. se deshicieron del patrón oro del todo. Esto significó que el dólar ya no representaba una cantidad real de un material precioso, las fuerzas del mercado por sí solas determinaban su valor.

Hoy en día, el dólar estadounidense sigue dominando muchos mercados financieros. De hecho, los tipos de interés con frecuencia se expresan en dólares estadounidenses. Actualmente, el dólar estadounidense y el euro suponen aproximadamente el 50 por ciento de todas las operaciones de cambio del mundo. Incluyendo a las libras británicas, los dólares canadienses, los dólares australianos y los yenes japoneses, tenemos más del 80 por ciento de todos los cambios de divisa.

Tipo de cambio flotante

Hay dos sistemas principales utilizados para determinar el tipo de cambio de una moneda: divisa flotantemoneda referenciada.

El mercado determina un tipo de cambio flotante. En otras palabras, una divisa vale lo que los compradores estén dispuestoa a pagar por ella. Esto se determina a través de la oferta y la demanda, que por turnos se mueven en función de la inversión extranjera, las tasas de importación/exportación, la inflación y por muchos otros factores económicos.

Generalmente, países con mercados económicos maduros y estables utilizarán un sistema flotante. Casi todos los grandes países utilizan este sistema, incluyendo a los EE.UU., Canadá y Gran Bretaña. Los tipos de interés flotantes se consideran más eficientes porque el mercado corregirá de forma automática el tipo para reflejar la inflación y otras fuerzas económicas.

Con todo y con ello, el sistema flotante no es perfecto. Si la economía de un país se desestabiliza, un sistema flotante desincentivará la inversión. Los inversores pueden ser víctimas de tremendas oscilaciones de los tipos de interés y de la catastrófica inflación.

Tipo de cambio referenciado

Un sistema referenciado o fijo, es aquel en el que el gobierno establece y mantiene de forma artificial el tipo de cambio. El tipo estará referenciado a algún dólar de otro país, normalmente el dólar estadounidense. El tipo no fluctuará de un día para otro.

Un gobierno tiene que trabajar para mantener su tipo referenciado estable. Su banco central deberá contar con grandes reservas de moneda extranjera para mitigar los cambios de la oferta y la demanda. Si una demanda repentina de una divisa subiera el tipo de cambio, el banco central tendría que liberar la suficiente cantidad de esa moneda en el mercado para afrontar la demanda. También podría comprar divisa si una escasa demanda estuviera reduciendo los tipos de cambio.

Los países con economías inmaduras y potencialmente inestables normalmente utilizan un sistema referenciado. Los países en vías de desarrollo pueden utilizar este sistema para evitar una inflación descontrolada. No obstante, el sistema puede fracasar si el valor de mercado de la divisa del mundo real no se refleja en el tipo referenciado. En tal caso, surgiría un mercado negro en el que la divisa se comercializaría al valor de mercado, ignorando la referencia del gobierno.

Cuando la gente se de cuenta de que su divisa no vale tanto como indica el tipo referenciado, es posible que vaya corriendo a cambiar su dinero por otras divisas más estables. Esto puede conducir a un desastre económico, ya que la repentina afluencia de divisa en los mercados mundiales da lugar a una ralentización del tipo de cambio. Por tanto, si un país no cuida de su tipo referenciado, puede encontrarse con una moneda sin ningún valor.

Híbridos

De hecho, pocos sistemas de tipo de cambio son 100 por cien flotantes o 100 por cien referenciados. Los países que usan un tipo referenciado pueden evitar situaciones complejas del mercado o desastres inflacionarios utilizando una referencia flotante. Referencian su tipo de interés al dólar estadounidense, y ese tipo no fluctúa de un día para otro. Sin embargo, el gobierno revisa de forma periódica su referencia, y realiza ajustes menores para mantenerlo en línea con el verdadero valor de mercado.

Los sistemas flotantes tampoco se abandonan a merced de las fuerzas del mercado. Los gobiernos que utilizan tipos de cambio flotantes, introducen cambios en sus políticas económicas que pueden afectar a los tipos de cambio, de forma directa o indirecta. Reducciones de los impuestos, cambios en el tipo de interés nacional y aranceles a la importación pueden modificar el valor de la divisa de un país, aunque el valor flote técnicamente.

Así que la próxima vez que cruces una frontera y cambies tu dinero por el de otro país, recuerda que las fuerzas económicas del mundo contribuyen a determinar ese tipo de cambio. De hecho, cuando cambias divisas, te conviertes en una de esas fuerzas económicas y también estás contribuyendo a establecer el tipo de interés.  A veces nos olvidamos de que formamos parte de las fuerzas del mercado.

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