Resultados BBVA primer trimestre 2011, gana 1.150 millones
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Las últimas semanas la deuda pública ha vuelto a la actualidad de forma negativa, con 2 protagonistas: por un lado Grecia y por otro los EUA. En el fondo hay una gran similitud entre los problemas de ambos: se creyeron invulnerables a gastar mucho más de lo que ingresaban y a mantener el sistema en funcionamiento confiando en que la enorme deuda generada por el descuadre iba a ser absorbida sin problemas debido al prestigio del país en el caso norteamericano, y de la €zona en el caso heleno. Pero en este segundo caso, y a pesar de todo el apoyo político y económico del resto de miembros, no ha sido suficiente. ¿Y en el caso de los EUA, es sostenible que no ajuste los desequilibrios de su economía? Mi respuesta es que no, pero de momento no van a adoptar ninguna medida extrema.
Mi teoría es que los EUA juegan con fuego porque pueden hacerlo, y ya que pueden, lo hacen. Sería relativamente sencillo para un país tan poderoso y con tan grandes recursos recortar el déficit aumentando los impuestos a sus multinacionales que son de los más bajos del mundo o establecer un IVA estatal que en la sociedad más consumista del mundo produciría, aunque fuera a un tipo mínimo, unos enormes ingresos. También podría reducir sus gastos, si de verdad estuvieran tan apurados como para que su solvencia peligrara, ¿De qué serviría mantener tropas en Afganistán, no es acaso la ruina más peligrosa que un posible ataque terrorista? Pero cuando un país dispara su deuda y aumenta su déficit y aún así consigue colocar billones de deuda en los mercados a unos tipos de interés bajísimos y si se beneficia de que su moneda, que es la divisa de referencia mundial, se deprecie porque así aumentan los beneficios de sus multinacionales y aún así de momento su inflación sigue en niveles bajos, ¿Para qué cambiar?
Si la crisis global es tan grave es porque gobiernos -locales y estatales- particulares y empresas se endeudaron demasiado y los bancos les prestaron ese dinero con demasiada alegría. Todos estamos sufriendo con ello excepto quien más se ha endeudado: los EUA. Cierto que todo esto lo consiguen porque la Reserva Federal está comprando gran parte de esa deuda que el país emite y de ese modo hace trampas en la competencia con el resto de países emisores pero, ¿Alguien se lo impide? No. Es más, algunos premios nobel como Krugman apoyan y alientan esa política que convierte a la economía en una cuestión de impunidad. Como todo el planeta se vería gravemente perjudicado por una nueva recesión en los EUA y temblamos ante la posibilidad de que aumenten los tipos de interés, tengan problemas para colocar su deuda o simplemente les rebajen el rating, todas las autoridades económicas mundiales aceptan unas reglas que no se le permitiría a otro país. Es similar a la complacencia política que se tiene con China o Qatar gracias a su enorme liquidez y que lleva a todos nuestros políticos a obviar que son dictaduras donde se violan derechos humanos.
Y poco importa que de repente las agencias calificadoras demuestren algo de honestidad y amenacen con una rebaja de rating…de hecho el día del anuncio de S&P de situar la perspectiva en negativo mejoró la rentabilidad de la deuda de los EUA que se negoció. Al final los inversores mundiales confían en la solvencia del país más poderoso de la Tierra porque saben que no es posible que ésta se dañe gravemente porque a nadie le interesa que eso ocurra. Más que una cuestión de confianza es una cuestión de supervivencia, porque si los EUA no fueran solventes el sistema financiero mundial colapsaría. Por supuesto nada es seguro al 100%, y argumentos similares se decían de Grecia: “¿Cómo va a dejar la €zona que quiebre uno de sus miembros, más siendo tan pequeño?” Pero no es lo mismo, porque al final lo de Grecia ni siquiera hundirá a la €zona, si acaso sólo a algunos miembros. No es pues comparable, es como si suspendiera pagos el pequeño estado de Conécticut. De hecho, los problemas de solvencia de estados grandes como Illinois o California no han mermado la confianza en el país.
Pero el que los EUA puedan ser invulnerables a una crisis de deuda soberana no significa que su deuda local y privada sea inmune ni que sus ciudadanos no puedan sentir una recesión económica grave. Lo mismo pasa con Europa, en España es normal sentirnos aliviados porque la quiebra del país parece que vuelve a ser una posibilidad remota pero eso no va a resolver el drama del paro. En mi opinión nos enfrentamos a una segunda fase de la crisis financiera en la que puede que la deuda soberana pierda protagonismo pero que se verá potenciada por aspectos similares a la recesión de los años ´70 del siglo pasado ya que estará marcada por la inflación y los altos precio del crudo. De hecho, aquella también empezó por la manipulación norteamericana –concretamente de Nixon- de abandonar el patrón oro para debilitar el $ y que motivó la decidida respuesta de los productores del petróleo que se vieron afectados por ello. Las grandes diferencias/incógnitas: saber si un mundo tan endeudado como el actual podrá soportar la fuerte subida de los tipos de interés que podría darse y si la globalización y el ciclo económico diferente de las economías emergentes pueden influir positiva o negativamente.
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No quebrar no es suficiente
Nunca pensé que tener un blog de economía me llevase a escribir sobre tantos países, más que el blog del Euribor esto parece el Lonely Planet. A parte de los viajes para conocer las experiencias de Japón, Corea, Hong Kong y China, nos hemos recorrido medio mundo a golpe de quiebras, pasando por Irlanda, Islandia, Grecia, Dubai y [...]
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Portugal
¿Qué veis raro en esta foto de una tienda de brújulas?. Miradla atentamente.
Si os fijáis bien, todas deberían señalar al Norte pero cada una lo hace para un lado. Una posible explicación de lo que ocurre es que las brújulas tienen campo magnético y podrían interferir entre ellas. Esto me recuerda, de alguna manera, a lo que ocurre actualmente con las divisas, cada una gira para el lado que quiere e interfieren entre si. Carecemos de un punto de referencia universal que nos indique el valor real de cada una, cual es el Norte.
El otro día, el presidente del Banco Mundial escribió en el Financial Times un artículo acerca de la necesidad de regresar al patrón oro como base de cambio de las monedas. La idea básica es tener un punto de referencia sobre el que valorar las monedas.
Intentando entender mejor la raiz de los problemas, me topé con un interesante artículo del “The Economist” de Mayo de 2009 (un pelín largo, pero muy didáctico), titulado Brettonwood. Esto es lo que nos cuenta.
Todos los sistemas monetarios y económicos consisten en una lucha entre los “prestados”, que favorecen la inflación, y los “prestadores”, que están dispuestos a mantener el poder adquisitivo de la divisa. En democracia, esto es una batalla fluida. Los prestadores (en adelante, para simplificar les llamaremos bancos) tienen el poder y, por lo tanto, la atención de la élite política; los prestados suelen tener los votos.
Los bancos han impuesto periódicamente anclas monetarias en un intento de vencer al lobby de los prestados. Estas anclas son ideales en tiempos prósperos pero presentan dificultades durante épocas de recesión. El patrón oro no sobrevivió a la depresión. Para las naciones con escasez de oro, lo “correcto” era aumentar los tipos de interés para volver a revalorizar el oro; la austeridad que ello impuso al resto de la economía fue políticamene inaceptable.
La era de Bretton Woods sustituyó al patrón oro por el patrón dólar (a pesar del teórico vínculo de la divisa americana a los lingotes). El sistema funcionó bien durante más de dos décadas, ayudado por el boom económico de la posguerra, especialmente en Alemania y Japón, que empezaron el período con tipos de cambio subvalorados. Se desmoronó porque América se negó a pagar el precio nacional de cargar con el peso del sistema.
Cuando Bretton Woods fracasó, no fue inmediatamente obvio lo que le iba a sustituir. Los países europeos, concretamente, mantuvieron el deseo de establecer tipos de cambio fijos. Sin embargo, prevalecieron finalmente los tipos fluctuantes, en especial, para las principales divisas respecto al dólar: el yen y el marco alemán.
El problema para los bancos era que el sistema de tipos fluctuantes estaba basado en dinero (en papel) de curso legal. ¿Qué controlaría el instinto inflacionista de los gobiernos? La respuesta tardó un par de décadas (y de recesiones) en hallarse.
Una vez aceptado que los mercados podían establecer los tipos de cambio, no había necesidad real de controlar el capital; y una vez que el capital podía circular libremente, los gobiernos indisciplinados podían ser castigados por unos mayores rendimientos de las obligaciones. En consecuencia, los políticos intentaron reafirmar los mercados dándole un mayor poder a los bancos centrales, algunos de los cuales fijaron objetivos de inflación explícitos.
El sistema posterior al de Bretton Woods funcionó bien, dando lugar a un largo período de baja inflación y crecimiento estable conocido como la Gran Moderación. Sin embargo, una de las razones del aparente éxito —el crecimiento de India y China— podría haber provocado su desaparición. La adhesión de estas dos grandes naciones al sistema financiero internacional fue como una descarga eléctrica que ejerció una presión descendente en los tipos de interés.
Como ha señalado Stephen King, economista en HSBC, el resultado podría haber sido una deflación benigna que impulsó el nivel de vida occidental. Sin embargo, los bancos centrales lucharon por evitar unas consecuencias deflacionistas; el resultado fue la implentación de una política monetaria holgada que fomentó la burbuja de los activos financieros. Esta burbuja duró más de lo esperado porque el desbordamiento de los ahorros procedente de los mercados en desarrollo contuvieron el tipo libre de riesgos.
Ahora parece reconocerse que el objetivo de inflación no es suficiente. Dada la explícita garantía de los gobiernos detrás del sistema bancario, los bancos centrales deben controlar la estabilidad financiera y los precios de los activos. Al mismo tiempo, algunos bancos centrales han adpotado (a través de la expansión monetaria cuantitativa) una política de creación de dinero para impulsar los mercados que también tiene el conveniente efecto secundario de financiar el déficit presupuestario. Eso es justo lo que los contrarios al dinero de curso legal temían que pasara a largo plazo.
Se producirá el mismo dilema de siempre. Tras haber gastado una fortuna en avalar a sus bancos, los gobiernos occidentales tendrán que pagar un precio en términos de impuestos más elevados para pagar el interés de la deuda. En el caso de países como Gran Bretaña o Estados Unidos, que tienen déficit comercial y presupuestario, esos impuestos más altos deberán cubrir los reclamos de los acreedores extranjeros. Dadas las implicaciones políticas de tal austeridad, la tentación será el impago cauteloso, dejar que sus divisas se deprecien. Los inversores sobreviven cada vez más a este peligro; el rendimiento de las obligaciones del estado a diez años está cerca de un punto porcentual por encima con respecto a principios de año.
Las naciones acreedoras tienden a establecer reglas y el nuevo sistema monetario global no podrá funcionar sin la aprobación de China, un país acreedor con controles de capital y una divisa administrada. Se ha dado por sentado que China tendrá que avanzar hacia el modelo occidental, pero ¿por qué no al revés? Los países occidentales adoptaron los mercados de capital libre, como Gran Bretaña adoptó el libre comercio en el siglo XIX, porque les convenía. ¿Será China ahora capaz de llevar la batuta? Por muy incómodo que sea para Occidente, es muy probable que el próximo orden monetario se realice en Pekín.
Para finalizar, os dejo una interesante gráfica que muestra por un lado el valor de Yuan Chino con el dólar y por otro las exportaciones a EEUU.
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Buttonwood