Crítica abierta a la concesión de hipotecas

3839000325_4901d7c0df_m-175x160 Crítica abierta a la concesión de hipotecasUna de las múltiples aficiones y trabajos a los que me he dedicado ha sido la intermediación hipotecaria. Un malvado agente económico, si escuchamos a determinadas asociaciones de consumidores de banca. Un enemigo de la salud financiera de las familias, un aprovechado de las debilidades ajenas.

No voy a negar que en el sector de los brokers de hipotecas haya habido mucho mangante. Y los seguirá habiendo, si bien al menos ahora tenemos una normativa de protección al consumidor específica.

Se preguntará el lector por qué hablo de los intermediarios, si se supone que voy a criticar la concesión de préstamos hipotecarios. Los pérfidos agentes hipotecarios hemos acosado a los bancos, para que aprobaran operaciones de sobreendeudamiento a familias que no sabían ni lo que firmaban; posiblemente, en cuanto al desconocimiento del particular.

Viene siendo habitual, cuando hablamos de temas bancarios, confundir al ciudadano haciéndole mirar hacia otro lado. Sin los bancos, que concedieron las hipotecas, los intermediarios poco mal habrían podido hacer. Si un intermediario sin escrúpulos plantea al banco una reunificación de deudas que no soluciona el problema de sobreendeudamiento familiar sino que lo agrava, ¿no es la entidad financiera la que debe denegar la operación y hacer entrar en razón al cliente?

¿Acaso el banco no debería haber elegido a sus intermediarios con criterios de profesionalidad y solvencia? Evidentemente no habrían existido apenas reunificadoras de deuda tipo chiringuito financiero si los bancos no lo hubieran permitido. Y en cambio el debate público fue lo malo que eran los brokers, cuando en realidad lo que inyectan es competencia bancaria, pudiendo asesorar de forma independiente al cliente y negociando las condiciones en una posición de mayor fuerza.

Con las ejecuciones hipotecarias se ha tratado de seguir la misma estrategia, si bien me alegro de que la opinión pública se haya indignado y percibido, en cierta forma, de la propaganda oficial bancaria. La culpa es de las familias que han querido especular con las casas o vivir por encima de las posibilidades. O una que más gusta a la gente, qué los promotores y constructores, en su afán de hacerse ricos, han financiado promociones ahora fantasmas y se han cargado la economía.

El truco es genial, digo una verdad a medias para esconder la mayor: qué ha sido la banca la que ha permitido y promocionado estas actitudes suicidas de las familias y empresas del sector de la construcción. Y cuando se pone en evidencia esta realidad, muchos se tragan el sainete “la culpa es de todos“. De todos será, pero no en el mismo grado, no me cansaré de repetirlo.

Toda esta disquisición metafísica viene a colación de la intervención del Banco de España de la antaño perla del Mediterráneo, la CAM. Junto con Citi, Santander Consumer, BBVA, Banesto y algunos más, la CAM fue una de las que aprobaba hipotecas subprime a granel, al menos en mi tierra y en determinadas épocas.

Me hacía gracia la política de riesgos, aceptando sólo hipotecas al 80% de tasación (en teoría una actitud conservadora de concesión de hipotecas); era tragicómico porque al final aceptaban tasaciones con valoraciones desorbitadas, para financiar el 100% de la compra más gastos. Si sólo se quiere financiar una cantidad determinada, lo que hay que hacer es marcar el límite en función de la compra-venta, no de la tasación.

Por otra parte, no se solicitaba documentación original al cliente. ¿Imagináis vosotros dar 200.000 euros a una persona sin pedirle más que el DNI, como comprobante original? No era precisamente la mejor forma de descubrir engaños, una fotocopia negruzca de la nómina.

Y ya tenemos dos claves de la morosidad del sector particular en la CAM. No he hablado de conceder hipotecas a gente que llevaba menos de un año de vida laboral en España, a temporales, aceptar ingresos no oficiales y un largo etcétera de criterios de riesgo inexplicables.

No quiero ni imaginar los desmanes que se han producido en los préstamos promotor. Entraba un gañán (con perdón de los grandes profesionales de la construcción y la promoción), pedía un millón de euros para una nueva promoción y salía con el pan debajo del brazo. Y ahora la culpa es de los promotores especuladores. ¿Y del banco?

Los gestores de las entidades financieras que han arriesgado más dinero de sus depositantes de lo prudente, los políticos que han metido sus zarpas en los consejos de administración de las cajas, los reguladores bancarios que no han hecho bien su trabajo, ¿van a responder por ello?

Desde luego las familias que han perdido su hogar y han sido expulsados del sistema han respondido de sus errores, con todos sus bienes presentes y futuros. Ha llegado la hora de hablar claro y dejar de engañar a la opinión pública. Hay personas y dentidades que deben responder de sus errores, no sólo los ciudadanos.

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Con V de Hipoteca

4299197476_c8c90249ef_m-175x173 Con V de HipotecaEn el debate sobre la necesidad de reformar el marco jurídico hipotecario, para hacer más justo el sistema, es fácil caer en la demagogia. En su momento ofrecí una serie de medidas para reformar el mercado hipotecario. Ya advertí que no soy partidario de generalizar la dación en pago sin más, entre otras cosas porque no me gustan introducir riesgo moral en el sistema.

Mi buena amigo y alter ego Echevarri ha tenido la deferencia de opinar y criticar de forma razonada mis tesis, su particular contrarreforma hipotecaria.

He de decir que lo más positivo de todo este debate no son las conclusiones a las que llegamos unos y otros según nuestras experiencias y formación. Lo verdaderamente beneficioso para la sociedad es que haya debate. Demasiado tiempo hemos estando asistiendo a una situación de, en mi opinión, abuso de posición dominante de la banca sin cuestionarnos nada.

Para criticar medidas de reforma del mercado hipotecario suelen existir dos tipos de argumentos:

  1. El sistema actual ha funcionado durante mucho tiempo y cambiarlo crearía inseguridad jurídica.
  2. Los bancos no son los culpables de la situación, o como mínimo es una responsabilidad compartida.

En cuanto a la inseguridad jurídica, entiendo que básicamente se refiere a cambiar los contratos de préstamo hipotecario ya existentes. Si bien hay cláusulas que pueden ser declaradas abusivas, como las de “suelo” sin ello poder decir que se crea inseguridad, coincido con muchos en pensar que introducir la dación en pago generalizada sería un desastre. En economía se nos enseña a pensar en los efectos perversos de determinadas medidas. A veces para corregir una injusticia se hacen cambios, que, al final, producen otra.

Ello no es óbice para defender que hay que cambiar determinados aspectos jurídicos para dotar al sistema de mayor equidad y contrarrestar determinadas prerrogativas de la banca, que las hay y muchas.

Lo que tengo muy claro es que los bancos tienen gran parte de la culpa de la situación actual, permitiendo y favoreciendo un sobreendeudamiento familiar que ahora provoca auténticas tragedias familiares. A las entidades financieras hay que exigirles una conducta de bonus argentarius, en el sentido de que deben ser especialmente diligentes a la hora de conceder créditos y evaluar el perfil de riesgo de quien los recibe. Y si alguien me dice que han hecho bien su trabajo deberá argumentarlo muy bien. No me vale el manido argumento de que “la gente debía saber lo que hacía”. El banco debía saberlo, con mayor grado de responsabilidad que nadie.

Critica Echevarri la posibilidad de introducir el pacto marciano en las escrituras hipotecarias, en base a que la posibilidad de limitar la responsabilidad hipotecaria al bien ya existe en nuestro ordenamiento y no se usa. Si bien no discuto sus peros técnicos, que los hay, difiero en una cosa: actualmente no se utiliza esta cláusula limitativa por la sencilla razón de que no les conviene a los bancos.

Y yo defiendo medidas que obliguen e incentiven a la banca ofrecer en su catálogo hipotecas con limitación de responsabilidad. Después que sea el mercado quien fije precios, pero que existan y se puedan elegir.

También se critica la participación del ICO en el sistema. Entiendo los fundamentos de criticar que con dinero público se ayude a gente que se hipotecó no sólo para adquirir una vivienda sino para invertir en ella. Pero la situación actual requiere medidas agresivas. Se ayuda a la banca para que no quiebre y no a los ciudadanos, y no me parece que el uso de mi dinero como contribuyente esté bien administrado de esta forma. Hay formas de ayudar a las familias que pierden su única vivienda sin por ello poner en peligro la economía libre de mercado.

Coincido en parte con Echevarri en el tema de mejorar y agilizar el sistema de subastas para propiciar que haya más postores y no se queden desiertas las subastas. Pero sigo pensando que el banco no se puede adjudicar un bien por el 50% de su valor, tomemos el de tasación original o el del momento de la subasta. Y menos además poder exigir lo que “falte” al que ha perdido la casa.

En la propuesta de instrumentar mecanismo automáticos de lease-back en determinados casos, que Echevarri no descarta pero se opone a que sea una medida obligatoria, entiendo sus argumentos. Pero creo que es posible legislar un mecanismo que la posibilite y no dejar su aplicación al arbitrio del banco (no creo que el banco pacte esta solución con el cliente jamás, si no tiene incentivos u obligaciones para hacerlo).

Echevarri y un servidor, en realidad, no estamos tan alejados en nuestras propuestas. Yo hago algunas y él las critica con base y argumentos. No me parece mal, lo importante es que se traslade a la opinión pública el debate y se aporten soluciones. Porque lo que me parece mal es silenciar y atenuar las consecuencias de un sistema hipotecario que no funciona adecuadamente en tiempos de crisis.

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Desestímulos

A finales de 2009 escribía relatando el sentimiento de los mercados

El único gran temor que parece haber es a la retirada de los estímulos antes de tiempo, esta semana la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido que ello podría retrasar durante años la recuperación del empleo y expulsar a 43 millones de personas definitivamente del mercado laboral, además de señalar que otros cinco millones de personas que actualmente todavía tienen trabajo podrían perderlo si se retiran prematuramente esas medidas.

Y sin embargo, pocos meses después, debido a la crisis de la deuda pública periférica europea, muchos países –con la notable excepción de los EUA y Japón- se sumaron a la economía de austeridad y recorte del gasto. Los resultados están resultando sorprendentes: allí donde el déficit público (EUA) y la avalancha de deuda pública crece (en Japón casi alcanza el 200% del PIB) el crecimiento se está ralentizando y las expectativas empeoran según pasan las semanas y sin embargo Alemania, comprometida en 2010 en una campaña de austeridad y ajuste presupuestario, está teniendo crecimientos récord.

Para los economistas liberales esto no es ninguna sorpresa y es que hace algunas semanas dos de los más prestigiosos, Jason Taylor y Richard K. Vedder, sorprendieron con un informe en el que describían una situación económica similar a la actual (podéis leer un artículo-resumen explicativo en castellano titulado “El gran desestímulo de 1946″) . El argumento del texto es histórico: a finales de la Segunda Guerra Mundial, con más del doble de déficit presupuestario en los EUA que ahora y más deuda pública emitida en proporción al PIB debido al gran gasto armamentístico se decía, como ahora, que recortar el gasto y eliminar el control estatal de tiempos de guerra, sería dramático una vez llegara la paz, que se dispararía el desempleo y se hundiría la economía. Pero el gobierno de Truman no les hizo caso y volvieron los cientos de miles de soldados, se frenó el gasto bélico, se eliminaron las medidas más intervencionistas y, en resumen, el gasto público bajó de 84 mil millones en 1945 a menos de 30 mil en 1946 y en 1947 ya se disfrutaba de superávit presupuestario. Estos profesores lo llaman el “Gran Desestímulo” pues según ellos jamás en la historia se había dado un vuelvo tan grande de un déficit desbocado a un superávit. Además, el paro no creció, manteniéndose estable en el 4.5%.  La explicación que dan a este proceso se puede resumir en la máxima que dice que “los mercados son eficientes”, ideología hoy por hoy considerada herética por la mayoría. Según ellos los mercados laborales se ajustaron al aluvión de cambios que la paz trajo gracias a que se acabaron las políticas intervencionistas que “habían alargado la Gran Depresión” y que -por ejemplo- establecían salarios mínimos y cuotas de empleados.

No es una teoría nueva –aunque sí minoritaria- la que dice que  las políticas keynesianas no sólo no solucionaron la crisis de 1929, es que la alargaron. Como prueba se suelen comparar las tasas de desempleo de aquellos años de Canadá –donde no hubo “New Deal” o política de gasto público masivo similar al Plan Paulson” de finales de 2008- y de los EUA:

Año Paro EEUU Paro Canadá
1929 3.2 3.1
1930 8.7 9.1
1931 15.9 11.6
1932 23.6 17.6
1933 24.9 19.3
1934 21.7 14.5
1935 20.1 14.2
1936 16.9 12.8
1937 14.3 9.1
1938 19.0 11.4
1939 17.2 11.4

No obstante, creo que entrar en polémicas históricas no nos lleva a ninguna parte, más cuando tenemos en el presente tantos datos nuevos que analizar para intentar aprender y sacar conclusiones positivas de la crisis.

Volviendo a Alemania, es un país que en 2009 hizo lo que todos los demás: subvencionar de forma millonaria a su sistema financiero, aumentar su deuda pública y sufrir una de las más notables bajadas (-5%) de PIB. Sin embargo, un factor fue diferente: partía de cerrar en 2008 con su déficit público más bajo desde la “Reunificación” de 1990: 0.1%. Eso le permitió ese esfuerzo fiscal en 2009 brutal pero puntual. Además, el aumento del desempleo no fue tan dramático. Por otra parte, 2 sombras se cernían sobre la economía alemana en 2009 que han resultado positivas en 2010: el fuerte aumento de su deuda pública se está compensando porque cada vez paga menos por emitirla y la globalización de su economía, que tanto le afectó ante la crisis mundial de 2009 y el fortalecimiento del € contra el $, se le está volviendo a favor con la debilidad del € y la recuperación –aunque sea puntual- en otras economías que importan sus productos.

Todo esto implica que no es quizás el “desestímulo” de 2010 del gobierno Merkel lo que está haciendo que Alemania deslumbre tanto en tasa de paro como en crecimiento sino otros factores como el buen mantenimiento de las cuentas públicas antes de la crisis o el mercado laboral basado en compromisos empresarios-sindicatos que vienen de décadas. Por supuesto, siguen teniendo problemas, como el de la mala salud de sus bancos regionales, pero a día de hoy Alemania se perfila como un vencedor de la crisis. ¿Significa esto que su política es exportable a otras naciones?

No lo parece, igual que los EUA pueden gastar y gastar y ser considerados un “valor refugio”  por ser la primera economía del mundo, Alemania puede presumir de austeridad y crecer gracias a la debilidad del € y ambos recibir flujos de dinero del resto del mundo, confiados en su fortaleza económica. Pero son la excepción, si España gasta demasiado, acabará sin poder pagar sus deudas y si no gasta, deberá aplicar recortar sociales…¿O no? ¿Es posible gastar con la suficiente inteligencia como para obtener réditos de esa inversión y generar suficientes retornos de beneficio como para no empeorar las cuentas públicas? ¿Es posible ahorrar y no por ello hacerle pagar las facturas de la crisis a los menos culpables? El debate está abierto.

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Recesión en vulcano

vulcano Recesión en vulcanoImagínate una recesión en el planeta Vulcano. Debido a la débil demanda, un empleado vulcano eficaz  y trabajador no genera el suficiente negocio para justificar su salario.

El jefe vulcano (Spock) llama a su subordinado para ver que opciones hay. Están de acuerdo en que no sería lógico mantener las condiciones existentes hasta el momento, y el empleado acepta una reducción del 20 por ciento de su salario en adelante. Ambos se alegran de evitar esta práctica humana tan extraña de despedir empleados con una rentabilidad marginal en lugar de ajustar sus salarios.

De vuelta a la Tierra, la realidad es que en momentos de recesión se despide a la gente, y la creencia popular indica que se debe a que los salarios no se ajustan. Algunos economistas hablan del «desempleo voluntario». Este extraño término trae a la mente el escenario del vulcano decidiendo que preferiría pasar el rato en la playa a que le redujeran el salario. Otros economistas hablan de «rigidez salarial». Independientemente de como lo denominemos, la inflexibilidad de los salarios es un enigma, mientras que la perspectiva vulcana parece tener lógica.

Aún así, la historia que cuentan muchos economistas es que los salarios no se ajustan lo suficiente durante los momentos de recesión, y este hecho contribuye a explicar por qué el desempleo aguanta la tensión, descendiendo y aumentando con el ciclo económico.

Sin embargo, incluso si los testarudos humanos no admiten que se renegocien sus salarios, aún debería ser posible un ajuste salarial, porque la gente está encontrando y perdiendo trabajos constantemente. Si las empresas hicieran ofertas generosas durante los momentos de prosperidad y ofertas miserables durante los momentos de recesión, veríamos mayor flexibilidad salarial y menores fluctuaciones en el desempleo en función de los altibajos de la economía. Pero no lo hacemos.

¿O sí lo hacemos? Christopher Pissarides de la London School of Economics señala que los estudios reflejan que los trabajadores que van de un trabajo a otro durante momentos de prosperidad disfrutan de un considerable aumento de su sueldo neto, mientras que trabajadores que cambian de trabajo durante épocas de recesión no. Esto sugiere, según Pissarides, que los salarios (o al menos los salarios ofrecidos a los recién contratados) son más flexibles de lo que muchos teóricos económicos admiten.

No tan rápido, responden los teóricos. En un reciente artículo, Mark Gertler y Antonella Trigari explicaban la razón por la que los estudios que indica Pissarides pueden no significar lo que el cree: «supongamos, por ejemplo, que un maquinista altamente cualificado empieza a trabajar como taxista mal remunerado durante la recesión y que después vuelve a ser contratado como maquinista bien pagado durante una época de prosperidad.» Así, es posible que un individuo padezca salarios cíclicos cambiando de profesiones que por sí mismas tienen salarios rígidos.

No obstante, históricamente los salarios no disminuyen en los períodos de recesión después de todo. Un incremento de la tasa de desempleo en un punto porcentual parece ocultar los verdaderos salarios ofrecidos a nuevos empleados en un 1,8 por ciento. En otras palabras, un aumento del desempleo de entre un 6 y un 9 por ciento reduciría los salarios de las nuevas incorporaciones solo en algo más de un 5 por ciento.

Esto no significa que los salarios sean tan flexibles como deberían. Los vulcanos señalarían a nuestras tasas de desempleo enormemente fluctuantes y sugerirían que los salarios no absorben suficientemente las tensiones de las crisis económicas. Después de todo, una reducción salarial duele. Perder el trabajo duele aún más.

Estos datos nos ofrecen muchas posibilidades para el debate y sobretodo un interesante consejo, cuando pase la crisis, cámbiate de trabajo.

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La burbuja del fútbol

Si el fútbol fuera negocio, hace tiempo que lo tendrían los bancos Josep Samitier (Jugador y entrenador del Barça). En el 2002, Dow Jones creó un indicador para medir el comportamiento de empresas comerciales ligadas a este deporte: el Dow Jones Stoxx Football Index, con aproximadamente una treintena de equipos de fútbol que cotizan en [...]

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