Crecimiento de la economía española PIB segundo trimestre 2011
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Imaginemos que al gobierno le da por ofrecer garantías de préstamos para todas las empresas que apuesten por el coche eléctrico, desde fabricantes de automóviles hasta talleres y parkings. Cualquier compañía, incluyendo las nuevas, podrían beneficiarse. El gobierno llevaría a cabo algunas auditorías aleatorias, sólo para determinar si la empresa en cuestión podría invertir el capital que obtuviese en proyectos reales vinculados con coche eléctrio en vez de dedicarlo a otras cosas como sería bastante común en nuestro país.
¿No constituiría dicho programa un estímulo a la economía? Si el sector es medianamente atractivo, muchos emprendedores se lanzarían a la piscina y crearían en poco tiempo empresas con muy poco patrimonio neto y muchas deudas baratas garantizadas. Dicho programa podría ser una forma bastante directa de estímulo fiscal. Aunque los políticos y los financieros se diviertan fingiendo otra cosa, el pasivo sigue siendo pasivo, y ofrecer garantías de préstamos a todos los que iniciaran proyectos arriesgados es, de algún modo, sólo una forma más de financiar un gasto del gobierno equivalente a las pérdidas esperadas del programa.
Pero, hay que tener en cuenta, que si, por suerte, a las nuevas empresas estimuladas de forma artificial les fuera sorprendentemente bien y se pagaran muy pocas garantías, eso no eliminaría el efecto estímulo del programa (aunque el gobierno no haya soltado un euro). Si el porgrama está bien pensado, el estímulo acaba saliendo gratis y crearía riqueza al país. No es la transferencia real del dinero del gobierno lo que sirve como estímulo. El estímulo viene única y precisamente de la seguridad que proporciona el programa sobre la devolución del capital invertido con intereses a los inversores.
Por tanto, supongamos que el gobierno no hace nada, pero «el mercado» tiene la certeza (de forma correcta o no) de que, por ejemplo, el coche eléctrico es algo seguro, es el futuro. En la medida en la que el coste del capital de esas empresas sea suficiente, la misma dinámica tendrá lugar. Ya hemos visto como ocurría en dos ocasiones. Cuando el capital de las empresas de Internet se volvió muy barato, los emprendedores entendieron (y lo comentaron de forma bastante abierta) que era una oferta muy interesante. Dijeron ¿por qué no entrar?. Se creó una burbuja. sí, y en términos generales todos (salvo los que llegaron al final) acabaron ganando y se creó una nueva industria.
El derrumbe, tanto en aquella burbuja como en las más recientes, tiene lugar cuando el mercado no está seguro de nada, cuando los participantes en el mercado perciben un riesgo, cuando es mucho más fácil, seguro y rentable invertir en letras del tesoro que en cualquier negocio.
La información es estímulo. En la medida en la que los mercados estén más informados, el dinero se creará y prestará dentro de la economía de forma tan segura como si el gobierno lo imprimiera y lo gastara. El estímulo mal elegido y las burbujas especulativas son gemelos encubiertos, lo único que cambia son las identidades de las personas que toman malas decisiones. En cambio, las buenas elecciones económicas del gobierno pueden dar lugar a resultados tan saludables como un mercado sano.
Si tuviesemos que definir el momento actual creo que no lo podríamos poner ni en un momento “bien informado” (crecimiento saludable) ni en uno “mal informado” (creación de burbujas) lo pondríamos en uno en el cual nadie se fía de la información que recibe, ni de los mercados porque están manipulados, ni de las autoridades públicas porque mienten, con lo que las expectativas de crecimiento son nulas ya que ningún inversor (o prestamista) arriesgará a meter dinero en el sistema.
No estamos sólo en una crisis económica, estamos en una crisis de información y es ésta última la que genera la confianza y los estímulos para iniciar la recuperación. Mientras no veamos que las administraciones públicas toman decisiones inteligentes más allá de poner parches, tanto los consumidores como los inversores estamos en nuestro derecho de dejar el dinero debajo del colchón.
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y otra España que bosteza
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón
Esto escribía Antonio Machado hace más de 100 años y mucho me temo que sigue vigente. La España que muere y la España que bosteza. La España de los trabajadores y la España de las empresas.
Para la España de las grandes corporaciones, la situación es sumamente positiva. Las empresas del IBEX han mostrado varios trimestres de crecimiento sucesivo. Muchas de ellas han vuelto a niveles de beneficio anteriores a la crisis (los 35 del Ibex han ganado 49.881 millones de euros, un 24,5% más que el año anterior) y tienen mucho efectivo en sus balances.
Si nos fijamos en el trabajador medio, la fotografía es bien distinta. Lo que se ve es un problema verdaderamente profundo de desempleo estructural. El número de desempleados en los España es de casi 5 millones, pero un gran número de personas han dejado de buscar trabajo. Un número incluso mayor ha empezado a trabajar a media jornada y muchos soñarían con ser mileuristas. Esto asciende a una enorme crisis sistémica y se trata de una crisis que no estamos reconociendo.
¿Qué está provocando el aumento de los desempleados?
Pensemos en Telefónica ¿Cómo puede ser que ganando más que nunca vayan a echar al 24% de su plantilla? ¿No debería una empresa en crecimiento contratar a más gente?
Una de las probables causas del aumento de los desempleados es la tecnología. Si nos fijamos en cualquier industria durante los últimos 20 años, la tecnología se ha transformado completamente. Es muy fácil verlo en la producción. Basta ir a una planta de fabricación de coches hoy en día, en la que se da trabajo a mucha menos gente que antes. SEAT, Citroen o cualquier otra puede producir muchos más coches con mucha menos gente.
La tecnología está transformando los sectores más allá de la producción. Departamentos de finanzas, contabilidad, telemarketing, etc. En general, la tecnología está transformando los sectores y elevando la productividad, aunque reduciendo el número de trabajadores. Piénsalo ¿Cuántas personas hacían tu trabajo hace 20 años?
Después, por encima del cambio tecnológico está la globalización. Ya hay grupos de trabajadores cualificados en todo el mundo que están deseando llevar a cabo algunos de los trabajos que solían hacer los españoles por una décima parte del precio. La mano de obra patria no puede competir por precio.
Si lo sumamos todo, la competencia laboral, la tecnología y la globalización el panorama para el trabajador medio español es muy negro.
Lo que es malo para los países ricos es bueno para los pobres
Ahora, la globalización económica también está teniendo muchos efectos beneficiosos. Está ayudando a quien tenga habilidades especializadas o tenga acceso y trabaje con capital o tecnología. Está ayudando a los muy pobres porque está reduciendo considerablemente el coste de los bienes.
De hecho, el efecto neto de tener una inflación muy baja y productos muy baratos es algo que ha beneficiado a todo el mundo. Cualquiera que haya solicitado un préstamo en los últimos 20 años se ha beneficiado del hecho de que casi no había inflación en el mundo porque China e India, las dos máquinas mundiales de deflación, estaban exportando bienes y servicios a precios muy bajos.
Pero el inconveniente lo siente de forma concentrada el espectro de trabajadores medios , el clásico trabajador que percibiría el salario medio. El inconveniente lo están percibiendo las personas cualificadas, pero no altamente especializados, personas que tienen cierta formación y educación pero no educación avanzada, ellos son las personas cuyo trabajo o está obsoleto por la tecnología o desarrollados por trabajadores extranjeros.
Ante este paorama ¿Qué debe hacer un jóven español?
Lo primero, asumir esta nueva realidad, es un cambio que ha llegado para quedarse y por mucho que nos quejemos no se van a cerrar fronteras ni involucionar tecnológicamente, por tanto debemos centrarnos en trabajos no globalizables (principalmente servicios) o aliarnos con la tecnología y buscar empleos que antes no existían.
Hace 1 año, la fundación Idea identificó 10 sectores con potencial de crecimiento, que sirven de ejemplo hacia el cambio del modelo productivo del que tanto nos hablaron y tan poco se ha hecho:
Sin olvidarse de sectores tradicionales que pueden tener crecimiento si logran reorientarse:
Como véis, lo que antes te garantizaba una carrera de éxito ha cambiado radicalmente, los trabajos más demandados ahora no tienen nada que ver con los de la anterior generación, la manera de trabajar ha cambiado drásticamente y mientras no cambiemos nuestra mentalidad y formación mucho me temo que muchos sólo podrán aspirar al mileurismo. La tecnología quita puestos de trabajo, pero también crea nuevos y muy bien pagados para aquellos que saben moverse.
Salgamos a la calle para quejarnos pero también para buscar oportunidades.
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