Información, seguridad, estímulo y crecimiento

electico Información, seguridad, estímulo y crecimientoImaginemos que al gobierno le da por ofrecer garantías de préstamos para todas las empresas que apuesten por el coche eléctrico, desde fabricantes de automóviles hasta talleres y parkings. Cualquier compañía, incluyendo las nuevas, podrían beneficiarse. El gobierno llevaría a cabo algunas auditorías aleatorias, sólo para determinar si la empresa en cuestión podría invertir el capital que obtuviese en proyectos reales  vinculados con coche eléctrio en vez de dedicarlo a otras cosas como sería bastante común en nuestro país.

¿No constituiría dicho programa un estímulo a la economía? Si el sector es medianamente atractivo, muchos emprendedores se lanzarían a la piscina y crearían en poco tiempo empresas con muy poco patrimonio neto y muchas deudas baratas garantizadas.  Dicho programa podría ser una forma bastante directa de estímulo fiscal. Aunque los políticos y los financieros se diviertan fingiendo otra cosa, el pasivo sigue siendo pasivo, y ofrecer garantías de préstamos a todos los que iniciaran proyectos arriesgados es, de algún modo, sólo una forma más de financiar un gasto del gobierno equivalente a las pérdidas esperadas del programa.

Pero, hay que tener en cuenta, que si, por suerte, a las nuevas empresas estimuladas de forma artificial les fuera sorprendentemente bien y se pagaran muy pocas garantías, eso no eliminaría el efecto estímulo del programa (aunque el gobierno no haya soltado un euro). Si el porgrama está bien pensado, el estímulo acaba saliendo gratis y crearía riqueza al país. No es la transferencia real del dinero del gobierno lo que sirve como estímulo. El estímulo viene única y precisamente de la seguridad que  proporciona el programa sobre la devolución del capital invertido con intereses a los inversores.

Por tanto, supongamos que el gobierno no hace nada, pero «el mercado» tiene la certeza (de forma correcta o no) de que, por ejemplo, el coche eléctrico es algo seguro, es el futuro. En la medida en la que el coste del capital de esas empresas sea suficiente, la misma dinámica tendrá lugar. Ya hemos visto como ocurría en dos ocasiones. Cuando el capital de las empresas de Internet se volvió muy barato, los emprendedores entendieron (y lo comentaron de forma bastante abierta) que era una oferta muy interesante. Dijeron ¿por qué no entrar?. Se creó una burbuja. sí, y en términos generales todos (salvo los que llegaron al final) acabaron ganando y se creó una nueva industria.

El derrumbe, tanto en aquella burbuja como en las más recientes, tiene lugar cuando el mercado no está seguro de nada, cuando los participantes en el mercado perciben un riesgo, cuando es mucho más fácil, seguro y rentable invertir en letras del tesoro que en cualquier negocio.

La información es estímulo. En la medida en la que los mercados estén más informados, el dinero se creará y prestará dentro de la economía de forma tan segura como si el gobierno lo imprimiera y lo gastara. El estímulo mal elegido y las burbujas especulativas son gemelos encubiertos, lo único que cambia son las identidades de las personas que toman malas decisiones. En cambio, las buenas elecciones económicas del gobierno pueden dar lugar a resultados tan saludables como un mercado sano.

Si tuviesemos que definir el momento actual creo que no lo podríamos poner ni en un momento “bien informado” (crecimiento saludable) ni en uno “mal informado” (creación de burbujas) lo pondríamos en uno en el cual nadie se fía de la información que recibe, ni de los mercados porque están manipulados, ni de las autoridades públicas porque mienten, con lo que las expectativas de crecimiento son nulas ya que ningún inversor (o prestamista) arriesgará a meter dinero en el sistema.

No estamos sólo en una crisis económica, estamos en una crisis de información y es ésta última la que genera la confianza y los estímulos para iniciar la recuperación. Mientras no veamos que las administraciones públicas toman decisiones inteligentes más allá de poner parches, tanto los consumidores como los inversores estamos en nuestro derecho de dejar el dinero debajo del colchón.

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Un día en la reserva federal

trichet Un día en la reserva federalHoy se reune el BCE, entre copas y pinchos de tortilla Trichet y sus amigos hablarán amistosamente sobre el final de la champion, la boda real y si los billetes de 500€ deberían dejar de llamarse Bin Laden. Trás varios chascarrillos, imitaciones de Chiquito de la Calzada y bromas del estilo “Trichet, como echaremos de menos este vino francés cuando te vayas en Julio” se pondrán a hablar sobre la política monetaria. Desde euribor.com.es tenemos a varios espías en la reunión y os podemos adelantar un dato en exclusiva. Ya han tomado la decisión y no van a tocar los tipos de interés.

El pasado 26 y 27 de Abril hicieron lo mismo los americanos, como tenía curiosidad por conocer cómo eran las reuniones de allí, le coloqué un micro a uno de los asistentes y me hizo un resumen.

Veamos… un día en la FED

El FOMC (el grupo dentro del Sistema de la Reserva Federal encargado de fijar la política monetaria) se reúne regularmente – por lo general cada seis a ocho semanas – en Washington, DC, aunque el Comité puede  reunirse más a menudo por teléfono o videoconferencia, si es necesario. Las reuniones son en general de uno o dos días. Una reunión típica de un día comienza el martes a las 8:30 am y termina a las 13:00-14:00.

Alrededor de la mesa en la sede de la Reserva Federal se sientan los 19 participantes del FOMC (7 gobernadores y 12 presidentes Banco de la Reserva), así como cierto personal seleccionado. Debido a la naturaleza de los debates, la asistencia es restringida. Un presidente del Banco de la Reserva  por lo general trae consigo un solo miembro del personal, generalmente su director de investigación.

La misión de cada reunión es establecer los tipos de interés a un nivel que apoye los dos objetivos clave de la política monetaria de EE.UU.: la estabilidad de precios y un máximo crecimiento económico sostenible.

La reunión comienza con un informe del director del Sistema de operaciones de mercado abierto (SOMA) en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, que es responsable de mantener la tasa de fondos federales cerca del nivel objetivo fijado por el FOMC. El gerente explica sus logros desde la útima reunión y se analiza la evolución reciente de los mercados financieros y de divisas.

El siguiente es el director de la Reserva Federal de la División de Investigación y Estadísticas, junto con el director de la División de Finanzas Internacionales que se encargan de analizar tanto la economía americana como la mundial, este informe ha sido entregado a los asistentes de la reunión una semana antes y es llamado el “Greenbook” (libro verde), llamado así por su cubierta vegetal en los días en que se trataba de un documento impreso (que al final, como ocurre con los presupuestos generales del estado, acaban en una memoria USB).

Posteriormente la reunión avanza a la primera de las dos “rondas”, que son el núcleo de las reuniones del FOMC. Durante la primera, todos los gobernadores de la Fed y los presidentes de Banco de la Reserva discuten cómo ven las condiciones económicas y financieras. Los presidentes de los Bancos de la Reserva (hay 12) hablan sobre las condiciones en sus distritos, además de ofrecer sus puntos de vista sobre la situación económica.

Los datos y la información discutida varían por región y por lo tanto de una amplia gama de sectores. Por ejemplo, los análisis del distrito de San Francisco dan una visión en el sector tecnológico de Silicon Valley, mientras que el distrito de Chicago cubre una región que depende en gran medida de fabricación y los automóviles y el Distrito de Filadelfia represente a otros sectores más diversos y representativos de la economía nacional.

Las autoridades se preparan para esta ronda recopilando información durante semanas. Antes de la reunión del FOMC, cada Banco de la Reserva prepara un “Resumen de las observaciones sobre la actual situación económica”, que se publica dos semanas antes de cada reunión, lo que la mayoría de la gente llama el “Libro Beige“, por el color de su cubierta. Un Banco de la Reserva Federal, designado en forma rotativa, publica el resumen general de todos. Los presidentes de la Reserva del Banco también se encargan de recopilar información a través de sus departamentos de análisis así como reuniones con directivos de empresas de diversos sectores, por tanto llevan un análisis que cubre tanto la economía empresarial local, como nacional e internacional.

Esta primera ronda muestra información importante sobre la actividad económica en todo el país, medida en datos duros, los últimos acontecimientos, así como el análisis y la interpretación transmitida por los políticos sentados a la mesa. Esta es una forma clave en la que cada región de los EE.UU. participa en la elaboración de la política monetaria nacional. Esta parte de la reunión concluye con el Presidente del FOMC resumiendo la situación y ofreciendo su propio punto de vista de la economía.

En este punto, la discusión política se inicia con el director de la Reserva Federal, Junta de la División de Asuntos Monetarios, que esboza varias opciones por el Comité de política. Los políticos reciben estas opciones por lo general el Viernes antes de la reunión en el “Libro Azul” ¿adivináis por qué se llama así’?.

Las opciones incluyen perspectivas de ningún cambio, un aumento y una disminución en la tasa objetivo de fondos federales. Cada opción se describe, junto con una justificación clara, los pros y los contras, y algunas alternativas para la forma en que el Comité podría explicar su decisión en una declaración pública que se publicará por la tarde.

Entonces, hay una segunda vuelta. Los presidentes Banco de la Reserva y los gobernadores de cada uno indican la alternativa política que prefieren, dadas las actuales condiciones económicas y sus perspectivas personales para la economía. También comentan sobre la forma en que piensan que la declaración que se debe dar para explicar la decisión.

Uno de los aspectos más importantes de una reunión del FOMC es que todas las opiniones cuentan. El análisis y puntos de vista de cada participante en el Comité – si un miembro votante o no – juegan un papel fundamental en las decisiones de política del FOMC.

Al final de esta ronda, el Presidente resume una propuesta de acción sobre la base de las deliberaciones del Comité, así como una propuesta de declaración para explicar la decisión política. Los Gobernadores y el presidente de la Fed dan una última oportunidad para cuestionar o debatir la decisión tomada. Una vez que está puesta sobre la mesa, la Comisión intenta llegar a un consenso a través de sus deliberaciones. Aunque la decisión final generalmente es apoyada por mayoría, hay momentos en que algunas diferencias de opinión pueden permanecer, y los miembros votantes pueden disentir.

El proceso ofrece una valiosa diversidad de puntos de vista de las decisiones de política monetaria. La capacidad del Comité para tomar decisiones se ve reforzado por la interacción de los políticos con diferentes perspectivas y experiencias. Como escritor y periodista Walter Lippmann dijo una vez: “Cuando todos los hombres piensan igual, nadie piensa mucho.” El toma y daca en las reuniones del FOMC refleja la naturaleza de lo deliberado y reflexivo que es la formulación de políticas económicas y hace, por tanto, el proceso más constructivo.

Al final de la discusión política, los 7 miembros de la junta de gobernadores y los 5 representantes de los bancos de la reserva federal emiten un voto formal sobre la decisión propuesta así como el texto de la declaración.

Después de que la votación haya sido tomada, el FOMC anuncia públicamente su decisión política a las 14:15 pm. El anuncio incluye la decisión sobre los tipos de interés, una declaración que explica sus acciones, y el conteo de votos, incluyendo los nombres de los votantes y la acción preferida de los que disentían.

Y después… las copas.

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No quebrar no es suficiente

greciausa No quebrar no es suficienteLas últimas semanas la deuda pública ha vuelto a la actualidad de forma negativa, con 2 protagonistas: por un lado Grecia y por otro los EUA. En el fondo hay una gran similitud entre los problemas de ambos: se creyeron invulnerables a gastar mucho más de lo que ingresaban y a mantener el sistema en funcionamiento confiando en que la enorme deuda generada por el descuadre iba a ser absorbida sin problemas debido al prestigio del país en el caso norteamericano, y de la €zona en el caso heleno. Pero en este segundo caso, y a pesar de todo el apoyo político y económico del resto de miembros, no ha sido suficiente. ¿Y en el caso de los EUA, es sostenible que no ajuste los desequilibrios de su economía? Mi respuesta es que no, pero de momento no van a adoptar ninguna medida extrema.

Mi teoría es que los EUA juegan con fuego porque pueden hacerlo, y ya que pueden, lo hacen. Sería relativamente sencillo para un país tan poderoso y con tan grandes recursos recortar el déficit aumentando los impuestos a sus multinacionales que son de los más bajos del mundo o establecer un IVA estatal que en la sociedad más consumista del mundo produciría, aunque fuera a un tipo mínimo, unos enormes ingresos. También podría reducir sus gastos, si de verdad estuvieran tan apurados como para que su solvencia peligrara, ¿De qué serviría mantener tropas en Afganistán, no es acaso la ruina más peligrosa que un posible ataque terrorista? Pero cuando un país dispara su deuda y aumenta su déficit y aún así consigue colocar billones de deuda en los mercados a unos tipos de interés bajísimos y si se beneficia de que su moneda, que es la divisa de referencia mundial, se deprecie porque así aumentan los beneficios de sus multinacionales y aún así de momento su inflación sigue en niveles bajos, ¿Para qué cambiar?

Si la crisis global es tan grave es porque gobiernos -locales y estatales- particulares y empresas se endeudaron demasiado y los bancos les prestaron ese dinero con demasiada alegría. Todos estamos sufriendo con ello excepto quien más se ha endeudado: los EUA. Cierto que todo esto lo consiguen porque la Reserva Federal está comprando gran parte de esa deuda que el país emite y de ese modo hace trampas en la competencia con el resto de países emisores pero, ¿Alguien se lo impide? No. Es más, algunos premios nobel como Krugman apoyan y alientan esa política que convierte a la economía en una cuestión de impunidad. Como todo el planeta se vería gravemente perjudicado por una nueva recesión en los EUA y temblamos ante la posibilidad de que aumenten los tipos de interés, tengan problemas para colocar su deuda o simplemente les rebajen el rating, todas las autoridades económicas mundiales aceptan unas reglas que no se le permitiría a otro país. Es similar a la complacencia política que se tiene con China o Qatar gracias a su enorme liquidez y que lleva a todos nuestros políticos a obviar que son dictaduras donde se violan derechos humanos.

Y poco importa que de repente las agencias calificadoras demuestren algo de honestidad y amenacen con una rebaja de rating…de hecho el día del anuncio de S&P de situar la perspectiva en negativo mejoró la rentabilidad de la deuda de los EUA que se negoció. Al final los inversores mundiales confían en la solvencia del país más poderoso de la Tierra porque saben que no es posible que ésta se dañe gravemente porque a nadie le interesa que eso ocurra. Más que una cuestión de confianza es una cuestión de supervivencia, porque si los EUA no fueran solventes el sistema financiero mundial colapsaría. Por supuesto nada es seguro al 100%, y argumentos similares se decían de Grecia: “¿Cómo va a dejar la €zona que quiebre uno de sus miembros, más siendo tan pequeño?” Pero no es lo mismo, porque al final lo de Grecia ni siquiera hundirá a la €zona, si acaso sólo a algunos miembros. No es pues comparable, es como si suspendiera pagos el pequeño estado de Conécticut. De hecho, los problemas de solvencia de estados grandes como Illinois o California no han mermado la confianza en el país.

Pero el que los EUA puedan ser invulnerables a una crisis de deuda soberana no significa que su deuda local y privada sea inmune ni que sus ciudadanos no puedan sentir una recesión económica grave. Lo mismo pasa con Europa, en España es normal sentirnos aliviados porque la quiebra del país parece que vuelve a ser una posibilidad remota pero eso no va a resolver el drama del paro. En mi opinión nos enfrentamos a una segunda fase de la crisis financiera en la que puede que la deuda soberana pierda protagonismo pero que se verá potenciada por aspectos similares a la recesión de los años ´70 del siglo pasado ya que estará marcada por la inflación y los altos precio del crudo. De hecho, aquella también empezó por la manipulación norteamericana –concretamente de Nixon- de abandonar el patrón oro para debilitar el $ y que motivó la decidida respuesta de los productores del petróleo que se vieron afectados por ello. Las grandes diferencias/incógnitas: saber si un mundo tan endeudado como el actual podrá soportar la fuerte subida de los tipos de interés que podría darse y si la globalización y el ciclo económico diferente de las economías emergentes pueden influir positiva o negativamente.

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Recordando a Mises

mises Recordando a MisesEn 1923 Ludwig von Mises mostró sus ideas sobre los ciclos de los negocios en su obra  ”La teoría del dinero y el crédito. Un libro que pasó sin pena ni gloria en la época ya que a parte de ser una obra difícil de leer, estaba en alemán. Reconozcamos que da mucha pereza leerse un libro de economía titulado «Theorie des Geldes und der Umlaufsmittel»

Mises explicaba cómo el sistema bancario estaba dotado de una habilidad singular para expandir el crédito y con ello la oferta de dinero, y cómo se ampliaba esa situación por la intervención gubernamental. No interviniendo, los tipos de interés se ajustarían de tal modo que el crédito sólo se utilizaría en la medida en que se ofertase y demandase de forma voluntaria. Pero cuando el crédito se alimenta de forma obligatoria (llamémoslo exceso de crédito), empiezan a ocurrir cosas grotescas.

La expansión de los créditos impuesta por el gobierno distorsiona nuestras «preferencias en el tiempo» o nuestro deseo de ahorrar o consumir. Los tipos de interés impuestos por el gobierno por debajo de los tipos demandados por los ahorradores dan lugar a mayores solicitudes de préstamos e inversiones de capital de las que los ahorradores podrían generar. Esto produce más empleos, mayores salarios y consumo de forma temporal.

Normalmente, cualquier aumento aleatorio de los créditos repentino podría ser absorbido rápidamente por el sistema, los errores en los precios corregidos, las inversiones precipitadas liquidadas, como un árbol flexible mecido por el viento, es lo que los liberales llaman “Laissez faire” (dejad hacer, dejad pasar). Pero cuando el gobierno mantiene los tipos bajos de forma artificial para alimentar inversiones en negocios de otro modo poco sólidos e insostenibles, se generan las circunstancias que dan lugar a la caída. Todo el mundo parece inteligente por un momento, pero posiblemente toda la monstruosidad se derrumbe bajo su propio peso a través de una contracción del crédito, o peor, un colapso de la banca. Esto lo hemos vivido hace bien poco, lo inteligente era comprarse una vivienda ya que siempre subían.

El sistema es muy susceptible a los errores, tanto políticos como empresariales. La expansión de los créditos por parte del gobierno coge un sistema, que de otro modo sería capaz de ajustarse y de recuperarse, y lo transforma en una enorme volatilidad cíclica.

Los años 20 estuvieron marcados por una nueva era del sistema de la Reserva Federal, en el que se promovió la expansión del crédito inflacionario y con él una prosperidad permanente. Lamentablemente, el pobre Ludwig, tachado de pesimista en la época, estaba prácticamente solo al avisar de la llegada del derrumbamiento económico como consecuencia de esta expansión del crédito. A mediados de 1929, se obstinó en rechazar una oferta de trabajo lucrativa del banco vienés Kreditanstalt, para disgusto de su prometida, proclamando que una gran caída estaba próxima y que no quería que su nombre se viera involucrado en modo alguno con ello. Esto es algo que también se repite cíclicamente, el que en plena euforia de los mercados intenta poner un poco de sensatez se le tacha de agorero.

Todos sabemos lo que ocurrió después. Mucho de lo mencionado por Mises,  bancos en los que se había reinvertido en exceso (incluido el Kreditanstalt), negocios y empleos se derrumbaron. El árbol quebradizo se partió. Siguiendo la lógica de Mises, ¿fue un fallo del capitalismo o un fallo de la soberbia?

La solución de Mises deriva de forma lógica de sus advertencias. Se puede arreglar lo que está roto volviéndolo a romper. Acabando con el exceso de crédito. Acabando con la inflación. No incentivando el consumo, sino el ahorro y la amortización de la deuda. Dejando que los malos negocios se hundan, no rescatándolos. Las distorsiones deben ser eliminadas o de otro modo el precipicio al que caerá de forma inevitable el sistema se hará cada vez mayor.

Mises empezó a obtener algo del respeto que se merecía cuando su «Theorie des Geldes» se publicó finalmente en inglés en 1934. Es una pena que fuera preciso que se produjera un desastre de tal magnitud para que la gente prestara atención a lo que era la erudita explicación predictiva de lo que estaba ocurriendo.

Pero entonces, la mala suerte de Mises vino acompañada en 1936 del libro de John Maynard Keynes The General Theory of Employment, Interest and Money (Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero). Keynes era pulcro, fresco y sofisticado. Incluso escribía en inglés. Y el tipo tenía agallas, luchó sin miedo la batalla contra el desempleo dirigiendo la imprenta de la moneda y vaciando las arcas del Estado.

Su libro estaba salpicado de matemáticas extravagantes (incluso letras griegas) y eso significaba rigor, modernidad. Para empeorar las cosas, Keynes ni siquiera refutó a Mises, lo ignoró.

El pasado Miércoles, The Economist escribía un interesante artículo sobre el olvido a las teorías de Mises en esta crisis, todas las medidas que se han tomado, casi unánimemente, han sido de corte Keynesiano, acudiendo a rescates en vez de dejar caer a los culpables.

Si estamos en el libre mercado, debemos estarlo con todas sus consecuencias y “dejar estar” significa también dejar caer, nada de mezclas.

¿Que creéis que habría ocurrido si se hubiese dejado en su día al mercado corregir los errores que él mismo cometió?  ¿Ha sido el culpable de la crisis el capitalismo o lo ha sido el intervencionismo del estado en el campo monetario?.

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Vaivenes millonarios

Nota del autor: La siguiente es una nota de ficción financiera, basada en hechos que pueden (o no) ser tomados de la experiencia práctica del narrador.

El objetivo de la misma es plantear aspectos importantes de la relación siempre asimétrica entre el asesor financiero y el cliente inversor, y aprender al mismo tiempo del proceso de toma de decisiones de inversión en tiempo real.

Lunes 4 de agosto de 2008

hotel-175x151 Vaivenes millonariosMarcos salió del restaurante convencido de haber realizado un buen trabajo y conseguido un nuevo cliente. Al principio se había mostrado un tanto dubitativo frente a las preguntas de Horacio, pero con el correr de los minutos sintió que lograba transmitir  con seguridad su filosofía de inversión y que aquél “compraba” su discurso. Para cuando la conversación giró hacia temas más vinculados con su currículum, sus gustos y amistades, pudo percibir cómo se afianzaba el clima de confianza que pretendía generar en ese tipo de encuentros.

Al despedirse, notó que Horacio evaluaba la posibilidad de contratarlo en ese mismo momento como su nuevo “administrador de cartera”. Sin embargo, como era de esperar, debió conformarse con un simple “nos mantenemos en contacto”.

Para cuando el aparcacoches del hotel de donde se había celebrado el encuentro le acercó el coche, Marcos ya había calculado mentalmente en cuánto se incrementarían sus ingresos si sumaba a Horacio a su porfolio: éste le había hablado de 2 millones de dólares para invertir, y dado el 1% fijo anual de gastos administrativos que les cobraba a sus clientes más el 15% sobre las ganancias obtenidas con el capital, estimó su ingreso en unos 52.000 dólares anuales, cifra nada despreciable que lo acompañó durante todo el trayecto hasta su oficina.

Al llegar, su secretaria le dijo que no había recibido llamadas importantes, por lo que se dirigió directamente a su escritorio dispuesto a seguir las últimas dos horas de operaciones del mercado.

Martes 5 de agosto

pantalla-175x150 Vaivenes millonariosMarcos llegó más temprano que lo habitual a su oficina. Después de encender la computadora, decidió evaluar la situación actual de su cartera y sus perspectivas: tenía bajo administración 6,3 millones de dólares propiedad de dos clientes, Juan S. y Sebastián N., a quienes conocía desde los tiempos en que trabajaba en BankBoston de Argentina, hoy Standard Bank.

En lo que iba del año, el S&P 500 había subido apenas 3,2%, mientras que su cartera se había incrementado en un 3,7% gracias a la correcta decisión de asignar desde principios de año un 20% del total de los fondos a distintos ETF de mercados emergentes.

Marcos pasó el resto del día evaluando alternativas de inversión: oro, petróleo y un ETF de bienes raíces. Mientras tanto, el mercado comenzó a caer producto de malas noticias en el sector financiero: la crisis de las subprime (hipotecas con alto riesgo de incobrabilidad) golpeaba nuevamente a las plazas internacionales.

Miércoles 6 de agosto

A las 14  recibió la llamada tan esperada: Horacio habló con su secretaria y solicitó las instrucciones para la apertura de cuenta y su posterior fondeo.

Entusiasmado, Marcos siguió analizando potenciales inversiones mientras el mercado y su cartera parecían no encontrar suelo y perdían alrededor del 1,50% por segundo día consecutivo.

Las ganancias marginales del año para el S&P 500 y su porfolio prácticamente se habían evaporado, hecho que preocupaba pero no angustiaba a Marcos, conocedor de los vaivenes del mercado y consciente de la necesidad de mantener la calma en épocas de alta volatilidad. Proyectaba cambios favorables para lo que quedaba del año mientras recordaba aquella máxima según la cual las acciones norteamericanas observan sus mínimos anuales en octubre y registran su mejor rendimiento entre ese mes y marzo.

Por lo tanto, reflexionó, sería conveniente armar una cartera menos correlacionada con el mercado que la actual, siguiendo el rendimiento del S&P 500 pero moderando los movimientos a fin de limitar las pérdidas en caso de bajas y las ganancias en caso de subas. Sabía que la mejor forma de hacerlo era reduciendo la Beta, es decir, el coeficiente de correlación entre sus títulos y el índice de referencia.

“Los porfolios manager profesionales son evaluados por el rendimiento que logran en comparación con el resto del mercado. Por lo tanto, mi misión será ganarle al S&P 500”, se dijo, y comenzó a buscar activos “defensivos” o con Beta bajo para reemplazar los actuales “ofensivos”.

Jueves 7 de agosto

Brian, la persona que lo atendía en forma directa en el broker con el que trabajaba, lo llamó al mediodía para confirmarle que había recibido un depósito de 2 millones de dólares en una cuenta a nombre de Horacio L. vinculada -como dictaba la norma- a una cuenta madre a nombre de Financial Reports S.A., la sociedad que él mismo manejaba. De esta manera, el total administrado por nuestro protagonista ascendía a 8,1 millones de dólares una vez contabilizada la pérdida de los últimos días.

A los pocos minutos, su secretaria le informó que tenía a Horacio en el teléfono. El nuevo cliente quería confirmar la transferencia y desearle éxitos. Marcos le agradeció la confianza y, tras cortar, decidió no perder un segundo más y ponerse en acción: vendió los papeles de Beta alto (los ETF emergentes, algunas acciones de empresas tecnológicas y el ETF del Russel 2000 -el índice de PyMEs estadounidenses-) y compró el ETF del oro, papeles de consumo masivo y de empresas de salud. Luego colocó la totalidad de la posición de Horacio replicando las inversiones realizadas para Juan y Sebastián y justo antes del cierre del mercado concluyó la operación. Ahora la Beta de la cartera había bajado a 0,52, desde los 0,98 anteriores. De esta forma, si el S&P 500 caía un 1%, su cartera debía caer aproximadamente 0,50%, y si el índice subía 2%, su cartera debía ganar alrededor de un 1%.

Se aseguró de que la Beta de la cartera estuviera bien calculada realizando un promedio ponderado de las Betas de los activos que la componían en función de su participación en el total y se retiró de la oficina horas más tarde.

Viernes 8 de agosto

Varios minutos antes de que abrieran los mercados en los EE.UU. un fuerte rumor ganaba peso y derrumbaba las bolsas europeas: uno de los bancos grandes de Norteamérica estaría a punto de quebrar debido a la creciente morosidad de sus deudores hipotecarios y del retiro masivo de depósitos de sus clientes.

Los futuros del S&P 500, el Dow Jones Industrial y del Nasdaq presagiaban lo peor. En la apertura, los tres índices abrieron con un fuerte gap bajista, esto es, con una brecha importante y a la baja respecto de los valores del último cierre. La caída se fue profundizando con el correr de las horas y el cierre encontró al S&P derrapando un 3,5%.

Marcos miró de reojo el rendimiento de su cartera: -2,2%. Un sabor agridulce lo invadió: si bien estaba perdiendo menos que el mercado, no dejaba de hacerlo. Hubiera preferido haber vendido toda la posición el día anterior en lugar de solamente bajar la Beta de la cartera, pero sabía que en el mundo financiero no había lugar para los pensamientos melancólicos. “A la hecho, pecho”, dijo en voz alta y se mentalizó para que el traspié no lo amargara.

Lunes 11 de agosto

preocupa Vaivenes millonariosLa nueva semana comenzaba cargada de nerviosismo. Los bancos y las financieras vinculadas con las hipotecas seguían en caída libre y los índices, perdiendo terreno pese a algunos rebotes intradiarios.

Marcos miró el reloj de pared de su oficina con cierta desazón: el día había pasado y su cartera había bajado otro 1,55% frente al descenso del 2,95% del mercado. A lo lejos escuchó a su secretaria despedirse pero no tuvo fuerzas siquiera para contestarle. Horacio tenía 74.000 dólares menos que al comienzo, mientras que el capital del porfolio que administraba se había reducido en nada menos que 546.000 dólares.

Sabía, porque ya había vivido experiencias similares, que Juan S. y Sebastián N. no estarían demasiado preocupados, pero no podía adivinar el estado de ánimo de su nuevo cliente. De todas maneras, pensó, podía defender su gestión: desde que redujo la Beta de la cartera el mercado había cedido cerca de un 6,5% y sus cuentas, un 3,7%.

Martes 12 de agosto

Marcos llegó más temprano que de costumbre a su oficina. Su secretaria se asombró al encontrarlo sumamente concentrado en las pantallas de cotizaciones. Había dormido mal la noche anterior, aunque al amanecer una sensación de seguridad le trajo cierta calma: tras analizar la situación, llegó a la conclusión de que el mercado había estado sobreactuando en su caída y que el rebote era inminente.

Aprovechó la primera apertura tranquila del mercado en los últimos días para hacer un nuevo rebalanceo de la cartera. Vendió los papeles de bajo Beta adquiridos recientemente y se posicionó en activos con Betas iguales o mayores a 1 (activos “ofensivos”).

En el preciso instante en que desde el broker le confirmaron la última operación, su secretaria le pasó un llamado que esperaba: con la voz nerviosa y hasta temblorosa, Horacio le recriminó las pérdidas sufridas en tan poco tiempo. Marcos le ofreció encontrarse ese mismo día para almorzar y una hora más tarde se estaban saludando -esta vez, de manera más fría y distante por parte de Horacio- en el mismo hotel del primer encuentro.

Marcos dejó que Horacio hablara primero sin interrumpirlo. En estas situaciones solía preguntarse cuánto de común tendría su tarea con la de un psicólogo. Entonces, una vez que Horacio calló, Marcos se plantó firme y le recordó lo hablado la primera vez: él había sido contratado para ganarle al mercado, para lograr un mejor rendimiento que éste, tanto en las alzas como en las bajas, tarea que al fin y al cabo estaba cumpliendo. Abrió su notebook y le enseñó las planillas de excel con los resúmenes de las cotizaciones y las cuentas. Asimismo, le ofreció la posibilidad de que retirar el dinero sin pagar un centavo de comisión. Horacio no tuvo más remedio que retroceder y terminar pidiendo disculpas por el arrebato, disculpas que enseguida fueron aceptadas por Marcos.

Antes de despedirse, Marcos le contó sobre las operaciones realizadas ese mismo día y le advirtió sobre un probable incremento de la volatilidad de la cartera.

Miércoles 13 de agosto

Los cables inundaban los monitores de operadores y analistas: quince minutos antes de que abriera el mercado la Reserva Federal (Fed) de los EE.UU. anunciaba su decisión de rescatar a los bancos en problemas, hecho que despejaba al menos momentáneamente los fantasmas de default en las entidades comprometidas.

El timing no podía haber sido mejor. Un rally alcista se impuso con fuerza y los mercados subieron durante todo el día. Al final de la jornada el S&P había ganado un 3,5% -incluyendo cierta recuperación observada minutos antes del cierre previo, cuando los rumores comenzaron a correr- y su porfolio, un 4,2%.

El valor de mercado de la cartera totalizaba ahora los 8,5 millones de dólares, mientras que el saldo de Horacio regresaba a los 2 millones. “¡Al fin un buen día!”, celebró Marcos y cerró la puerta de su oficina.

Jueves 14 de agosto

El alza del miércoles se consolidó el jueves con otra del 1,50% del S&P. Su apuesta volvió a ganarle al promedio y aumentó un 1,80%. El mercado hacía honor a su fama de ciclotímico y ahora los mismos que días atrás veían sólo nubes negras en el horizonte, no dejaban de alabar a la Fed por sus rápidos reflejos. Marcos tomó nota, se acercaba el momento de vender.

Viernes 15 de agosto

cuentas-175x129 Vaivenes millonariosHoracio llamó a primera hora de la mañana. Deseaba retirar sus fondos al final del día. Decía “no tener estómago” para tanta variación de precios. La llamada no sorprendió a Marcos. Lo tomó con la naturalidad de quien espera suceda un hecho en principio negativo pero necesario. Contabilizando la subida de los activos al cierre, el saldo de Horacio ascendía a 2,1 millones de dólares. Había ganado, después de tantas idas y vueltas, 100.000 dólares en apenas 15 días.

Marcos afinó el lápiz para calcular su comisión por los servicios prestados. Aunque estaba en su derecho, no cobraría el proporcional del 1% en concepto de gastos administrativos, por lo que el monto a percibir totalizaba 15.000 dólares, el 15% de las ganancias de Horacio.

El vínculo contractual había finalizado y Marcos sabía que no debía buscarle responsables al hecho. Es más, estaba convencido de que era lo mejor para ambos. Para el futuro se prometió ser más claro con sus potenciales clientes en relación con las condiciones que deben reunirse para realizar este tipo de inversiones y no dejarse llevar (tanto) por las emociones. Al fin y al cabo, de subidas y bajas está hecho este mundo.

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