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La inflación es la madre del paro, y la ladrona invisible de quienes han ahorrado
Margaret Thatcher
O como diría el económico de Roosevelt, Leon Henderson
Tener un poco de inflación es como estar un poco embarazada
Muchas veces os habréis preguntado por qué los economistas tienen esa preocupación, en ocasiones obsesiva, sobre el control de los precios. Cuando la mayoría de nosotros piensa en la inflación, la vemos como una molestia menor que provoca la subida de los precios de forma paulatina, incluso cuando no la tenemos la echamos de menos. La inflación puede moverse mucho más rápido de lo que la mayoría en el mundo occidental está acostumbrada. De hecho, la inflación puede subir tan rápido que literalmente puede paralizar una economía y poner de rodillas a los países. Para demostrarlo nada mejor que mirar los peores ejemplos de inflación durante los últimos 100 años.
Cuando la mayoría de la gente piensa en una mala inflación, Zimbabwe suele ser el país que viene a la mente, hace unos meses recibíamos constantemente noticias sobre la increíble velocidad a la que la divisa del país perdía valor.
Remontándonos a 1980, el dólar de Zimbabwe valía unos 1,25 USD. No obstante, la caída de la economía dio lugar a una inflación galopante. Muchos consideraron que el origen de la hiperinflación se encuentra en la decisión de Robert Mugabe de quitarles tierras a los agricultores blancos para dárselas a los negros, lo que provocó que la producción de alimentos y los ingresos derivados de su exportación cayeran en picado. En 2004, la inflación del país alcanzó el 624 por ciento, y en 2006 se elevó al 1.730 por ciento. En junio de 2007, la inflación de Zimbabwe subió hasta el 11.000 por ciento interanual, y para hacer frente a la misma, el Bank of Zimbabwe emitió billetes valorados en 100 y 200 millones. Diez días después, se emitieron más billetes por valor de 500 millones de dólares de Zimbabwe, que equivalían a 2,5 dólares americanos. Esto continuó hasta el punto en que se emitieron billetes por valor de 100 mil millones de dólares y las previsiones de inflación del país alcanzaron los 9.000.000 %, lo que hizo que el valor de la divisa de Zimbabwe fuera de 688 mil millones de dólares por dólar estadounidense. Según parece, la inflación alcanzó su máximo en noviembre de 2008 con un tipo de interés del 89.700.000.000.000.000.000.000 por ciento. Finalmente, se dejó de utilizar la divisa y solo se usaron monedas extranjeras.
Europa, relativamente estable en estos momentos respecto de la inflación, pasó por períodos muy difíciles con ella.
Alemania tuvo su propio periodo de inflación en 1923, después de la Primera Guerra Mundial. En 1922, el valor máximo de la moneda alemana fue de 50.000 marcos. Sin embargo, en 1923, se emitieron billetes por valor de 100.000.000.000.000 marcos, a un tipo de cambio en diciembre de ese año de 4.200.000.000.000 marcos por USD. La tasa de inflación del país finalmente alcanzó el sorprendente 325.000.000% al mes, lo que significaba que los precios se duplicaban cada dos días. La gente literalmente cogía carretillas llenas de dinero para comprar una barra de pan.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Hungría pasó por la peor inflación de su historia entre 1945 y julio de 1946. En 1944, el máximo valor que se emitió en moneda húngara fueron 1.000 pengos. A finales de 1945, el nuevo billete de mayor valor fue de 10.000.000 pengos y en 1946, 100.000.000.000.000.000.000 pengos. Para solucionar la situación, se emitieron dos divisas distintas cuando la inflación alcanzó el 130.000.000.000.000.000 por ciento al mes, lo que dio lugar a que los precios se duplicaran cada 15 horas.
Polonia pasó por una hiperinflación después de la caída de la Unión Soviética, de 1989 a 1991. En 1989, la máxima denominación de los złotys fue de 200.000, en 1992 alcanzó los 2.000.000. A finales de agosto de 1992, el tipo de cambio era de 19.600 złotys por USD.
En Ucrania, después de que se sustituyera el rublo soviético por el karbóvanet, la mayor denominación fue de 1.000 karbovantsiv. En 1995, la máxima denominación alcanzó el 1.000.000. El tipo de cambio finalmente alcanzó los 1.400 al mes. En la actualidad, Ucrania ostenta el récord de mayor inflación en un año, alcanzado en 1993.
3. Sudamérica
Recientemente, Sudamérica ha pasado por una inmensa inflación a medida que los países en vías de desarrollo montaban en la montaña rusa para convertirse en países desarrollados. A continuación mostramos algunos ejemplos de la inflación sudamericana.
Argentina pasó por su peor inflación entre 1975 y 1991. En 1975, la máxima denominación era de 1.000 pesos, pero en 1976 subió hasta 5.000. Tres años después alcanzó los 10.000 pesos y en 1981 el 1.000.000 de pesos. La reforma monetaria dio lugar a un nuevo peso argentino cuyo valor ascendía a 10.000 pesos en 1985. En 1992, una vez superada la crisis económica, un peso de 1992 valía 100.000.000.000 pesos anteriores a 1983.
Bolivia pasó por su peor inflación durante los 80, entre 1984 y 1986, siendo su máxima denominación 1.000 pesos bolivianos en 1984. A finales de 1985, la máxima denominación fue de 10.000.000 pesos bolivianos. Esto colocó el valor de la divisa a 1.000.000 pesos por cada 55 céntimos de la moneda americana.
Brasil tuvo la peor inflación de su historia entre 1986 y 1994, momento en que la inflación subió de forma dramática. La inflación total del país alcanzó un máximo de 2.075,8 por ciento al final de la crisis.
China ha tenido ejemplos de hiperinflación remontándonos a antes del siglo XX, pero la República de China tuvo su peor inflación entre 1948 y 1949. En 1947, la máxima denominación de su moneda fueron los 50.000 yuanes, pero a mediados de 1948 alcanzó los 180.000.000 yuanes. La reforma monetaria de ese año dio lugar al yuan dorado que sustituyó al antiguo yuan, con un tipo de cambio de 1 yuan dorado igual a 3.000.000 yuanes. Sin embargo, a finales de 1948, se emitió una denominación de 10.000.000 yuanes dorados, y en 1949 se introdujo el yuan de plata, cuyo valor equivalía a 50.000.000 yuanes dorados.
Filipinas experimentó su propio período de hiperinflación cuando los japoneses las ocuparon durante la Segunda Guerra Mundial. Los japoneses emitieron su propia moneda, declarando ilegal la otra moneda como divisa de la guerrilla. La divisa fíat emitida por el gobierno japonés finalmente perdió su valor, y muchas personas acabaron llevando maletas llenas de dinero para comprar artículos baratos.
Incluso Estados Unidos no ha resultado inmune a la hiperinflación, sin embargo, los ejemplos más comunes datan de los siglos XVII y XIX, durante momentos de crisis para el país. Durante la Guerra Revolucionaria, el Congreso emitió la divisa continental, pero la moneda pudo ser falsificada muy fácilmente y ello hizo que su valor cayera rápidamente dejándola casi sin valor.
Durante la Guerra Civil americana, los estados confederados emitieron su propia divisa y eso provocó que el precio del índice de precios de materias primas de Lerner para las principales ciudades de la confederación del este subiera de 100 a 9.000. A medida que la Guerra Civil seguía su curso, entre 1861 y 1865, el dólar confederado fue perdiendo cada vez más valor, hasta justo antes del final de la guerra, cuando perdió todo su valor. Desde que el Sur perdió la guerra en 1865, se dejó de utilizar la divisa para volver a adoptar el dólar americano de nuevo.
Como véis, a salvo de la inflación parece que sólo está la Antártida.
Japón está lleno de contradicciones y para muestra de ello os dejo esta foto sacada en un mercadillo y publicada en la web Kirai (un geek en Japón)
Tenemos de todo, simbología nazi, simbología antinazi, el che, la bandera americana con el símbolo de la paz… vaya lío….
Como esta crisis los nipones nos llevan 20 años de ventaja, estas contradicciones también nos están llegando a los indicadores económicos. Si miramos los últimos datos del IPC uno se queda como estaba, no sabría decir si los precios suben o bajan. Si escuchamos las últimas declaraciones de Trichet o Bernanke tampoco nos ayuda mucho a salir de la duda y es que según donde miremos nos encontramos con que estamos tanto en un periodo inflacionista (por ejemplo, el de las materias primas) como en uno deflacionista (por ejemplo el de la vivienda). ¿En que quedamos?.
Esto es como el pin de la bandera americana con el símbolo de la paz, lo mismo y lo contrario a la vez, así que puestos a ponerle un nombre lo bautizamos como ”biflación”, un concepto descrito por el economista F. Osborne Brown en 2003 y que poco a poco va ganando adeptos en los medios económicos. El término se define generalmente como la inflación y la deflación que ocurren simultáneamente en diferentes partes de la economía, específicamente, el aumento de precios de los productos básicos que se comercializan en los mercados mundiales y la caída de los precios por las cosas compradas con tarjetas de crédito en el país, como casas y automóviles. Al tratarse de un concepto emergente, muchos economistas están en desacuerdo con lo que se refiere a su definición. A pesar de ello, su definición más popular es la de que se trata de un escenario económico donde la inflación de los activos basados en los productos básicos se produce junto a la deflación de los activos basados en la deuda.
Me resulta sorprendente que se hable justo ahora de la biflación, ¿o es que no tuvimos biflación incluso antes de la crisis?. Basta con ver como ciertos productos tales como las televisiones, pequeños electrodomésticos, juguetes, e incluso los viajes estaban pasando por un proceso deflactario mientras que los alimentos, la gasolina, la electricidad y la vivienda (antes de la crisis) estaban pasando por la inflación.
El problema no es que los síntomas sean ahora los mismos que hace 5 años, lo grave es que la enfermedad es distinta, antes teníamos deflación debido a la reducción en los costes productivos ahora la tenemos por la debilidad de la demanda al igual que la inflación no se debe a nuestra demanda doméstica si no a la internacional. Dicho de otra manera, sube lo que se compra en China e India y baja lo que se compra en EEUU y Europa. Que cosas…
Resolver este problema es como la raíz cuadrada de menos uno, tendremos que utilizar herramientas “imaginarias”, vamos que basta con subir y bajar los tipos a la vez, y cambiar a Trichet y Bernanke por el Rey de corazones y un conejo blanco.
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Biflación.
El verano es una de las mejores épocas para leer, y como por aquí somos gente que cuando lee los pilares de la tierra lo que realmente nos preguntamos por el coste de la obra, os recomiendo 10 obras cuyo argumento principal es el dinero (aquí tenéis el primer artículo sobre literatura clásica)
1. El dinero
Publicada en 1891, la obra de Emile Zola trata de la especulación financiera y sus altibajos. Inspirada en el colapso de la entidad financiera l’Union Generale, su personaje protagonista, Aristide Saccard recauda dinero para establecer un banco, supuestamente para respaldar proyectos en Oriente Medio, pero fundamentalmente para enriquecerse. Saccard incrementa su patrimonio en la bolsa de París, incluso comprando periódicos para ensalzarlo, y todo va bien hasta que la burbuja estalla. Emocionante.
2. El mundo en que vivimos
Augustus Melmotte, el misterioso financiero y personaje central de la obra maestra de Anthony Trollope, es uno de los grandes personajes de la ficción del siglo XIX. Un Madoff victoriano que atrae a los londinenses adinerados a un plan de enriquecimiento rápido para construir el ferrocarril de California a México. Ninguno de sus patrocinadores pregunta cómo o cuándo verán los beneficios del ferrocarril. Esta magnífica novela de 1875 trata de mucho más que el dinero, habla de la hipocresía de la clase y el antisemitismo, aunque la codicia y la especulación financiera son el núcleo de la obra.
3. Dinero
La salvaje sátira de Martin Amis nos muestra al codicioso y depravado John Self, que despilfarra el dinero en todo lo que no debería, alcohol, drogas, pornografía, comida basura, al intentar realizar su primer largometraje. Oscura, divertida y descaradamente sucia.
4. El pozo
Esta novela de Frank Norris de 1903 sobre el comercio de materias primas en Chicago tiene como protagonista a Curtis Jadwin, quien intenta acaparar el mercado del trigo haciendo subir el precio del grano. Acaba perdiendo su fortuna, pero el amor triunfa al final.
5. Madame Bovary
Sexo ilícito y romance (la pobre Emma Bovary no recibe mucho amor) podrían constituir el núcleo de la obra maestra de Gustave Flaubert, que se publicó por primera vez como libro en 1857. Sin embargo, la deuda es la heroína del error fatal. El deseo de Emma de vivir una vida lujosa (para escapar al tedio de la vida en la provincia) la conduce inexorablemente al vacío, finalmente a… (no debemos revelar el final). Conmovedora.
6. ¿Cuánta tierra necesita un hombre?
El relato corto de León Tolstoi retrata a Pahom, un campesino que comienza la narración fanfarroneando acerca de que si poseyera mucha tierra no temería a nada, ni siquiera al mismísimo diablo. Por desgracia para él, el diablo estaba sentado detrás de su estufa y decide enseñarle una lección. El diablo se venga alentando su codicia.
7. El financiero
Desde una temprana edad, a Frank Algernon Cowperwood, el antihéroe de la novela de Theodore Dreiser de 1912, solo le interesa una cosa, ganar dinero (aunque también está bastante viciado por el poder y las mujeres). Llena de doble juego y traición, El financiero es una crítica mordaz al sueño americano.
8. Martin Chuzzlewit
Los problemas de dinero aparecen en muchas novelas de Charles Dickens, pero Martin Chuzzlewit es una de ellas debido al fraude de seguros, al estilo Ponzi, de la compañía de préstamos y seguros de vida desinteresada anglo-bengalí, que es crítico en su argumento. Varios personajes principales se ven envueltos en el fraude que estalla arruinando a muchos de ellos. Una rica fiesta.
9. El diablo de la botella
El relato corto de Robert Louis Stevenson ofrece un cuidado giro inesperado al cuento convencional de hacerse rico rápidamente. Se centra en una extraña botella que contiene un diablo que concederá a quienquiera que posea la botella cualquier cosa que desee. La trampa es que el dueño de la botella tiene que venderla por menos de lo que pagó por ella. El que se quede con la botella al morir estará condenado eternamente. A medida que la historia avanza, el precio de la botella se reduce hasta que casi llega a cero, pero siempre hay alguien dispuesto a asumir el riesgo de comprarla.
10. El Conde de Monte Cristo
La magnífica obra de mediados del siglo XIX de Alejandro Dumas que te engancha hasta el final, nos descubre la trama de Edmond Dantes para vengarse del canalla que le llevó a prisión por traición. Después de un camino largo y tortuoso aparece finalmente en París como el fabulosamente rico Conde de Monte Cristo, título que compró durante sus viajes. El Conde manipula el mercado de bonos del gobierno para destruir gran parte de la fortuna de su enemigo. La mala suerte en el mercado de valores hace el resto.
Timos piramidales, burbujas que estallan, el trigo por las nubes, especulación en bonos de los gobiernos… Ya nos avisaba la literatura hace más de 100 años.
PD: Hoy es un día duro para mi ya que se me han acabado las vacaciones, nos leemos en la zona de comentarios.
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Literatura clásica (II)
Cada crisis se ha caracterizado por la explosión de una burbuja nueva, de tal manera que a lo largo de tu vida siempre estarás pillado en una. ¿Que eres un inversor arriesgado? Te pilló la de los .com ¿Que eres un inversor de lo más conservador? entonces la que te pilló es la inmobiliaria ¿Que pasas de invertir? entonces te pilla la seguridad social. Esta crisis que padecemos ahora parece tener una cierta peculiaridad y es que se trata de una burbuja de burbujas, veamos cuáles son 5 de ellas.
1. Inmobiliaria: Poca literatura que añadir aquí. No obstente tenemos que andar con mucho ojo no vaya a ser que estalle la burbuja inmobiliaria China. ¿O es que ellos van a ser inmunes?
2. Bonos: El mercado de los bonos se ha encontrado en una situación alcista desde comienzos de los años 80, con los precios del Tesoro estadounidense subiendo, y bajando las rentabilidades. ¿En qué momento un mercado alcista se convierte en una burbuja? Muchos han estado esperando una subida de las rentabilidades de los bonos durante años, y éstas siguen cayendo, tanto que incluso a principios de año estaban a tipo de interés negativo.
Históricamente los ciclos de los bonos suelen durar unos 30 años. Aunque los mínimos (como el de 1981) suelen invertirse muy rápidamente, los máximos (¿como el que estamos viviendo ahora?) suelen tardar entre 2 y 14 años en desplegarse, los máximos de los mercados de los bonos se suelen asociar a situaciones de depresión económica.3. Materias primas: Los precios de las materias primas pueden haber sido considerados una burbuja antes de que se dieran el batacazo (junto con todo lo demás) en la crisis crediticia. Desde entonces, el petróleo, las materias primas agrícolas, y en especial el oro, han rebotado bruscamente. El argumento para justificar los precios más elevados de las materias primas, con frecuencia se centra en la demanda de los mercados emergentes (en particular del chino). Aunque veo cómo este factor puede conducir a largo plazo a la inflación de los precios de las materias primas, me preocupa más que el estallido de otras burbujas mencionadas aquí (en especial la deuda) anegue los precios de las materias primas.
4. Bolsas: algunas burbujas bursátiles son bastante obvias, como la del NASDAQ en 2000. Otras lo son menos. La mayoría no se identificarán como tales hasta que sea demasiado tarde y ya hayan estallado. ¿Son las bolsas una burbuja en estos momentos? La mayoría de la gente diría que ni están extremadamente sobrevaloradas ni infravaloradas en estos momentos, según las previsiones de ingresos actuales. Pero si esas previsiones están mal, se perderán todas las apuestas. Si las demás burbujas mencionadas aquí empiezan a estallar, ya sea una cada vez o todas al mismo tiempo, esas previsiones no tendrán sentido.
5. Deuda: la deuda, tanto de los consumidores como la del estado, es probablemente la mayor, y posiblemente la más peligrosa burbuja de todas. Hasta el momento hemos experimentado temblores en los mercados crediticio y bursátil debido a los excesos de la deuda pública de muchos países europeos, y al deterioro de los indicadores económicos fundamentales. El nivel de endeudamiento público estadounidense está muy próximo a cifras consideradas peligrosas.
La deuda no es solo un problema en sí mismo, sino que limita nuestras opciones de arreglar los problemas estructurales a los que nos enfrentamos. Hemos seguido bailando al son de los tambores keynesianos, «resolviendo» una crisis tras otra, con dosis cada vez mayores de deuda . Tapar deuda con más deuda, como es lógico, no
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