Decodificando a Warren Buffet

warren1 Decodificando a Warren BuffetWarren es, sin duda, el inversor estrella de todos los tiempos en el ambiente bursátil. En este post, utilizaré mi propia experiencia en el mercado para analizar y decodificar sus más célebres dichos, buscando que el lector pueda entender y ampliar los conocimientos de uno de los hombres más sabios del mundo en temas financieros y trasladar estos secretos a sus propias inversiones.

A continuación, 8 Consejos de uno de los hombres más ricos del mundo (y el único del Top 10 que hizo toda su fortuna en la Bolsa) analizados al detalle.

No intente predecir la dirección del mercado de valores, la economía, los tipos de interés o las elecciones.

Los analistas más prestigiosos siempre terminan en algún momento quedando en ridículo al errar sus pronósticos sobre los escenarios futuros para la bolsa, la economía, las tasas o las elecciones. Si eso le ocurre a personas estudiosas, generalmente docentes de las más prestigiosas universidades americanas y europeas… ¿Qué le queda para el inversor minoritario?

La solución a esto es invertir en negocios particulares, hacer micro y no macroeconomía. Detectar una empresa con un modelo de negocios simple, probado, con un management inteligente y orientado a los accionistas, con cierta historia y valores, e invertir en ella sin tratar de predecir la variación de corto plazo de las variables enunciadas anteriormente.

Si no puede ver caer un 50% su inversión sin pánico, no invierta en el mercado de valores.

warren3 Decodificando a Warren BuffetEste consejo debería ser una máxima que tiene que saber cualquier persona que está analizando invertir en bolsa por primera vez. El universo de las finanzas puede ser dividido en inversiones de renta fija e inversiones de renta variable. Para un perfil de inversor conservador, aquellos que no soportan ver variaciones en su capital porque enseguida les agarra el pánico a perder todo, la renta fija (por ejemplo los bonos) parece ser lo más apropiado, porque el desvío standard (esto es, el desvío que puede llegar a tener el rendimiento real del rendimiento esperado) es generalmente bajo.

Pero para aquellos inversores más arriesgados la renta variable es “el” lugar para estar, dado que las acciones presentan un retorno esperado que es mayor a la de cualquier otro tipo de inversión, aunque el desvío standard también aumenta.

El horizonte temporal de la inversión también es un factor a tener en cuenta para entender esto. Si la inversión es de largo plazo, entonces las variaciones de corto plazo no deberían ser motivo de preocupación.

En este sentido, Buffet exclama que si fuese por él, las bolsas podrían cerrar por tres años una vez que realiza una inversión, dada la poca relevancia que le da en lo inmediato a la variación de precios de las acciones compradas.

Existe un viejo refrán que resume un tanto estas ideas, que dice que “para ganar dinero en la bolsa hay que tener las tres P: Plata (dinero), Pelotas y Paciencia.

Nunca invierta en un negocio que no pueda entender, como tecnologías complicadas.

Este consejo puede también ser analizado desde un punto de vista emocional. Al comprar el inversor acciones de una empresa de la cuál posee información pobre o incompleta, es probable que ante un escenario de bajas repentinas la posibilidad de asustarse y sentir un fuerte deseo de vender la posición con pérdidas aumente significativamente.

El miedo a perder todo su capital, la sensación de haberse equivocado con la compra y un fuerte impulso a desprenderse a cualquier precio de la posición se vuelven predominantes, pareciera ser que las opciones son vender ahora y asumir pérdidas o quedarse y perder todo, no existe otra cosa.

En cambio, cuando se invierte en acciones sobre las cuales previamente se ha realizado un estudio responsable, en cuanto al negocio que la misma realiza, su historia, su respuesta en otros momentos de crisis, su Management, etc… la cosmovisión del tema cambia radicalmente.

En este último caso, ante fuertes caídas posteriores a la compra, se trata de un tema temporal. El inversor está convencido que en algún momento volverá a ver a la empresa cotizando en valores iguales o superiores al precio de compra, no sabe bien cuando, podrían ser meses o años, pero confía en que la crisis pasará y la empresa seguirá estando y las cosas volverán a su sitio.

Esta seguridad lo lleva a “quedarse quieto” y no malvender su posición, a pesar de las caídas y los escenarios catastróficos que emiten los medios y los analistas.

Visto así, me parece oportuno relacionar este consejo con la ansiedad del inversor. El inversor ansioso, primero compra y después averigua, porque no quiere que se “vaya el tren”, “hay que subirse ahora o nunca”. Al inversor paciente no le preocupa que el precio de las acciones emitidas por la empresa que se encuentra analizando esté subiendo fuerte de precio en esos momentos, porque sabe que es preferible dejar pasar una oportunidad que entrar apurado en un papel del cuál no conoce demasiado.

Para terminar, la única crítica que se le puede hacer a este consejo es sobre el final, cuando pone como ejemplo “tecnológicas complicadas”. Yo diría que cualquier negocio demasiado difícil de explicar, sea tecnológico, financiero, de retail o de cualquier otra industria, son los más peligrosos para invertir.

Compre compañías con buen historial de beneficios y posición dominante de mercado.

La tentación de elegir la próxima Google es muchas veces la causante de pérdidas millonarias para los inversores. Comprar acciones de una start-up empresa que no conoce nadie y que luego “explota” es sin dudas el sueño de muchas, habida cuenta de la firma posibilidad que otorga esta situación de multiplicar varias veces el capital invertido. Pero más allá de la ganancia económica, existe también un tema emocional de ser “el descubridor”, uno de los primeros en llegar, una especia de ansias de colonización.

Seguramente que comprar acciones de empresas grandes y que ya tienen una posición de dominio en el mercado suena como algo aburrido, hasta obvio. Sin embargo, como bien dijo Warren alguna vez, generalmente los buenos negocios son aburridos.

Mantenga el perfil bajo.

warren2 Decodificando a Warren Buffet

A pesar de estar entre los 3 hombres más ricos del mundo, Buffet suele rechazar la ostentación y los lujos. Las siguientes son características de su comportamiento que ratifican esta máxima.

  • Sostiene que tiene todo lo que necesita en su casa, la que compró hace 50 años. La misma no posee rejas.
  • No tiene chofer, maneja su propio auto y tampoco cuenta con personal de seguridad.
  • Jamás viaja en aviones particulares, a pesar de ser dueño de la compañía aérea de jets privados más grande del mundo.
  • Su empresa Berkshire Hathaway es dueña de 63 compañías, y él le escribe una carta por año a cada CEO de las mismas deseándoles buenos augurios para el año próximo.
  • Jamás mantienen reuniones ni los llama regularmente por teléfono.
  • Les dio dos únicas reglas a sus directivos. Número uno: nunca perder plata de los accionistas, y número dos: nunca se olvide la regla número uno.
  • No socializa con la clase alta. Su pasatiempo cuando llega a su casa es prepararse pochoclo y mirar televisión.
  • No usa celular ni computadora.

Como se ve, la mayor virtud de este gurú de las finanzas es su brutal coherencia, realmente lo que se llama “educar con el ejemplo”.

Gran parte del éxito puede atribuirse a la inactividad. La mayoría de los inversores no resiste la tentación de comprar y vender constantemente, pero la piedra angular debe ser el letargo, bordeando la pereza.

Manejar una cartera de inversión no es un trabajo en el sentido común del término. Para un artesano, el éxito en su trabajo estará relacionado con la cantidad de artesanías que produzca, para un vendedor de seguros su éxito laboral estará relacionado con la cantidad de clientes a los cuales visite. A la hora de tomar riesgos en el mercado financiero, esta relación no solo no se cumple sino que es inversa: luego de realizada la inversión, si la apreciación fue correcta, no se necesita trabajar más, mientras mejor se desempeñe la cartera menos trabajo hay que llevar a cabo.

Este pienso que es un punto de importancia y que puede ser de gran utilidad para los inversores: es un llamado a no operar de más, a dejar correr las ganancias y a no pensar que nuestro éxito en el campo de las inversiones estará relacionado con la cantidad de operaciones que realicemos.

El trabajo duro para un inversor de largo plazo es el research, pero una vez realizada la inversión, lo único que hay que hacer es estar atento a los puntos de inflexión, que no son demasiado frecuentes.

“Las oscilaciones salvajes de precios están más relacionadas al comportamiento de los inversores que a los resultados empresarios”.

De hecho, el sentimiento que un inversor cualquiera tenga hacia el mercado dependerá en gran medida de su reciente experiencia en el mismo. Si un inversor no participó de las ganancias recientes que otros inversores si disfrutaron, se puede experimentar una suerte de depresión y nostalgia. Estos sentimientos son considerados altamente motivantes por los psicólogos.

Cuando un individuo conoce a otra persona que ganó mas en el mercado de capitales que lo que él mismo ganó trabajando arduamente, es muy probable que experimente una sensación dolorosa, que incluso tiende a disminuir el ego personal.

Es entonces que esa persona puede pensar que si pudiese participar en solamente un año de alza en el mercado, esa sensación dolorosa podría desaparecer.

Quizás, el individuo podría incluso llegar a pensar que las potenciales pérdidas podrían no ser tan importantes como soportar nuevamente estar afuera de un mercado alcista y ver como sus amigos embolsan suculentas ganancias producto de sus inteligentes inversiones, con lo cual, la única decisión segura parecería ser estar  “dentro” del mercado.

Cuando esto ocurre la bolsa puede subir exponencialmente sin que los resultados de las empresas en su conjunto justifique esto, o, por el contrario, caer estrepitosamente sin que exista una justificación tampoco.

Por ello cuando vemos movimientos muy violentos (como por ejemplo, la caída de 38% en durante el mes de octubre de 2008) debemos pensar que esto se debe más bien a motivaciones psicológicas de corto plazo por parte de los inversores y no a resultados financieros de las empresas, que, al fin y al cabo, es lo que realmente interesa.

“Sea temeroso cuando otros son codiciosos y viceversa”.

Este es uno de los consejos más famosos de Buffet. Es lo que yo llamo ir en contra del “efecto mandada”. Si un inversor quiere ganar dinero en la bolsa, debe necesariamente comprar barato y vender caro.

Aquí sucede un hecho por demás curioso. Muy pocos discuten que para comprar barato hay que hacerlo cuando la bolsa esté bajando, aunque también son pocos los que se animan a hacerlo cuando esto sucede.

Pero mi experiencia personal y de asesoramiento a inversores individuales me llevó a darme cuenta que cuesta mucho más vender caro que comprar barato. En que momento vender las acciones previamente compradas es uno de los temas más importantes de este arte que es la inversión en bolsa.

Cuando el mercado está subiendo, es común que el inversor que entró para “ganar un 10% y salir” decida ahora no vender a pesar de estar superando ese objetivo y decida quedarse un tiempo más con su tenencia porque “está todo muy firme, no voy salir a vender ahora porque esto seguirá subiendo”.

Pero cuando todo el mercado se pone codicioso (por ejemplo, durante la formación de las burbujas financieras, algo cada vez más común últimamente) es cuando las cosas se ponen realmente feas y eso debería llevar muchas veces a vender aunque exista el “riesgo” de que el mercado siga subiendo fuerte a posteriori.

Resumiendo: es necesario tener un espíritu criticador y cuestionador en el mercado, desafiando constantemente la opinión de las mayorías. Y, fundamentalmente, cumplir con los niveles de entrada y salida analizados previamente, aunque ello signifique salir a comprar en los días en los cuales todas las cotizaciones están en rojo y parecería que se viene el fin del mundo y vender cuando los analistas opinan que las subas “recién comienzan”.

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Disparando a un pájaro

 Disparando a un pájaroEn este post analizaremos dos aspectos importantes que cualquier inversor bursátil debería tener en claro antes de comenzar a invertir: la relevancia en la elección de los asesores y, luego, de su propia filosofía de inversión.

Para ello comenzaremos incorporando una distinción no muy popular (pero claramente importante) referente a la responsabilidad que tenemos como inversores al momento de elegir un asesor financiero, y, más adelante veremos una clara definición extraída de uno de los libros de finanzas más consultados de la historia que nos ayudará a dilucidar la manera mediante la cuál nos acercamos al mercado.

Disparando a un pájaro en un cuarto oscuro: claves para elegir al asesor financiero.

Así como los doctores/as son interrogados por temas de salud a toda hora y en cualquier lugar, o todos tenemos más ganas de hablar de nuestros problemas si conocemos a un psicólogo/a, los economistas (y más los que estamos activamente en el mercado) estamos acostumbrados a que nos pregunten al poco tiempo de conocernos: “¿Que va a pasar con la bolsa? ¿Sigue bajando o rebota?”- y más en tiempos tan convulsionados como los actuales.

Esto no es ninguna molestia para mí en particular, al fin y al cabo es mi trabajo y agradezco estar haciendo lo que me gusta.

Pero lo que me sigue llamando la atención es que me lo preguntan como si yo supiese a ciencia cierta la respuesta; no deja de asombrarme como muchos inversores en el fondo de su ser piensan que hay alguien (en este caso yo, pero puede ser también cualquier otra persona, desde Nouriel Rubini, Joseph Stiglitz o el ejecutivo de cuenta que los atiende ocasionalmente) que conoce con certeza que es lo que va a pasar con las acciones; en síntesis: que sabe con exactitud para donde saldrá el mercado en los próximos meses.

Esta necesidad de que alguien les diga que hacer tiene un fuerte arraigo en los deseos de delegar en otra persona la responsabilidad sobre el destino de sus ahorros, pero no al 100% (sino directamente le darían el dinero para que lo maneje un tercero si hacer preguntas); algo más o menos así: Rubini me dice que hacer, si sale mal la culpa es de él y si sale bien el que compró fui yo, la ganancia es mía y luego lo llamo para agradecer.

Lo extraordinario aquí es que muchos inversores no parecen darse cuenta de que, si las cosas salen mal, por mas que la culpa sea de otro, los que terminan perdiendo dinero son ellos mismos, no el que dio la recomendación.

Esto se complica aún más cuando la persona (el experto!) que le va a dar la recomendación tiene algún tipo de interés en lo que haga el inversor o simplemente en que haga algo, y no le importan los resultados.

Para ilustrar esto, es que pensé en el siguiente ejemplo.

Imaginemos que la bolsa es un pájaro que se mueve dentro de un cuarto oscuro. Hay mucho dinero para aquél que entre en el cuarto y, sin ver nada, dispare y acierte. Tiene solo un par de disparos.

Los inversores amateurs piensan: “esto es muy fácil, entro, espero que los ojos se me acostumbren un poco a la oscuridad, y aguardo en silencio y muy atento que el pájaro hago un ruido para saber donde está”. El tema es que el pájaro es muy engañoso, usa los ecos para hacer un ruido en un lado cuando en realidad está en otro, y la mayoría termina desperdiciando sus tiros disparando en cualquier dirección.

Pero también están los asesores financieros, que los podemos separar en dos grupos:

  • Los dueños del cuarto: Estos son la mayoría de los asesores financieros. Le cobran la entrada al inversor cuando ingresa al cuarto y también cuando sale. Aunque no les importa mucho que este acierte o no y no tienen la más mínima idea de donde se encuentra el pájaro, cuando son requeridos acerca del tema tienen preparados algunos argumentos “intelectualmente válidos” al respecto. El verdadero interés de este tipo de asesor cae de maduro: que el inversor entre y salga del cuarto la mayor cantidad de veces posible.
  • Los que acompañan al inversor dentro del cuarto: Son la minoría, pero a mi juicio, los que valen la pena. Por supuesto, no saben a ciencia cierta donde está el pájaro, pero luego de años y años entrando y saliendo del cuarto oscuro, saben que mas o menos se mueve por aquel lado, que hace ruidos a la derecha cuando en realidad está a la izquierda, que en determinados meses es más probable encontrarlo en una zona que en otra…y aciertan más de lo que se equivocan. Estos asesores entran con el inversor al cuarto y lo ayudan a disparar. Cuando este acierta, se quedan con un porcentaje de las ganancias por derribar al ave.

Es responsabilidad del inversor ser asesorado por uno u otro y entender cuales son los complejos engranajes e intereses que se mueven atrás de la simple e inocente pregunta: “¿Que va a pasar con mercado?”

Una vez que encuentro el asesor correcto lejos de terminar la cuestión acaba de comenzar: ¿debo ahora definir mi perfil de inversiones contestando la siguiente pregunta: voy a invertir o a especular?

Es común pensar en una persona que invierte dinero como un inversor, y esta definición es utilizada de forma general para todos aquellos que compran acciones, bonos, real state, etc….

Ahora bien, ¿que pasaría si el maestro de Warren Buffett, aquel que le enseño todo lo que sabe al hombre mas rico del mundo, se parase frente a usted y le dijese que, en realidad, la mayor parte de las personas que invierten en el mercado son mas especuladores que inversores y ni siquiera lo saben?

 Disparando a un pájaroAlgunas de las ideas que veremos a continuación fueron sacadas del famoso libro “El Inversor Inteligente”, de Benjamin Graham, brindándole al lector una oportunidad única para que defina su filosofía de inversión dentro de un universo de dos polos: Inversores o especuladores.

Los Inversores

Una operación de inversión es aquella que, después de un análisis, promete la seguridad del dinero (principal) y un retorno satisfactorio. Cualquier otra operación que no cumpla con estos requisitos es puramente especulativa.

La primera regla de una “inversión inteligente” dice que un inversor nunca se embarcara en una operación que no comprende en detalle y de la cual no pueda justificar su rendimiento futuro en base al estudio realizado.

Bajo esta aproximación, las inversiones se realizan de largo plazo y no se efectuan cambios en la cartera a no ser que haya variado en ese lapso algunas de las condiciones intrínsecas de la empresa elegida. Graham opina que el valor intrínseco hallado en un análisis se ve reflejado en el precio de una cotización recién a los 18 o 24 meses, en promedio.

Los inversores inteligentes ponen en riesgo su capital con un margen de seguridad, pensando en el largo plazo, y cuando compran acciones manejan el siguiente ratio: las acciones de una empresa bien elegida puede triplicar sus ganancias y cuadriplicar su valor en el mercado, mientras que las malas elecciones solo pueden perder una parte de su valor, aunque sustancial. Mientras que las ganancias son ilimitadas para las exitosas, las perdidas son limitadas para las equivocaciones.

Graham sostiene convencido que un inversor tiene que tener presente tres aspectos básicos para ser exitoso:

  1. Inteligencia promedio.
  2. Principios claros y disciplina para actuar según los mismos.
  3. Asesoramiento de gente capacitada, a quienes les hace las preguntas correctas.

Con esto en claro, sostiene que un inversor inteligente puede duplicar los retornos de los índices usualmente utilizados como puntos de referencias, como el S&P 500 o el Dow Jones Industrial.

Los especuladores

Los especuladores no tienen margen de error en sus inversiones: o están en lo cierto o están equivocados, y ganan o pierden dinero por ello al poco tiempo de realizada la operación.

Graham define 2 tipos de especuladores:

  1. Los especuladores del “Trading General”: buscan anticiparse y participar luego de los movimientos generales del mercado, siguiendo los índices generales (hoy en día operando, por ejemplo, los distintos ETFs).
  2. Los especuladores del “Trading Selectivo”: buscan seleccionar acciones de empresas individuales (picking up) con el afán de superar el rendimiento promedio del mercado.

En ambos casos el tiempo de las operaciones puede variar desde un máximo de un año hasta un mínimo de minutos (aquellos que operan intradiariamente gran cantidad de operaciones son conocidos como scalpers), y el research llevado a cabo antes de invertir no tiene nada que ver con los fundamentals de la empresa sino que se siguen otras técnicas.

Para tener en claro: ¿soy un inversor o soy un especulador?

Si el lector aún no pudo contestar esta pregunta, existe una última y genial definición que debería dar un poco luz sobre el tema: mientras que los inversores inteligentes son y se sienten dueños de las empresas más importantes del país en el que operan, y sus ingresos provienen exclusivamente de los negocios de la empresa (vía pago de dividendos o aumento de valor de la misma en el largo plazo y su consecuente incremento de precio en sus acciones); el ingreso de los especuladores proviene exclusivamente de las pérdidas de sus colegas.

Para estos últimos, la bolsa es un juego de suma cero donde uno gana lo que otro pierde.

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Disparando a un pájaro

A vueltas con los ratings

Dicen que las apariencias engañas pero también dicen que la cara es el espejo del alma.

Dicen que a quién madruga Dios le ayuda pero también dicen que no por mucho madrugar amanece más temprano.

Dicen que al que no habla dios no lo oye pero también dicen que en boca cerrada no entran moscas.

Dicen, dicen, dicen…. Y mucho se habla últimamente de la agencias de calificación de riesgo, que como en los refranes, está lleno de contradicciones.

Algunos las defienden, como Warren Buffet:

Que las agencias de rating no supieron ver la crisis y que se equivocaron en sus valoraciones es una evidencia, pero ayer en el Congreso de Estados Unidos, el famoso inversor Warren Buffet salió en su defensa: “Se equivocaron como todos”, dijo el llamado oráculo de Omaha, cuya compañía, Berkshire Hathaway, es el mayor accionista de Moody’s. Buffet excusó a las agencias asegurando que la crisis financiera fue fruto de una “mentalidad colectiva de burbuja” que consideraba que los precios no podían desplomarse: “El alza de precios es un narcótico”, admitió el inversor.

pero otro las atacan, como sus propios empleados

Ex analistas de Moody´s confiesan presiones para mejorar los ratings

Entre las palabras más polémicas que han sonado este miércoles ante el comité se encuentran las del ex vicepresidente de la unidad de derivados de la firma, Mark Froeba, que ha asegurado que estaba claro que los banqueros de inversión efectivamente controlaban a los analistas. “Esencialmente, usaron la intimidación para crear una población dócil de analistas temerosos de enojar a los banqueros de inversión y listos para cooperar”, ha afirmado.

Independientemente de quién sea el que tenga la razón (aunque uno tenga sus sospechas) lo que está claro es que en este proceso de “refundación del capitalismo” (notesé la ironía) la reforma de las agencias de calificación crediticia debería ser un elemento fundamental. Es un poco complicado, pero lo que se necesita es un mecanismo efectivo para calificar a los calificadores (y que a su vez no requiera de un mecanismo que califique al calificador, claro).

Todo el mundo reconoce que las agencias de calificación han defraudado a los inversores. Muchos productos financieros vinculados a los prestamos inmobiliarios que Standard & Poor, Moody’s, y Fitch calificaron como seguros durante los años de prosperidad, resultaron ser letalmente peligrosos. Y el problema no se limita únicamente a esos productos financieros, con emisores de otros bonos y obligaciones que eligen y compensan a las empresas que los califican, las agencias siguen teniendo grandes incentivos para recompensarlos con buenas calificaciones. Incluso recientemente hemos comprobado en nuestras carnes como su criterio evaluador afecta profundamente a la capacidad de endeudarse de un estado.

¿Qué se debería hacer? Una opción que se ha propuesto reduciría la importancia de las opiniones de los calificadores. En muchos casos, la importancia de las calificaciones proviene en parte de las exigencias legales que obligan o animan a los inversores institucionales y vehículos de inversión a mantener carteras de valores que han recibido unas valoraciones muy altas de las agencias de renombre.

La decepción respecto al comportamiento de los calificadores y el escepticismo sobre la efectividad de la regulación, han dado lugar que se quiera eliminar la dependencia regulatoria de las calificaciones. Si las calificaciones no están respaldadas por la fuerza de la ley, según este argumento, los reguladores no tendrán que preocuparse de la calidad de las calificaciones y podrán dejar el control de los calificadores en manos del mercado.

Incluso si las calificaciones ya no fueran exigidas o fomentadas por la ley, seguiría existiendo una demanda de calificaciones, así como la necesidad de mejorar su fiabilidad. Muchos inversores no pueden constatar en qué medida el elevado rendimiento de un fondo de renta fija se debe a la asunción de riesgos, y por tanto, puede de ese modo beneficiarse de una calificación de la gestora del fondo. Considerando la experiencia pasada, no podemos confiar en la reputación del mercado para garantizar que esas calificaciones sean fiables.

Otra posibilidad sería liberar el sistema de responsabilidad. Desde esta perspectiva, si los inversores pudieran llevar a los calificadores ante los tribunales, los incentivos de los calificadores mejorarían. Sin embargo, mientras esa vigilancia judicial podría ser efectiva para eliminar algunos casos flagrantes, no podría asegurar que los calificadores hicieran lo correcto cuando no se espera que los tribunales puedan pronunciarse sobre lo que es lo correcto.

No hay, por tanto, algo que pueda sustituir a los incentivos que se dan a los calificadores y que consigan que estos emitan calificaciones lo más correctas posible. Esto se puede lograr, haciendo depender los beneficios de los calificadores, no de satisfacer a los emisores que los eligen, sino de su correcta actuación con los inversores. Si los beneficios de los calificadores dependen de esa actuación, en la precisión de sus calificaciones el ánimo de lucro podría dejar de ser una fuente de incentivos perversa y empezar a proporcionarles incentivos beneficiosos.

Esto que comento se ha presentado en el senado americano y como era de esperar, encontró una fuerte resistencia de las agencias calificadoras dominantes. Standard & Poor argumentó que ese mecanismo proporcionaría a las agencias de calificación crediticia «menos incentivos para competir entre ellas, ser innovadoras, y mejorar sus modelos, criterios y metodologías.»

Pues bien, ese mecanismo reduciría de hecho los incentivos negativos de los calificadores para competir entre ellos con el fin de complacer a los emisores de valores, y para ser innovadores y mejorar para servir mejor a los inversores. Pero fortalecería los incentivos positivos de los calificadores para competir entre ellos al objeto de emitir calificaciones correctas, ser innovadores y mejorar con la finalidad de alcanzar ese objetivo más beneficioso para la sociedad.

Las agencias de calificación han sido y deberían seguir siendo un aspecto importante de los mercados de capitales modernos. Pero para que las calificaciones funcionen, los calificadores tienen que ser calificados.

En Europa andamos con la misma preocupación y la semana pasada Bruselas propuso que su control sea verificado de manera exclusiva por un supervisor europeo, la Autoridad Europea de Mercados y Valores (AEMV), que es una de las futuras cuatro nuevas instituciones previstas en la reforma del sistema financiero de la UE. La nueva autoridad controlará a las tres grandes agencias que realizan esta actividad, Fitch, Moody’s y Standard and Poor’s, así como a sus filiales europeas. Aunque viendo lo rápidos que somos en el viejo continente para estas cosas, igual lo arreglamos en la siguiente crisis.

Por tanto, para abrir el tema de debate de hoy ¿Que grado de culpabilidad asignáis a las agencias de calificación? ¿Debería haber un mayor control sobre ellas o será el mercado el que las controle?

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Problemas de familia

Hace un año y medio, cuando lo más gordo de la crisis estaba por llegar y sólamente había afectado a los ciudadanos pero no a los países, comentabamos por aquí la parábola del hijo pródigo con la siguiente conclusión.
No deja de ser asombroso, que al final al hijo que se trata bien es el [...]

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