Decodificando a Warren Buffet

warren1 Decodificando a Warren BuffetWarren es, sin duda, el inversor estrella de todos los tiempos en el ambiente bursátil. En este post, utilizaré mi propia experiencia en el mercado para analizar y decodificar sus más célebres dichos, buscando que el lector pueda entender y ampliar los conocimientos de uno de los hombres más sabios del mundo en temas financieros y trasladar estos secretos a sus propias inversiones.

A continuación, 8 Consejos de uno de los hombres más ricos del mundo (y el único del Top 10 que hizo toda su fortuna en la Bolsa) analizados al detalle.

No intente predecir la dirección del mercado de valores, la economía, los tipos de interés o las elecciones.

Los analistas más prestigiosos siempre terminan en algún momento quedando en ridículo al errar sus pronósticos sobre los escenarios futuros para la bolsa, la economía, las tasas o las elecciones. Si eso le ocurre a personas estudiosas, generalmente docentes de las más prestigiosas universidades americanas y europeas… ¿Qué le queda para el inversor minoritario?

La solución a esto es invertir en negocios particulares, hacer micro y no macroeconomía. Detectar una empresa con un modelo de negocios simple, probado, con un management inteligente y orientado a los accionistas, con cierta historia y valores, e invertir en ella sin tratar de predecir la variación de corto plazo de las variables enunciadas anteriormente.

Si no puede ver caer un 50% su inversión sin pánico, no invierta en el mercado de valores.

warren3 Decodificando a Warren BuffetEste consejo debería ser una máxima que tiene que saber cualquier persona que está analizando invertir en bolsa por primera vez. El universo de las finanzas puede ser dividido en inversiones de renta fija e inversiones de renta variable. Para un perfil de inversor conservador, aquellos que no soportan ver variaciones en su capital porque enseguida les agarra el pánico a perder todo, la renta fija (por ejemplo los bonos) parece ser lo más apropiado, porque el desvío standard (esto es, el desvío que puede llegar a tener el rendimiento real del rendimiento esperado) es generalmente bajo.

Pero para aquellos inversores más arriesgados la renta variable es “el” lugar para estar, dado que las acciones presentan un retorno esperado que es mayor a la de cualquier otro tipo de inversión, aunque el desvío standard también aumenta.

El horizonte temporal de la inversión también es un factor a tener en cuenta para entender esto. Si la inversión es de largo plazo, entonces las variaciones de corto plazo no deberían ser motivo de preocupación.

En este sentido, Buffet exclama que si fuese por él, las bolsas podrían cerrar por tres años una vez que realiza una inversión, dada la poca relevancia que le da en lo inmediato a la variación de precios de las acciones compradas.

Existe un viejo refrán que resume un tanto estas ideas, que dice que “para ganar dinero en la bolsa hay que tener las tres P: Plata (dinero), Pelotas y Paciencia.

Nunca invierta en un negocio que no pueda entender, como tecnologías complicadas.

Este consejo puede también ser analizado desde un punto de vista emocional. Al comprar el inversor acciones de una empresa de la cuál posee información pobre o incompleta, es probable que ante un escenario de bajas repentinas la posibilidad de asustarse y sentir un fuerte deseo de vender la posición con pérdidas aumente significativamente.

El miedo a perder todo su capital, la sensación de haberse equivocado con la compra y un fuerte impulso a desprenderse a cualquier precio de la posición se vuelven predominantes, pareciera ser que las opciones son vender ahora y asumir pérdidas o quedarse y perder todo, no existe otra cosa.

En cambio, cuando se invierte en acciones sobre las cuales previamente se ha realizado un estudio responsable, en cuanto al negocio que la misma realiza, su historia, su respuesta en otros momentos de crisis, su Management, etc… la cosmovisión del tema cambia radicalmente.

En este último caso, ante fuertes caídas posteriores a la compra, se trata de un tema temporal. El inversor está convencido que en algún momento volverá a ver a la empresa cotizando en valores iguales o superiores al precio de compra, no sabe bien cuando, podrían ser meses o años, pero confía en que la crisis pasará y la empresa seguirá estando y las cosas volverán a su sitio.

Esta seguridad lo lleva a “quedarse quieto” y no malvender su posición, a pesar de las caídas y los escenarios catastróficos que emiten los medios y los analistas.

Visto así, me parece oportuno relacionar este consejo con la ansiedad del inversor. El inversor ansioso, primero compra y después averigua, porque no quiere que se “vaya el tren”, “hay que subirse ahora o nunca”. Al inversor paciente no le preocupa que el precio de las acciones emitidas por la empresa que se encuentra analizando esté subiendo fuerte de precio en esos momentos, porque sabe que es preferible dejar pasar una oportunidad que entrar apurado en un papel del cuál no conoce demasiado.

Para terminar, la única crítica que se le puede hacer a este consejo es sobre el final, cuando pone como ejemplo “tecnológicas complicadas”. Yo diría que cualquier negocio demasiado difícil de explicar, sea tecnológico, financiero, de retail o de cualquier otra industria, son los más peligrosos para invertir.

Compre compañías con buen historial de beneficios y posición dominante de mercado.

La tentación de elegir la próxima Google es muchas veces la causante de pérdidas millonarias para los inversores. Comprar acciones de una start-up empresa que no conoce nadie y que luego “explota” es sin dudas el sueño de muchas, habida cuenta de la firma posibilidad que otorga esta situación de multiplicar varias veces el capital invertido. Pero más allá de la ganancia económica, existe también un tema emocional de ser “el descubridor”, uno de los primeros en llegar, una especia de ansias de colonización.

Seguramente que comprar acciones de empresas grandes y que ya tienen una posición de dominio en el mercado suena como algo aburrido, hasta obvio. Sin embargo, como bien dijo Warren alguna vez, generalmente los buenos negocios son aburridos.

Mantenga el perfil bajo.

warren2 Decodificando a Warren Buffet

A pesar de estar entre los 3 hombres más ricos del mundo, Buffet suele rechazar la ostentación y los lujos. Las siguientes son características de su comportamiento que ratifican esta máxima.

  • Sostiene que tiene todo lo que necesita en su casa, la que compró hace 50 años. La misma no posee rejas.
  • No tiene chofer, maneja su propio auto y tampoco cuenta con personal de seguridad.
  • Jamás viaja en aviones particulares, a pesar de ser dueño de la compañía aérea de jets privados más grande del mundo.
  • Su empresa Berkshire Hathaway es dueña de 63 compañías, y él le escribe una carta por año a cada CEO de las mismas deseándoles buenos augurios para el año próximo.
  • Jamás mantienen reuniones ni los llama regularmente por teléfono.
  • Les dio dos únicas reglas a sus directivos. Número uno: nunca perder plata de los accionistas, y número dos: nunca se olvide la regla número uno.
  • No socializa con la clase alta. Su pasatiempo cuando llega a su casa es prepararse pochoclo y mirar televisión.
  • No usa celular ni computadora.

Como se ve, la mayor virtud de este gurú de las finanzas es su brutal coherencia, realmente lo que se llama “educar con el ejemplo”.

Gran parte del éxito puede atribuirse a la inactividad. La mayoría de los inversores no resiste la tentación de comprar y vender constantemente, pero la piedra angular debe ser el letargo, bordeando la pereza.

Manejar una cartera de inversión no es un trabajo en el sentido común del término. Para un artesano, el éxito en su trabajo estará relacionado con la cantidad de artesanías que produzca, para un vendedor de seguros su éxito laboral estará relacionado con la cantidad de clientes a los cuales visite. A la hora de tomar riesgos en el mercado financiero, esta relación no solo no se cumple sino que es inversa: luego de realizada la inversión, si la apreciación fue correcta, no se necesita trabajar más, mientras mejor se desempeñe la cartera menos trabajo hay que llevar a cabo.

Este pienso que es un punto de importancia y que puede ser de gran utilidad para los inversores: es un llamado a no operar de más, a dejar correr las ganancias y a no pensar que nuestro éxito en el campo de las inversiones estará relacionado con la cantidad de operaciones que realicemos.

El trabajo duro para un inversor de largo plazo es el research, pero una vez realizada la inversión, lo único que hay que hacer es estar atento a los puntos de inflexión, que no son demasiado frecuentes.

“Las oscilaciones salvajes de precios están más relacionadas al comportamiento de los inversores que a los resultados empresarios”.

De hecho, el sentimiento que un inversor cualquiera tenga hacia el mercado dependerá en gran medida de su reciente experiencia en el mismo. Si un inversor no participó de las ganancias recientes que otros inversores si disfrutaron, se puede experimentar una suerte de depresión y nostalgia. Estos sentimientos son considerados altamente motivantes por los psicólogos.

Cuando un individuo conoce a otra persona que ganó mas en el mercado de capitales que lo que él mismo ganó trabajando arduamente, es muy probable que experimente una sensación dolorosa, que incluso tiende a disminuir el ego personal.

Es entonces que esa persona puede pensar que si pudiese participar en solamente un año de alza en el mercado, esa sensación dolorosa podría desaparecer.

Quizás, el individuo podría incluso llegar a pensar que las potenciales pérdidas podrían no ser tan importantes como soportar nuevamente estar afuera de un mercado alcista y ver como sus amigos embolsan suculentas ganancias producto de sus inteligentes inversiones, con lo cual, la única decisión segura parecería ser estar  “dentro” del mercado.

Cuando esto ocurre la bolsa puede subir exponencialmente sin que los resultados de las empresas en su conjunto justifique esto, o, por el contrario, caer estrepitosamente sin que exista una justificación tampoco.

Por ello cuando vemos movimientos muy violentos (como por ejemplo, la caída de 38% en durante el mes de octubre de 2008) debemos pensar que esto se debe más bien a motivaciones psicológicas de corto plazo por parte de los inversores y no a resultados financieros de las empresas, que, al fin y al cabo, es lo que realmente interesa.

“Sea temeroso cuando otros son codiciosos y viceversa”.

Este es uno de los consejos más famosos de Buffet. Es lo que yo llamo ir en contra del “efecto mandada”. Si un inversor quiere ganar dinero en la bolsa, debe necesariamente comprar barato y vender caro.

Aquí sucede un hecho por demás curioso. Muy pocos discuten que para comprar barato hay que hacerlo cuando la bolsa esté bajando, aunque también son pocos los que se animan a hacerlo cuando esto sucede.

Pero mi experiencia personal y de asesoramiento a inversores individuales me llevó a darme cuenta que cuesta mucho más vender caro que comprar barato. En que momento vender las acciones previamente compradas es uno de los temas más importantes de este arte que es la inversión en bolsa.

Cuando el mercado está subiendo, es común que el inversor que entró para “ganar un 10% y salir” decida ahora no vender a pesar de estar superando ese objetivo y decida quedarse un tiempo más con su tenencia porque “está todo muy firme, no voy salir a vender ahora porque esto seguirá subiendo”.

Pero cuando todo el mercado se pone codicioso (por ejemplo, durante la formación de las burbujas financieras, algo cada vez más común últimamente) es cuando las cosas se ponen realmente feas y eso debería llevar muchas veces a vender aunque exista el “riesgo” de que el mercado siga subiendo fuerte a posteriori.

Resumiendo: es necesario tener un espíritu criticador y cuestionador en el mercado, desafiando constantemente la opinión de las mayorías. Y, fundamentalmente, cumplir con los niveles de entrada y salida analizados previamente, aunque ello signifique salir a comprar en los días en los cuales todas las cotizaciones están en rojo y parecería que se viene el fin del mundo y vender cuando los analistas opinan que las subas “recién comienzan”.

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¿Hay talento comercial en las sucursales bancarias?

A mis manos ha llegado el Manager Business magazine nº33 de la consultora Tatum. Uno de los artículos habla de la gestión óptima del talento comercial en las sucursales bancarias. Una temática muy interesante del que comentaré en base a mi visión personal y profesional del tema, ya que de joven trabajé en una sucursal bancaria.

La gestión del talento no significa métodos para explotar más a los directores y personal de sucursal, ya aviso a los directores regionales y otros jefes de departamento vetustos que me estén leyendo.

Pensaba que las cosas cambiaron desde mis tiempos mozos, en que la gestión del talento suponía mandar emails amenazantes, gritos por teléfono y reuniones al estilo Raíces, serie mítica sobre el esclavo Kunta Kinte. Pero atendiendo a las conversaciones que en ocasiones he tenido con gente de banca que prefiere mantenerse en el anonimato (qué misterioso suena esta frase), las cosas poco han cambiado en muchas entidades.

Define David Ulrich al talento como:

Talento = Capacidad x Compromiso

Un colaborador eficaz y eficiente es aquel que dispone de habilidades personales y profesionales en constante mejora y además se involucra en los objetivos de la empresa.
La capacidad se paga con dinero, pero no el compromiso. Tome nota el vetusto directivo y mejorará en su gestión de recursos humanos.

En España tenemos más de 44.000 oficinas, de las cuales un número nada despreciables no consiguen ni ser rentables. La bonanza del sector propició la expansión de la red de oficinas con unas debilidades que afloran en el nuevo entorno de recesión:

  1. Falta de optimización del punto de venta y del personal. Hace poco un amigo me contó que fue a su oficina a pagar los impuestos trimestrales y la chica de la caja le pidió de malos modos que le quitara las grapas a los impresos, que a ella se le rompían las uñas (verídico).
  2. Escasa proactividad comercial de las oficinas, llevadas por la inercia de los buenos tiempos en que firmar operaciones no era el problema.
  3. Orientación a las operaciones grandes por volumen y desatención de la base de clientes. Si cada dos por tres cambian al personal de oficina, poco o nada conocen los empleados a sus clientes habituales.
  4. Falta de sistematización de los procesos comerciales. Qué a mi me tuvieron mil tardes llamando a los clientes para que nos domiciliaran los recibos de luz y agua. Y alguno me confundía con un comercial de la compañía.
  5. Gran dependencia de sectores en crisis profunda, básicamente el sector de la construcción, el mercado inmobiliario y determinados sectores industriales.
  6. Escasa gestión del riesgo en sucursal, que ha favorecido la galopante morosidad de los balances. Los bonus iban en función del volumen, no de la calidad crediticia.
  7. Directivos sin experiencia en la gestión de crisis.

Una rápida ojeada a estas deficiencias sistémicas de la red de oficina ya nos indica que hay mucho que hacer para mejorar. De hecho no veo muchas diferencias con las sucursales en las que yo trabajé hace más de 10 años. Salvo que nos intentan alejar de ellas con los servicios de banca a distancia y los cajeros de siempre (¿no toca ya modernizarlos?).

Si se define el talento comercial en la red de sucursales como:

Una internalización en el día a día del logro de objetivos y resultados del negocio, mediante el dominio de habilidades comerciales y profesionales, con el compromiso con un proyecto común, y la búsqueda de la excelencia en el desempeño individual y de equipo.

Podemos decir que el talento comercial no solo se basa en vender, sino cómo y qué se vende. La cuantificación del talento comercial, por tanto, no se puede basar sólo en el cumplimiento de los presupuestos impuestos por la cúpula (a veces me pregunto quién es culpable de que a mi amigo director le hagan vender robots de cocina por teléfono) sino en la profesionalidad en que se asesora al cliente y la calidad y precio de los productos financieros.

En una fórmula:

TC = f(O,IC) + f(M,H,C)

Dónde TC es el Talento Comercial.

f(O,IC) es una función con las variables Objetivos cumplidosIndicador de Clientes (satisfacción, vinculación).

f(M,H,C) una función en base a Método (metodología aplicada a la comercialización),  Habilidades (empatía, coherencia, madurez, capacidad comercial, liderazgo) y compromiso del profesional.

Todas estas variables pueden ser modelizadas y cuantificadas para detectar los mejores comerciales, los comerciales de base y los neutros y decidir en base a ello los proyectos de desarrollo comercial en cada caso.

Un equipo comercial profesional y motivado ayudará a la entidad financiera a conseguir una ventajas competitiva respecto a su competencia y, de paso, una mejor atención a sus clientes.

Tener una gestión adecuada del talento comercial en la red permite:

  • Mejorar la productividad y la satisfacción del personal.
  • Conseguir negocio recurrente.
  • La confianza y satisfacción de los clientes, que se fidelizan.
  • La identificación de nuevas áreas de negocio, proactividad y dinamismo comercial.
  • Equipos integrados, alineados y motivados (a los que no les importe romperse una uña con las grapas, vamos).
  • Un capital intelectual en las sucursales vinculado con la empresa y con poca rotación entre entidades.

Pero nunca olvidemos una cosa: el primer problemas de muchas entidades financieras reside en sus cúpulas directivas. Hay mucho mediocre con tarjeta de jefe de todo. No es aceptable poner en manos de según que gente las ingentes cantidades de dinero y poder que representa dirigir una entidad financiera. Desde políticos vestidos de banqueros hasta hijos de papá con traje de miles de euros.

Ser banquero y directivo bancario es una profesión vital para el sistema financiero y para la sociedad. Los que están en estos puestos deben ser los mejores, profesional y personalmente. Al fin y al cabo, gestionan nuestro dinero, nuestros sueños y nuestro bienestar.

Pau A. Monserrat Valentí, economista y responsable de contenidos de Bankimia.

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John Law

jlaw John LawLa figura de este escocés nacido a finales del siglo XVII tiene algo de personaje literario de novela de aventuras: hijo de un banquero o un joyero (según las fuentes), jugador empedernido, de gran atractivo físico, mató en un duelo de honor al marido de su amante (que se dice años atrás lo había sido del rey Guillermo III de Inglaterra) y eso le llevó a huir a Amsterdam, la entonces capital de la innovación económica. Hacía ya 100 años que en esa ciudad existían las sociedades accionariales de responsabilidad limitada (lo que hoy conocemos como acciones de bolsa), inventadas para poder financiar los mercaderes de forma conjunta la construcción y equipamiento de barcos que hicieran los largos y peligrosos viajes a las Indias, ya que los onerosos rendimientos requerían una amplia inversión. Con lo que aprendió allí elaboró unas ideas propias (¿por qué limitar el número de acciones a la venta, porque no crear un banco público que emitiera el dinero que hiciera falta?…) que supo llevar a cabo en Francia, país en el que llegó a ser el más querido y el más odiado en pocos años y que le hizo rico y también acabó convirtiéndolo en un fugitivo que murió en Venecia, según algunos en la casi indigencia, según otros invirtiendo su amplio capital en obras de arte, siempre sin dejar de jugar a las cartas como en su juventud.

En su tumba en Venecia dice:

En honor y memoria de John Law de Edinburgo, el más distinguido tesorero de los reyes de Francia.

law-575x282 John Law

¿Qué hizo a este personaje tan controvertido y por qué ocupa hoy un lugar en un blog de economía?

Puede haber varios motivos, por ejemplo en su libro El dinero y el comercio: una propuesta para proveer de dinero a la nación anticipaba una de las ideas más discutidas de toda la historia del pensamiento económico: la conveniencia de incrementar la circulación monetaria para estimular la actividad económica, también fue el responsable de la primera gran burbuja bursátil de la historia (y eso que en Holanda seguro debió conocer la de los tulipanes de 1630) si bien en el mundo económico fue más famoso por ser considerado el inventor del billete bancario. Y es que lo normal en su época era pagar con monedas de oro o plata, joyas o títulos de propiedad lo que ralentizaba el intercambio comercial. Por ejemplo, en Francia la Corona y sus súbditos estaban tan endeudados y faltos de metales preciosos que ni se acuñaba ni se movía capital lo que provocaba la deflación y la anemia que tenían al país entero paralizado. Seguro ese fue uno de los argumentos que utilizó para convencer al regente del trono de Francia Felipe de Orlenas – acuciado por la necesidad de aligerar el peso de la deuda pública que había dejado Luis XIV al morir-, que le concedió una autorización para poner en marcha un banco privado emisor de billetes convertibles al portador (el Banco General) en 1716.

En 1717 creó una compañía privilegiada de comercio ligada al banco (la Compañía de Occidente o del Mississippi, luego llamada Compañía de Indias), que explotaba negocios como el comercio con la Luisiana, la recaudación de los impuestos reales o la acuñación de moneda. Consiguió tantos favores porque redujo la deuda pública por la vía de pagar a los acreedores de la Monarquía entregándoles acciones de la Compañía y del Banco por lo que en 1718 el Banco General fue nacionalizado y se transformó en banco de la Corona. Law fue elevado al rango de ministro de Finanzas del rey de Francia. De este modo ligó la política monetaria del país a la buena salud de las acciones de una gran empresa. Como  director general de las finanzas controló los impuestos de toda Francia, así como la deuda pública, la emisión de dinero y la Compañía de las Indias (que a su vez controlaba el monopolio de la importación de tabaco, monopolio del comercio con África, Asia y Luisiana, que era la cuarta parte de los EUA entonces). Confiado en el éxito de un sistema en el que lo controlaba aparentemente todo (acuñó la frase “La economía soy yo”), Law aumentó la emisión de billetes muy por encima de lo que le permitían los recursos de su Banco. Hasta entonces, se entendía por dinero a las monedas de oro y plata, la novedad de Law fue hacer circular billetes cuyo valor residía en su convertibilidad en metálico; en teoría, cualquier tenedor de esos billetes podía ir al banco y convertir en oro o plata la suma expresada en ellos (de algún modo fue el inventor del patrón oro), por eso emitir demasiados sin respaldo era, de hecho, una estafa.

Una activa propaganda y unos rumores fantasiosos sobre la riqueza de Luisiana consiguieron que la cotización de las acciones de la Compañía subiera extraordinariamente, en medio de una fiebre especulativa generalizada: cuanto más subían más interés había en comprarlas. Cuando las acciones de la Compañía se vendían a diez veces su valor de emisión, Law hizo emitir tres nuevas series (ampliaciones de capital). En noviembre de 1719 las acciones cotizaban a 36 veces el valor de emisión (habían pasado de 500 a 18 mil). Por ese entonces, la gente de toda Francia iba a París a comprar acciones en tal número que los asientos de carruajes públicos estaban vendidos con días de anticipación. Los problemas empezaron curiosamente por la generosidad del dividendo, cuando a fines de 1719 se abonó un 40% muchos accionistas lo cobraron en oro en lugar de en billetes o acciones. Para que esto no pasara, a principios de 1720, Felipe de Orleans prohibió tener joyas y más de 500 libras en metálico dentro de casa. Si el Gobierno prohibía el oro y las joyas, el mensaje que lanzaba era que precisamente el oro y las joyas era lo que valía. Si a eso le sumamos que todo se basaba en la supuesta “generosidad” de las las tierras de Lousiana, bastó la vuelta de varios emigrantes contando que aquello era una tierra de pantanos y ciénagas para que se iniciara una aguda crisis de confianza.

Para evitar que el castillo de naipes se derrumbara, John Law entonces decidió fusionar la Compañía y el banco. Los accionistas tuvieron derecho a cambiar sus participaciones por billetes, al precio todavía notable de 9 mil. Pero para reembolsar las acciones, tuvo que emitir (sin respaldo alguno) una cantidad tal de billetes que duplicó bruscamente la oferta monetaria. La consecuencia fue que la inflación llegó a un 23 % mensual en enero de 1720 y la cotización de las acciones se hundiera, a la vez que reclamaban al banco la conversión de sus billetes en oro y plata. El papel moneda y las acciones, que sólo unos días antes todos querían tener, eran abiertamente repudiados. Para calmar los ánimos, el regente Felipe anunció que se habían encontrado minas de oro en América, e hizo desfilar por París a 6.000 vagabundos vestidos como mineros. Con esa estratagema ganó tiempo y pudo colocar algunas acciones de la Compañía de las Indias y siguió imprimiendo billetes cargando las culpas sobre John Law pero evidentemente era el Estado el que debía responder de la estafa.

Fue la primera gran burbuja bursátil (salieron a cotizar a 500, llegaron a 18 mil y acabaron valiendo 200) y vino acompañada por una fuerte crisis financiera. Pero lo peor, más allá del desastre de la compañía, fue el coste social. Los inversores se dirigieron al Banco Real a reclamar el reintegro de las acciones sin éxito pero peor era la situación de los asalariados. ya que se les pagaba en papel, esos billetes que no tenían respaldo ya que habían sido emitidos por un banco insolvente. Muchos iban a hacer cola desde el amanecer ante las puertas del banco para cambiarlos –sin éxito- por oro. El 17 de julio de 1720 hubo un tumulto, y 15 personas murieron. Law tuvo que huir del país. Francia volvió a la quiebra en la que le había dejado Luis XIV acrecentada por la ruina de muchos ahorradores privados Hay autores que defienden a John Law como Claude Cueni:

El problema saltó ante la imposibilidad de frenar a toda la nobleza. Obligaron a emitir tanto papel para financiar sus extravagancias, que arruinaron todo el sistema.

Aunque no le exculpa, algo de eso también hubo, de hecho el dinero corría de tal manera que en plena euforia el regente compró el mayor diamante del mundo, una gema de 140 kilates, obnubilado con la cantidad de beneficios que daban las acciones. El diamante, denominado Le Régent, está expuesto en el museo del Louvre como testigo mudo de aquella época de despilfarro.

John Law sobrevivió nueve años al desastre, cuando llegó la noticia a Francia, un periódico le dedicó estas palabras:

Murió un escocés célebre, un calculador sin igual, que con las reglas del álgebra ha puesto a Francia en el hospital.

Su sistema, frustrado por la ambición excesiva de ganancias especulativas, sembró entre la opinión pública francesa una desconfianza duradera hacia instituciones como el papel moneda, los bancos centrales y toda experiencia financiera, lo cual contribuyó a retrasar la modernización del sistema bancario hasta el siglo XIX y se dice que ese retraso y la pobreza que originó fue un germen para la Revolución Francesa. Pero mi reflexión personal va un poco más allá, ¿Es tan diferente la política actual de la FED a la de John Law? ¿No se está acaso emitiendo demasiado papel sin respaldo? ¿No reconoció Greenspan la importancia de una bolsa alcista para el buen desempeño de la economía? ¿No está ligada la solvencia de las naciones a las de sus más grandes bancos y de ahí la expresión “demasiados grandes para caer”? ¿No están reaccionando los inversores como entonces acumulando materias primas ante la desconfianza en el dinero de papel?

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John Law

Wall Street

ws2 Wall StreetEl Jueves pasado, la gente de Unience me invitó a ver la peli de Wall Street 2, la secuela del clásico de Oliver Stone de 1987.  La película ha de tomarse como un mero entretenimiento que toma como base la crisis financiera, no esperemos un tratado sobre el capitalismo, porque no lo es. Veamos que nos cuenta la crítica de El País.

Paradigma del tiburón de cuello blanco de unos años ochenta regidos por la ley de la codicia desaforada y del subidón especulador, el Gekko que aquí reingresa en la vida civil se reformula como gurú financiero sobre el paisaje de un preapocalipsis económico propiciado por formas más sofisticadas y amorales de sí mismo. Cuando Stone comenta, con la imagen de unos niños jugando en Central Park con pompas de jabón, la secuencia en que Frank Langella le expone a su discípulo (Shia LaBeouf) la teoría de las burbujas financieras, incluso el espectador más cándido intuye que la película no va a esforzarse demasiado para ser tomada en serio. No es, pues, una lúcida disección de la crisis, sino la respuesta crepuscular -pero de final incomprensiblemente optimista, y ultrakitsch- al modelo de western con agentes de Bolsa que podría haber fundado el primer Wall street.

Sin duda, lo mejor de esta película es que te obliga a ver de nuevo la primera parte, los años en el que los brokers Newyorkinos eran los gurús a emular por los jóvenes de medio mundo, en el que los inversores mandaban a los ordenadores y no al revés, cuando los móviles tenían el tamaño de un ladrillo y cuando se fumaba en los hospitales. Muchas cosas han cambiado desde entonces, aunque muchas también siguen igual…

Me pareció muy interesante ver como el protagonista de la película daba una gran importancia a una ilustración sobre la Tulipomania (la burbuja de los tulipanes), me recuerda de alguna manera a lo que hacen algunos cuando quieren adelgazar y se ponen un foto, con algunos kilos de más, en la nevera. Es imprescindible, tanto para los especuladores profesionales como para los inversores particulares, tener en mente siempre los errores cometidos tanto por nosotros como por los demás en cualquier momento histórico.  Por otro lado, hay que ser realista sobre la causa de la crisis y es algo que Gekko lo deja claro, la culpa de la crisis a la codicia de la sociedad entera. Mientras escribo este artículo, estoy escuchando en la radio el programa de Carlos Herrera en Onda Cero y entrevistan a un minero, una profesión que parece estar en las antípodas de la banca, el entrevistado habla acerca de lo golosa que es la mina, lo bien que pagan las horas extra por lo que uno intenta trabajar, arriesgando incluso su propia salud. No hace falta irse a Wall Street para encontrar la codicia, la tenemos en todos lados y la codicia en si no es mala, es la que nos permite alcanzar muchas de las metas que nos ponemos, pero la codicia puede convertirse en algo dañino, tanto para la sociedad como para uno mismo. Esta es la base de ambas películas y como esta codicia te puede llevar tanto a lo más alto como al mismo infierno en cuestión de horas.

Una vez vista la moraleja, pasemos a 5 lecciones más que podemos sacar de las 2 pelis de Wall Street

1. El dinero nunca duerme

Cita: «El dinero nunca duerme amigo. Acabo de ganar 800.000$ en oro de Hong Kong. Ha estado enganchado a ti, juega con ello. Lo hiciste bien, pero tienes que seguir haciéndolo. Te enseñé cómo funciona el juego, ahora el colegio se acabó.»

Lección: Esta frase la pronunció Gekko por primera vez en la película Wall Street original, cuando estaba enseñando a su protegido, Bud Fox (Charlie Sheen), cómo hacerse rico.

Es cierto, no obstante. El dinero nunca duerme. Mientras uno se va a dormir cada noche, el dinero sigue trabajando, ya sea a su favor a través de una inversión, o en su contra por medio de el tipo de interés sobre un préstamo.

La cita es particularmente cierta en mercados internacionales, porque allí la gente se levanta cuando uno está normalmente durmiendo. Droblo lo sabe y le veo conectado al foro desde muy temprano.

2. El tiempo es oro

Cita: «Si hay algo que he aprendido en la cárcel, es que el dinero no es lo primordial en nuestras vidas… lo es el tiempo

Lección: Gekko aconseja al que parece que va a ser su nuevo aprendiz y potencial yerno,  Jacob Moore (LaBeouf).

Gekko estuvo 23 años en la cárcel trás lo ocurrido en la primera película, cuando Fox lo denunció ante la Securities and Exchange Commission (Comisión de Valores y Bolsa). Si el dinero nunca duerme, imagínese cuánto dinero perdió Gekko mientras estuvo entre rejas durante dos décadas. No importa si se trata de ti o de tu dinero, cada segundo desperdiciado es dinero y oportunidades perdidas.

3. La codicia es legal, pero no es tan  buena

Cita: Alguien me recordó que una vez dije que la codicia es buena. Ahora parece que es legal.

Lección: De nuevo otra cita de Gekko. Todo el mundo recuerda el discurso original sobre la codicia. Definía una década entera de Wall Street, y hoy sigue siendo igualmente aplicable.

“Bueno, disculpa por interrumpirte, Gordon, pero la codicia siempre ha sido legal.”

¿Te imaginas a lo que se enfrentarían los legisladores si intentasen prohibir la codicia?. Pero aunque sea legal, las cosas que la gente hace motivada por ella pueden no serlo. Por ejemplo, la estafa piramidal de Bernie Madoff, o cometer fraude financiero como del que la SEC acusó a Goldman Sachs.

4. Asume riesgos calculados

Cita: «Si no fuera por la gente que asume riesgos, ¿dónde estaríamos en este mundo?»

Lección: De forma parecida a Bud Fox, Jacob Moore, el protagonista de la secuela, es un joven y ambicioso neófito de Wall Street. Esta cita ofrece una instantánea del tipo de persona que es.

Moore considera que con el riesgo se obtiene una recompensa. Por supuesto, también tiene consecuencias. Los inversores también tienen que entender esto. Para obtener unos resultados atractivos, es necesario aceptar cierto nivel de riesgo. Hay una razón para ello, que la mayoría de la gente no se puede jubilar únicamente con los intereses de una cuenta de ahorro. La cantidad de riesgo que se está dispuesto a asumir, sin embargo, depende de cada uno.

5. Ten un plan

Cita: «No saber lo que se está haciendo, es fatal, Sr. Moore.»

Lección: Esta cita es del principal antagonista de la película, Bretton James (James Brolin). James dirige una compañía de inversiones parecida a la Goldman Sachs de la vida real. En esta escena, es acertado decir que está amenazando la vida de alguien.

No obstante, si se aplica la idea básica de las finanzas personales, se trata de un consejo verdaderamente sabio. Siempre se debe saber lo que se está haciendo con el dinero, y, a su vez, saber en lo que se está invirtiendo.

Si no se entiende lo que es invertir, ya sea en acciones, bonos, fondos de inversión, materias primas, etc., se deberían estudiar y saber exactamente en lo que el propio dinero está financiando o no invertir en absoluto. Internet está llena de herramientas de inversión gratuitas a tal fin.

Teniendo en cuenta que la economía sigue intentando recuperarse de la reciente recesión y fracaso de toda la infraestructura financiera, es acertado decir que la atención del público sigue centrada en Wall Street. Mezclando algunos banqueros villanos desagradables, El dinero nunca duerme puede hacer parecer que las finanzas son muy divertidas. Pero no olvidemos las importantes lecciones financieras que se pueden extraer a lo largo del camino.

Podría seguir hablando más de la película, como la madre de la protagonista que dejó su carrera de enfermera para dedicarse a comprar y vender viviendas pero prefiero dejarlo para la zona de comentarios. ¿La habéis visto? ¿Que lecciones sacasteis?

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Literatura clásica (II)

El verano es una de las mejores épocas para leer, y como por aquí somos gente que cuando lee los pilares de la tierra lo que realmente nos preguntamos por el coste de la obra, os recomiendo 10 obras cuyo argumento principal es el dinero (aquí tenéis el primer artículo sobre literatura clásica)

1. El dinero

Publicada en 1891, la obra de Emile Zola trata de la especulación financiera y sus altibajos. Inspirada en el colapso de la entidad financiera l’Union Generale, su personaje protagonista, Aristide Saccard recauda dinero para establecer un banco, supuestamente para respaldar proyectos en Oriente Medio, pero fundamentalmente para enriquecerse. Saccard incrementa su patrimonio en la bolsa de París, incluso comprando periódicos para ensalzarlo, y todo va bien hasta que la burbuja estalla. Emocionante.

2. El mundo en que vivimos

Augustus Melmotte, el misterioso financiero y personaje central de la obra maestra de Anthony Trollope, es uno de los grandes personajes de la ficción del siglo XIX. Un Madoff victoriano que atrae a los londinenses adinerados a un plan de enriquecimiento rápido para construir el ferrocarril de California a México. Ninguno de sus patrocinadores pregunta cómo o cuándo verán los beneficios del ferrocarril. Esta magnífica novela de 1875 trata de mucho más que el dinero, habla de la hipocresía de la clase y el antisemitismo, aunque la codicia y la especulación financiera son el núcleo de la obra.

3. Dinero

La salvaje sátira de Martin Amis nos muestra al codicioso y depravado John Self, que despilfarra el dinero en todo lo que no debería, alcohol, drogas, pornografía, comida basura, al intentar realizar su primer largometraje. Oscura, divertida y descaradamente sucia.

4. El pozo

Esta novela de Frank Norris de 1903 sobre el comercio de materias primas en Chicago tiene como protagonista a Curtis Jadwin, quien intenta acaparar el mercado del trigo haciendo subir el precio del grano. Acaba perdiendo su fortuna, pero el amor triunfa al final.

5. Madame Bovary

Sexo ilícito y romance (la pobre Emma Bovary no recibe mucho amor) podrían constituir el núcleo de la obra maestra de Gustave Flaubert, que se publicó por primera vez como libro en 1857. Sin embargo, la deuda es la heroína del error fatal. El deseo de Emma de vivir una vida lujosa (para escapar al tedio de la vida en la provincia) la conduce inexorablemente al vacío, finalmente a… (no debemos revelar el final). Conmovedora.

6. ¿Cuánta tierra necesita un hombre?

El relato corto de León Tolstoi retrata a Pahom, un campesino que comienza la narración fanfarroneando acerca de que si poseyera mucha tierra no temería a nada, ni siquiera al mismísimo diablo. Por desgracia para él, el diablo estaba sentado detrás de su estufa y decide enseñarle una lección. El diablo se venga alentando su codicia.

7. El financiero

Desde una temprana edad, a Frank Algernon Cowperwood, el antihéroe de la novela de Theodore Dreiser de 1912, solo le interesa una cosa, ganar dinero (aunque también está bastante viciado por el poder y las mujeres). Llena de doble juego y traición, El financiero es una crítica mordaz al sueño americano.

8. Martin Chuzzlewit

Los problemas de dinero aparecen en muchas novelas de Charles Dickens, pero Martin Chuzzlewit es una de ellas debido al fraude de seguros, al estilo Ponzi, de la compañía de préstamos y seguros de vida desinteresada anglo-bengalí, que es crítico en su argumento. Varios personajes principales se ven envueltos en el fraude que estalla arruinando a muchos de ellos. Una rica fiesta.

9. El diablo de la botella

El relato corto de Robert Louis Stevenson ofrece un cuidado giro inesperado al cuento convencional de hacerse rico rápidamente. Se centra en una extraña botella que contiene un diablo que concederá a quienquiera que posea la botella cualquier cosa que desee. La trampa es que el dueño de la botella tiene que venderla por menos de lo que pagó por ella. El que se quede con la botella al morir estará condenado eternamente. A medida que la historia avanza, el precio de la botella se reduce hasta que casi llega a cero, pero siempre hay alguien dispuesto a asumir el riesgo de comprarla.

10. El Conde de Monte Cristo

La magnífica obra de mediados del siglo XIX de Alejandro Dumas que te engancha hasta el final, nos descubre la trama de Edmond Dantes para vengarse del canalla que le llevó a prisión por traición. Después de un camino largo y tortuoso aparece finalmente en París como el fabulosamente rico Conde de Monte Cristo, título que compró durante sus viajes. El Conde manipula el mercado de bonos del gobierno para destruir gran parte de la fortuna de su enemigo. La mala suerte en el mercado de valores hace el resto.

Timos piramidales, burbujas que estallan, el trigo por las nubes, especulación en bonos de los gobiernos… Ya nos avisaba la literatura hace más de 100 años.

PD: Hoy es un día duro para mi ya que se me han acabado las vacaciones, nos leemos en la zona de comentarios.

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