Invirtiendo.

El comienzo de Septiembre suele ser una época en la que hacemos borrón y cuenta nueva. Al igual que el 1 de Enero muchos se hacen promesas imposibles como ir al gimnasio, mejorar su inglés, aprender a tocar la guitarra, empezar un coleccionable, cambiar de trabajo o incluso los más atrevidos empezar a invertir en algo sus ahorros.

Un consejo de inversión frecuente, que suele ser cierto, es que el mejor momento para empezar a invertir es ahora mismo. Pero también hay que recordar que para invertir se precisa de un plan personalizado. Se debe invertir teniendo en cuenta el momento personal que se está viviendo y la situación financiera personal. Con demasiada frecuencia la gente invierte en lo que otros dicen o creen. No olvidemos nunca que los medios, por norma general (y más tras la subida de ayer en la bolsa), son alcitas siempre. Cuando hay subidas porque hay subidas y cuando hay bajadas porque es un excelente momento para cazar gangas.

Un ejemplo de este comportamiento lo vemos en el blog de Hodar en Expansión, veamos cual fue uno de los últimos artículos que escribió en su blog antes de irse de vacaciones.

La experiencia de haber vivido varias crisis nos enseña cosas de las que sacar enseñanzas.  Una cosa tonta, pero que ha funcionado, es observar  la tinta que se emplea en los cuadros de cotizaciones de Expansión. Cuando un valor está en mínimos anuales, la cotización va en negrilla.  Pues bien, cuando vea casi toda la página de cotizaciones en negrilla, comience comprar. No falla. Más pronto que tarde, entrará en beneficios.

Como diría Cárpatos es una frase de “vendedor de crecepelo” utilizando eslóganes del tipo “tu puedes ser más listo que el mercado”, vale que a veces se cumpla la ley del sentimiento contrario pero de ahí a aconsejar vender cuando todo está por los suelos, me parece un suicidio financiero. Por tanto, una vez aislados de lo que nos puedan vender los medios, debemos mirarnos en el espejo y revisar nuestras cuentas. Por ejemplo, al preguntarnos ¿debo liquidar mi hipoteca o invertir? (podría darse el caso que por cuestiones fiscales nos interese mantener la hipoteca por un lado y efectivo por otro) la gente debería considerar su situación personal y darle prioridad sobre todo lo demás. Esto se debe a que es el espejo y no el Ibex ni el Dow Jones, el mejor indicador sobre cuál es la elección acertada. Invertir «ahora» solo porque suele ser lo correcto puede ser un error en muchos casos.

Te faltan conocimientos básicos sobre inversión

Hace tiempo leí esta frase en un blog americano

¿Recuerda el viejo dicho sobre lo sabio que es «aprender de los propios errores»? Es un buen consejo. Pero es más sabio aprender de los errores de otros.

Hay muchas lecciones que aprender a la hora de invertir, y no se debería empezar a invertir mientras no se tengan unos conocimientos básicos sobre inversión. Lo normal es no saber sobre inversiones ya que nadie nos lo ha enseñado, no pasa nada si no tenemos ni idea, en ese caso nuestra primera inversión debe ser en formación. Si estás pensando en fondos de inversión, entonces deberás aprender los fundamentos sobre los fondos de inversión. Puede que no sea necesario retrasar la inversión de forma indefinida, pero emplear un mes en aprender, investigar y leer (y preguntar aquí) puede suponer un camino largo hasta que se empieza a ir por el buen camino. ¿Cuántas horas le dedicas a comprar una televisión o una nevera? ¿Por qué no dedicar el mismo tiempo a una inversión?. Una vez que se sabe como empezar a invertir, se pueden tomar las decisiones acertadas para hacerlo.

Tienes deudas

Lo hemos comentado antes, es posible que si tienes una hipoteca fiscalmente sea mejor mantenerla e invertir los ahorros, esto es lo que te diría un buen asesor económico. Aunque hay ciertas excepciones a esta regla, a la mayoría de la gente que tiene deudas le iría mejor emocionalmente reducir sus deudas, lamentablemente el Excel no calcula las emociones, la tranquilidad y la comodidad, deberíamos tenerlo en cuenta como si formase parte de la rentabilidad. ¿Serías capaz de calcular cuánto vale para ti esa tranquilidad?

El futuro es muy oscuro…

Nadie puede conocer todos tus planes futuros con certeza. No obstante, al invertir, es necesario contar con una sólida idea de cómo se quiere invertir el dinero y cuánto tiempo se puede tener el dinero en el mercado. El tiempo es un componente necesario para reducir el riesgo. Cuanto más tiempo se tenga, menor riesgo se asume. Si se tiene dinero y no se sabe cuándo se va a necesitar, es mejor mantenerlo en una cuenta bancaria con rendimiento a alto interés. Este mes de Septiembre promete ser movidito (por ejemplo, el otro día el Banco Popular sacó un depósito al 4.5%), así que ¿Por qué no utilizar un comparador de depósitos en vez de dejar la pasta en una cuenta corriente que no te de nada?

A menudo, comprar, vender y hacer transferencias implican unas comisiones, por experiencia personal las amenazas (con sacar todo tu dinero) funcionan muy bien con los bancos para reducir drásticamente las comisiones. Asimismo, es necesario tomarse el tiempo imprescindible para asegurarse de que el tipo de inversión es el correcto para las propias necesidades e incluso para necesidades que ahora parecen resueltas pero que en un futuro son inciertas, sí, hablo de la jubilación.

Ya sabéis, invertir es una actividad muy personal basada por completo en la situación individual de cada persona y el mejor momento para empezar a invertir es ahora…. o no.

Hoy, me gustaría que desde el anonimato, me contéis cómo tenéis vuestras inversiones si es que sois de los afortunados que pueden ahorrar.

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Invirtiendo.

Vaivenes millonarios

Nota del autor: La siguiente es una nota de ficción financiera, basada en hechos que pueden (o no) ser tomados de la experiencia práctica del narrador.

El objetivo de la misma es plantear aspectos importantes de la relación siempre asimétrica entre el asesor financiero y el cliente inversor, y aprender al mismo tiempo del proceso de toma de decisiones de inversión en tiempo real.

Lunes 4 de agosto de 2008

hotel-175x151 Vaivenes millonariosMarcos salió del restaurante convencido de haber realizado un buen trabajo y conseguido un nuevo cliente. Al principio se había mostrado un tanto dubitativo frente a las preguntas de Horacio, pero con el correr de los minutos sintió que lograba transmitir  con seguridad su filosofía de inversión y que aquél “compraba” su discurso. Para cuando la conversación giró hacia temas más vinculados con su currículum, sus gustos y amistades, pudo percibir cómo se afianzaba el clima de confianza que pretendía generar en ese tipo de encuentros.

Al despedirse, notó que Horacio evaluaba la posibilidad de contratarlo en ese mismo momento como su nuevo “administrador de cartera”. Sin embargo, como era de esperar, debió conformarse con un simple “nos mantenemos en contacto”.

Para cuando el aparcacoches del hotel de donde se había celebrado el encuentro le acercó el coche, Marcos ya había calculado mentalmente en cuánto se incrementarían sus ingresos si sumaba a Horacio a su porfolio: éste le había hablado de 2 millones de dólares para invertir, y dado el 1% fijo anual de gastos administrativos que les cobraba a sus clientes más el 15% sobre las ganancias obtenidas con el capital, estimó su ingreso en unos 52.000 dólares anuales, cifra nada despreciable que lo acompañó durante todo el trayecto hasta su oficina.

Al llegar, su secretaria le dijo que no había recibido llamadas importantes, por lo que se dirigió directamente a su escritorio dispuesto a seguir las últimas dos horas de operaciones del mercado.

Martes 5 de agosto

pantalla-175x150 Vaivenes millonariosMarcos llegó más temprano que lo habitual a su oficina. Después de encender la computadora, decidió evaluar la situación actual de su cartera y sus perspectivas: tenía bajo administración 6,3 millones de dólares propiedad de dos clientes, Juan S. y Sebastián N., a quienes conocía desde los tiempos en que trabajaba en BankBoston de Argentina, hoy Standard Bank.

En lo que iba del año, el S&P 500 había subido apenas 3,2%, mientras que su cartera se había incrementado en un 3,7% gracias a la correcta decisión de asignar desde principios de año un 20% del total de los fondos a distintos ETF de mercados emergentes.

Marcos pasó el resto del día evaluando alternativas de inversión: oro, petróleo y un ETF de bienes raíces. Mientras tanto, el mercado comenzó a caer producto de malas noticias en el sector financiero: la crisis de las subprime (hipotecas con alto riesgo de incobrabilidad) golpeaba nuevamente a las plazas internacionales.

Miércoles 6 de agosto

A las 14  recibió la llamada tan esperada: Horacio habló con su secretaria y solicitó las instrucciones para la apertura de cuenta y su posterior fondeo.

Entusiasmado, Marcos siguió analizando potenciales inversiones mientras el mercado y su cartera parecían no encontrar suelo y perdían alrededor del 1,50% por segundo día consecutivo.

Las ganancias marginales del año para el S&P 500 y su porfolio prácticamente se habían evaporado, hecho que preocupaba pero no angustiaba a Marcos, conocedor de los vaivenes del mercado y consciente de la necesidad de mantener la calma en épocas de alta volatilidad. Proyectaba cambios favorables para lo que quedaba del año mientras recordaba aquella máxima según la cual las acciones norteamericanas observan sus mínimos anuales en octubre y registran su mejor rendimiento entre ese mes y marzo.

Por lo tanto, reflexionó, sería conveniente armar una cartera menos correlacionada con el mercado que la actual, siguiendo el rendimiento del S&P 500 pero moderando los movimientos a fin de limitar las pérdidas en caso de bajas y las ganancias en caso de subas. Sabía que la mejor forma de hacerlo era reduciendo la Beta, es decir, el coeficiente de correlación entre sus títulos y el índice de referencia.

“Los porfolios manager profesionales son evaluados por el rendimiento que logran en comparación con el resto del mercado. Por lo tanto, mi misión será ganarle al S&P 500”, se dijo, y comenzó a buscar activos “defensivos” o con Beta bajo para reemplazar los actuales “ofensivos”.

Jueves 7 de agosto

Brian, la persona que lo atendía en forma directa en el broker con el que trabajaba, lo llamó al mediodía para confirmarle que había recibido un depósito de 2 millones de dólares en una cuenta a nombre de Horacio L. vinculada -como dictaba la norma- a una cuenta madre a nombre de Financial Reports S.A., la sociedad que él mismo manejaba. De esta manera, el total administrado por nuestro protagonista ascendía a 8,1 millones de dólares una vez contabilizada la pérdida de los últimos días.

A los pocos minutos, su secretaria le informó que tenía a Horacio en el teléfono. El nuevo cliente quería confirmar la transferencia y desearle éxitos. Marcos le agradeció la confianza y, tras cortar, decidió no perder un segundo más y ponerse en acción: vendió los papeles de Beta alto (los ETF emergentes, algunas acciones de empresas tecnológicas y el ETF del Russel 2000 -el índice de PyMEs estadounidenses-) y compró el ETF del oro, papeles de consumo masivo y de empresas de salud. Luego colocó la totalidad de la posición de Horacio replicando las inversiones realizadas para Juan y Sebastián y justo antes del cierre del mercado concluyó la operación. Ahora la Beta de la cartera había bajado a 0,52, desde los 0,98 anteriores. De esta forma, si el S&P 500 caía un 1%, su cartera debía caer aproximadamente 0,50%, y si el índice subía 2%, su cartera debía ganar alrededor de un 1%.

Se aseguró de que la Beta de la cartera estuviera bien calculada realizando un promedio ponderado de las Betas de los activos que la componían en función de su participación en el total y se retiró de la oficina horas más tarde.

Viernes 8 de agosto

Varios minutos antes de que abrieran los mercados en los EE.UU. un fuerte rumor ganaba peso y derrumbaba las bolsas europeas: uno de los bancos grandes de Norteamérica estaría a punto de quebrar debido a la creciente morosidad de sus deudores hipotecarios y del retiro masivo de depósitos de sus clientes.

Los futuros del S&P 500, el Dow Jones Industrial y del Nasdaq presagiaban lo peor. En la apertura, los tres índices abrieron con un fuerte gap bajista, esto es, con una brecha importante y a la baja respecto de los valores del último cierre. La caída se fue profundizando con el correr de las horas y el cierre encontró al S&P derrapando un 3,5%.

Marcos miró de reojo el rendimiento de su cartera: -2,2%. Un sabor agridulce lo invadió: si bien estaba perdiendo menos que el mercado, no dejaba de hacerlo. Hubiera preferido haber vendido toda la posición el día anterior en lugar de solamente bajar la Beta de la cartera, pero sabía que en el mundo financiero no había lugar para los pensamientos melancólicos. “A la hecho, pecho”, dijo en voz alta y se mentalizó para que el traspié no lo amargara.

Lunes 11 de agosto

preocupa Vaivenes millonariosLa nueva semana comenzaba cargada de nerviosismo. Los bancos y las financieras vinculadas con las hipotecas seguían en caída libre y los índices, perdiendo terreno pese a algunos rebotes intradiarios.

Marcos miró el reloj de pared de su oficina con cierta desazón: el día había pasado y su cartera había bajado otro 1,55% frente al descenso del 2,95% del mercado. A lo lejos escuchó a su secretaria despedirse pero no tuvo fuerzas siquiera para contestarle. Horacio tenía 74.000 dólares menos que al comienzo, mientras que el capital del porfolio que administraba se había reducido en nada menos que 546.000 dólares.

Sabía, porque ya había vivido experiencias similares, que Juan S. y Sebastián N. no estarían demasiado preocupados, pero no podía adivinar el estado de ánimo de su nuevo cliente. De todas maneras, pensó, podía defender su gestión: desde que redujo la Beta de la cartera el mercado había cedido cerca de un 6,5% y sus cuentas, un 3,7%.

Martes 12 de agosto

Marcos llegó más temprano que de costumbre a su oficina. Su secretaria se asombró al encontrarlo sumamente concentrado en las pantallas de cotizaciones. Había dormido mal la noche anterior, aunque al amanecer una sensación de seguridad le trajo cierta calma: tras analizar la situación, llegó a la conclusión de que el mercado había estado sobreactuando en su caída y que el rebote era inminente.

Aprovechó la primera apertura tranquila del mercado en los últimos días para hacer un nuevo rebalanceo de la cartera. Vendió los papeles de bajo Beta adquiridos recientemente y se posicionó en activos con Betas iguales o mayores a 1 (activos “ofensivos”).

En el preciso instante en que desde el broker le confirmaron la última operación, su secretaria le pasó un llamado que esperaba: con la voz nerviosa y hasta temblorosa, Horacio le recriminó las pérdidas sufridas en tan poco tiempo. Marcos le ofreció encontrarse ese mismo día para almorzar y una hora más tarde se estaban saludando -esta vez, de manera más fría y distante por parte de Horacio- en el mismo hotel del primer encuentro.

Marcos dejó que Horacio hablara primero sin interrumpirlo. En estas situaciones solía preguntarse cuánto de común tendría su tarea con la de un psicólogo. Entonces, una vez que Horacio calló, Marcos se plantó firme y le recordó lo hablado la primera vez: él había sido contratado para ganarle al mercado, para lograr un mejor rendimiento que éste, tanto en las alzas como en las bajas, tarea que al fin y al cabo estaba cumpliendo. Abrió su notebook y le enseñó las planillas de excel con los resúmenes de las cotizaciones y las cuentas. Asimismo, le ofreció la posibilidad de que retirar el dinero sin pagar un centavo de comisión. Horacio no tuvo más remedio que retroceder y terminar pidiendo disculpas por el arrebato, disculpas que enseguida fueron aceptadas por Marcos.

Antes de despedirse, Marcos le contó sobre las operaciones realizadas ese mismo día y le advirtió sobre un probable incremento de la volatilidad de la cartera.

Miércoles 13 de agosto

Los cables inundaban los monitores de operadores y analistas: quince minutos antes de que abriera el mercado la Reserva Federal (Fed) de los EE.UU. anunciaba su decisión de rescatar a los bancos en problemas, hecho que despejaba al menos momentáneamente los fantasmas de default en las entidades comprometidas.

El timing no podía haber sido mejor. Un rally alcista se impuso con fuerza y los mercados subieron durante todo el día. Al final de la jornada el S&P había ganado un 3,5% -incluyendo cierta recuperación observada minutos antes del cierre previo, cuando los rumores comenzaron a correr- y su porfolio, un 4,2%.

El valor de mercado de la cartera totalizaba ahora los 8,5 millones de dólares, mientras que el saldo de Horacio regresaba a los 2 millones. “¡Al fin un buen día!”, celebró Marcos y cerró la puerta de su oficina.

Jueves 14 de agosto

El alza del miércoles se consolidó el jueves con otra del 1,50% del S&P. Su apuesta volvió a ganarle al promedio y aumentó un 1,80%. El mercado hacía honor a su fama de ciclotímico y ahora los mismos que días atrás veían sólo nubes negras en el horizonte, no dejaban de alabar a la Fed por sus rápidos reflejos. Marcos tomó nota, se acercaba el momento de vender.

Viernes 15 de agosto

cuentas-175x129 Vaivenes millonariosHoracio llamó a primera hora de la mañana. Deseaba retirar sus fondos al final del día. Decía “no tener estómago” para tanta variación de precios. La llamada no sorprendió a Marcos. Lo tomó con la naturalidad de quien espera suceda un hecho en principio negativo pero necesario. Contabilizando la subida de los activos al cierre, el saldo de Horacio ascendía a 2,1 millones de dólares. Había ganado, después de tantas idas y vueltas, 100.000 dólares en apenas 15 días.

Marcos afinó el lápiz para calcular su comisión por los servicios prestados. Aunque estaba en su derecho, no cobraría el proporcional del 1% en concepto de gastos administrativos, por lo que el monto a percibir totalizaba 15.000 dólares, el 15% de las ganancias de Horacio.

El vínculo contractual había finalizado y Marcos sabía que no debía buscarle responsables al hecho. Es más, estaba convencido de que era lo mejor para ambos. Para el futuro se prometió ser más claro con sus potenciales clientes en relación con las condiciones que deben reunirse para realizar este tipo de inversiones y no dejarse llevar (tanto) por las emociones. Al fin y al cabo, de subidas y bajas está hecho este mundo.

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Las uvas de la ira.

Las uvas de la ira es una novela escrita por John Steinbeck que recibió el premio Pulitzer en 1940 y fue llevada al cine en ese mismo año por el genial John Ford. Está ambientada en la década de 1930, cuando Estados Unidos sufre una gran crisis económica tras el crack del 29. Describe el proceso por el cual los pequeños productores agrícolas son expulsados de sus tierra por cambios en las condiciones de explotación de las mismas y obligados a emigrar a California donde el tipo de agricultura requiere mano de obra durante la cosecha. Concretamente narra las dificultades de la familia Joad en su éxodo desde Oklahoma hacia California en busca de mejores condiciones de vida.

Esta película la ví hace muchos años y quería hablar de ella como introducción hacia un artículo relacionado con las empresas que nacieron de la ira y la rivalidad, cuando me di cuenta de que la novela de Steinbeck da por si sola para más de un artículo.

Como al hacer un análisis de esta película uno puede caer en la tentación del populismo barato, prefiero tirar de las críticas que los usuarios de Filmaffinity hacen de esta película ya que la mayoría están realizadas hace 3 o 4 años y pese a lo que nos contaban ya se veía venir lo que tenemos ahora encima.

Siempre adelante.

¿De qué coño me quejo yo, que como tres veces al día y cago en retrete acrílico? Esto es algo más que política, es la dura realidad que asola a muchas familias, es la realidad que el día menos esperado puede llegarle a cualquiera. Pero la vida sigue y las heridas cicatrizan si uno no sucumbe. Muchos de nuestros antepasados pasaron por ello, y aquí seguimos nosotros.

Magistral crónica de una historia eterna

Parece como si el espacio temporal durante el que se desarrolla la película no hubiera pasado…En pleno siglo XXI aún andamos con las mismas historias y los mismos personajes…

Inmigración, racismo, desconfianza hacia lo de fuera, precariedad en el trabajo, insolidaridad….Reflexión algo está pasando y no hemos actuado.

Un crudo retrato sobre la depresión norteamericana de los años treinta. Resulta casi imposible concebir hoy día la idea de que un país con tanto progreso y prosperidad haya pasado por tamaña época de hambrunas y de denigración de la dignidad humana. Y ello está reflejado de manera contundente y sólida de la mano de John Ford, quien supo mostrar en forma admirable los avatares de esa época tan tétrica y dolorosa que debió sobrellevar el país.

Ésta es una película que sensibiliza por la miseria y la extrema pobreza que acarrean la desesperación de las personas que son echadas de sus tierras áridas e infértiles hacia una tierra prometida llena de mentiras y de explotación. Se les expropia de su miseria para otorgarle mentirosas promesas y caer en peores situaciones de vida donde abunda la explotación y el avasallamiento de la dignidad.

Los ojos que rezan

Los auténticos héroes de esos tiempos de ira, fueron los Henry Fonda que sacaron fuerza de flaqueza y siendo pobres de solemnidad, levantaron de nuevo a los gloriosos United States of America. Roosevelt debiera haberlos condecorado a todos. El cine, desde luego ya lo hizo, con un tal Fonda jovencísimo, que se va haciendo viejo, eso sí, por echarse a sus espaldas la desesperación de millones de norteamericanos que hierven ortigas para sobrevivir.

Y para terminar un diálogo de la película:

-Me mandaron a deciros que estáis deshauciados.

-Quiere decir que me echa de mi tierra.

-No hay porque enfadarse conmigo, yo no tengo la culpa.

-Pues entonces ¿quién la tiene?.

-Ya sabes que la dueña de la tierra es la compañía Sonvilland.

-¿Y quién es la compañía Sonvilland?

-No es nadie es una compañía.

-Pero tiene un presidente.Tendrán alguién que sepa para que sirve un rifle, ¿Verdad?.

-Pero hijo ellos no tienen la culpa, el banco les dice lo que tienen que hacer.

-Muy bien, ¿dónde está el banco?.

-En Tulsa, pero no vas a resolver nada allí, sólo está el apoderado. Y el pobre sólo trata de cumplir las órdenes de Nueva York.

-Entonces ¿ A quién matamos?

Podemos sacar muchas conclusiones interesantes tras ver esta obra, de alguna manera nos quedamos con la sensación de que todo ha cambiado pero que en el fondo es igual. Las grandes depresiones se producen por lo mismo aunque afortunadamente, hoy en día, con unos resultados muy distintos debido a los grandes avances sociales logrados. Una historia como la de la familia Joad es impensable hoy en día en el primer mundo. Puede que estemos en la pero crisis desde el año 29 pero al menos, la tenemos con aire acondicionado.

Hoy tenemos los millonarios rescates financieros al igual que en aquella época tuvieron el New Deal de Roosevelt y al final lo que levantó el país fue el esfuerzo y las ganas de trabajar de sus ciudadanos, unos héroes anónimos a los que nunca citan los libros de economíaDesgraciadamente seguimos sin tener la respuesta a la misma pregunta de siempre. ¿A quién matamos? (entiéndase como un “¿Quién es el culpable?”)

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Las uvas de la ira.

Los sindicatos

Es evidente siguiendo la Historia que estamos en camino de trabajar cada vez menos horas sin por ello reducir nuestra productividad. A eso ha ayudado la evolución técnica y tecnológica pero también los movimientos sociales iniciados hace casi dos siglos que consiguieron que la sociedad de los países más avanzados tuviera más en cuenta a los trabajadores. No se puede excluir una cosa sin la otra: en Corea del Sur, por poner un ejemplo donde todo ha ocurrido mucho más rápido que en Europa, en pocos años la tecnología y el trabajo a destajo les llevó a convertirse en una potencia económica pero si no llega a ser por los sindicatos todavía estarían trabajando, a pesar de la tecnología, jornadas de 60 horas semanales (actualmente son de 44 gracias a la Ley sobre normas del trabajo –LSA- y la Ley sobre sindicatos y ajustes de relaciones laborales –TULRAA-, enmendadas por última vez el 20 de febrero de 1998). De hecho, sólo las grandes empresas –las que disponen de convenios colectivos – dan más de una semana de vacaciones pagadas, y normalmente se limitan a dos semanas.

El sindicalismo europeo actual nace a partir de 1945 en el que el movimiento comunista europeo, siguiendo las consignas de la Tercera Internacional –curiosamente inspirada por Stalin- debía cambiar sus estrategias de asalto violento al poder, trocándolas por la vías parlamentarias, copiando el modelo socialista. En lo político, triunfó la socialdemocracia y en lo sindical se instauró una estrategia de conciliación: ya no hacía falta luchar contra el poder, sino participar de él con el objetivo de la defensa de los intereses de los afiliados primero y de los trabajadores en general después. Pronto se impusieron más las fronteras de los países que la “internacionalización”. Tampoco se pretendió la cogestión, la representación sindical quedó excluida de los órganos de dirección de las empresas y en su lugar se establecieron organismos de encuentro, negociación y arbitraje a distintos niveles (desde la empresa al estado pasando por los convenios sectoriales), convirtiéndose en un contrapoder de la dirección de las empresas y también de la propia labor intervencionista de los estados. No fue el caso de España en el que hasta hace 35 años había un sindicato único y varios clandestinos de los que derivan los actuales, quizás por ello menos modernos –y más dependientes del dinero público- que los de otros países de nuestro entorno.

Es probable que muchos crean que los sindicatos no tienen mucho sentido y por ello tengan tan poco éxito pero es cierto que a veces medidas que el gobierno considera inaceptables son tomadas sólo después de la presión de una huelga, y eso sólo se puede conseguir con organización. Los sindicatos deben conseguir menos horas y más salarios pero sin mermar los beneficios de la empresa pues viven de ella, es una labor dura pero creo es necesaria. Muchos creen que la tecnología por sí misma seguirá reduciendo las horas de trabajo y creo eso puede ser cierto en el sector industrial pero no en otros porque nuestra cada vez mayor sed de ocio provoca que las tiendas abran festivos o incluso ininterrumpidamente por poner un ejemplo. Es bien cierto que Internet ahorra tiempo y costes. Como resulta más barato muchos americanos confían en asesores fiscales de la India para hacerles la declaración, todo “on-line”, sin desplazamientos. Es un buen ejemplo de globalización pero también es cierto que las compras por Internet que hacemos habitualmente movilizan a un sector de distribución que hasta hace pocos años era mucho más reducido: empaquetadores, camioneros, transportistas…sectores en los que hay pocas posibilidades de trabajar por vocación, lo que sería la situación ideal.

Por eso es importante que no perdamos de vista los derechos de los trabajadores, debemos seguir luchando por trabajar menos horas, porque los lunes empecemos después y los viernes acabemos antes y por una mejor retribución si se trabaja en festivo y no olvidar que la tecnología por sí misma no nos arreglará la vida laboral. El trabajo, salvo que sea una vocación que entonces es más ocio que trabajo, es un arma para conseguir dinero y con ese dinero vivir mejor, si más de la mitad del tiempo que estamos despiertos lo dedicamos a trabajar, quizás ese dinero resulte demasiado caro de obtener. Que en otras zonas económicas la situación sea mucho peor, no significa que en el nuestro sea ideal. También hay que mejorar sus derechos, por supuesto, pero poco podemos hacer para mejorar la vida laboral de alguien del Tercer Mundo, salvo confiar en que la parte buena de la globalización acabe alcanzándolo.

Como dice Pedro Larrea el sindicalismo actual en Occidente está en crisis porque “¿Contra qué capital tiene sentido cargar la munición reivindicativa? En una economía donde el capitalismo empresarial va adoptando un peso residual en beneficio del capitalismo patrimonial-financiero, las empresas pequeñas y medianas son las primeras víctimas de la crisis y el preludio del posterior desastre laboral. ¿Y enfrentarse a los gobiernos? En la medida en que los poderes locales se ven obligados a acatar la disciplina soberana de los mercados, su capacidad de maniobra como reguladores del sistema propende a desaparecer. La acción sindical prototípica a lo largo de la historia ha consistido en ejercitar toda la presión posible sobre unos agentes con nombres y apellidos, cara y ojos, nítidamente identificados, presuntos culpables de los fallos de un sistema por lo demás válido. Pero hoy no es fácil encontrar ni el quién ni el dónde ni el cómo.”

Efectivamente, en tiempos como los actuales es complicado discernir, pero si todos estamos de acuerdo en que hay que reducir los gastos cabe preguntarse si los propios sindicatos a veces son parte del problema. Esa es la sensación que muchos tienen en España, y es que según los PGE tanto UGT como CCOO reciben del estado 15.895.049,85 euros, sin incluir las subvenciones autonómicas. Según algunas fuentes ocupan 600 mil metros cuadrados de sedes cedidas por la Administración por la que se ahorran en alquileres en torno a 180 millones de euros. También está el escándalo del 1.65% de fondos que nos retiran de la nómina para “formación continua” (2.235.874 millones) de los que UGT, CCOO (y también la CEOE) cobran un 3% de comisión –que cobran por adelantado- por cursos que muchas veces ni se imparten o quedan vacíos y que –estoy convencido- la inmensa mayoría preferiría desaparecieran a cambio de ese 1.65%. Por último los 350 mil liberados de 57 sindicatos diferentes son una rémora para la productividad española. Aparte de escándalos como el dinero que ganan los sindicatos por negociar los ERES –según ellos por gastos en abogados y mediadores- que ha sido denunciado incluso por otros sindicatos, la verdad es que en España los sindicatos no gozan de gran popularidad y la inmensa mayoría querríamos que sólo se financiaran por las cuotas de sus afiliados. Lo que tenemos que entender es que eso es una contradicción, si queremos que hagan su –a mi juicio necesario- trabajo, deben tener fondos, y aunque estoy seguro podían recortar gastos, si no nos afiliamos más, no dispondrán de los suficientes.

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Los sindicatos

Recesión en vulcano

vulcano Recesión en vulcanoImagínate una recesión en el planeta Vulcano. Debido a la débil demanda, un empleado vulcano eficaz  y trabajador no genera el suficiente negocio para justificar su salario.

El jefe vulcano (Spock) llama a su subordinado para ver que opciones hay. Están de acuerdo en que no sería lógico mantener las condiciones existentes hasta el momento, y el empleado acepta una reducción del 20 por ciento de su salario en adelante. Ambos se alegran de evitar esta práctica humana tan extraña de despedir empleados con una rentabilidad marginal en lugar de ajustar sus salarios.

De vuelta a la Tierra, la realidad es que en momentos de recesión se despide a la gente, y la creencia popular indica que se debe a que los salarios no se ajustan. Algunos economistas hablan del «desempleo voluntario». Este extraño término trae a la mente el escenario del vulcano decidiendo que preferiría pasar el rato en la playa a que le redujeran el salario. Otros economistas hablan de «rigidez salarial». Independientemente de como lo denominemos, la inflexibilidad de los salarios es un enigma, mientras que la perspectiva vulcana parece tener lógica.

Aún así, la historia que cuentan muchos economistas es que los salarios no se ajustan lo suficiente durante los momentos de recesión, y este hecho contribuye a explicar por qué el desempleo aguanta la tensión, descendiendo y aumentando con el ciclo económico.

Sin embargo, incluso si los testarudos humanos no admiten que se renegocien sus salarios, aún debería ser posible un ajuste salarial, porque la gente está encontrando y perdiendo trabajos constantemente. Si las empresas hicieran ofertas generosas durante los momentos de prosperidad y ofertas miserables durante los momentos de recesión, veríamos mayor flexibilidad salarial y menores fluctuaciones en el desempleo en función de los altibajos de la economía. Pero no lo hacemos.

¿O sí lo hacemos? Christopher Pissarides de la London School of Economics señala que los estudios reflejan que los trabajadores que van de un trabajo a otro durante momentos de prosperidad disfrutan de un considerable aumento de su sueldo neto, mientras que trabajadores que cambian de trabajo durante épocas de recesión no. Esto sugiere, según Pissarides, que los salarios (o al menos los salarios ofrecidos a los recién contratados) son más flexibles de lo que muchos teóricos económicos admiten.

No tan rápido, responden los teóricos. En un reciente artículo, Mark Gertler y Antonella Trigari explicaban la razón por la que los estudios que indica Pissarides pueden no significar lo que el cree: «supongamos, por ejemplo, que un maquinista altamente cualificado empieza a trabajar como taxista mal remunerado durante la recesión y que después vuelve a ser contratado como maquinista bien pagado durante una época de prosperidad.» Así, es posible que un individuo padezca salarios cíclicos cambiando de profesiones que por sí mismas tienen salarios rígidos.

No obstante, históricamente los salarios no disminuyen en los períodos de recesión después de todo. Un incremento de la tasa de desempleo en un punto porcentual parece ocultar los verdaderos salarios ofrecidos a nuevos empleados en un 1,8 por ciento. En otras palabras, un aumento del desempleo de entre un 6 y un 9 por ciento reduciría los salarios de las nuevas incorporaciones solo en algo más de un 5 por ciento.

Esto no significa que los salarios sean tan flexibles como deberían. Los vulcanos señalarían a nuestras tasas de desempleo enormemente fluctuantes y sugerirían que los salarios no absorben suficientemente las tensiones de las crisis económicas. Después de todo, una reducción salarial duele. Perder el trabajo duele aún más.

Estos datos nos ofrecen muchas posibilidades para el debate y sobretodo un interesante consejo, cuando pase la crisis, cámbiate de trabajo.

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Comerciar en tiempos revueltos.

humor Comerciar en tiempos revueltos.

Ahí dónde veis ese chiste sacado de El Mundo tiene ya casi 3 años y sigue todavía de total actualidad. Así que en este entorno tan “seco” lo que no mata, fortalece y al igual que las sequías nos ayudan a entender el valor del agua, esta crisis no ha hecho ver el valor del dinero así como la necesidad de gestionarlo bien. A mucha gente le cuesta reconocer que las restrictivas normas de crédito hayan servido en realidad para beneficiar a muchos pequeños negocios en varios sentidos.

Estas son algunas razones por las que un crédito más estricto ha favorecido a algunas empresas (y en cierto sentido, también a las familias y porque no los gobiernos):

No hay efectivo, no hay gasto

Muchas empresas pequeñas han tenido tal facilidad en sus comienzos para acceder al crédito que nunca han tenido que adoptar buenas decisiones sobre sus gastos. Como niños malcriados, los propietarios de empresas pequeñas, nunca han tenido que adoptar decisiones difíciles sobre sus gastos. Si los propietarios de estas empresas querían algo, lo compraban sin preguntas.

La falta de crédito, sin embargo, ha forzado a muchos propietarios de empresas pequeñas a volver al pensamiento de generaciones anteriores: «si no tengo el efectivo para comprarlo, simplemente no puedo comprarlo.»

Precaución forzosa

Aunque los negocios se han visto obligados a restringir sus gastos, los propietarios de empresas pequeñas siguen teniendo necesidades que deben cubrir para seguir teniendo sus negocios en funcionamiento. Como consecuencia de ello, muchos se han visto obligados a la contención y a preocuparse por los precios de las compras que realizan.

Estos propietarios buscan de pronto productos en oferta, descuentos y liquidaciones de equipos de oficina y suministros. Aunque nunca había parecido importante en el pasado ahorrar unos euros en los suministros de la oficina, saber cómo comprar esos artículos con descuentos importantes ha sido de vital importancia para muchos en apuros, que buscan el ahorro de cualquier manera posible. Ahorrar dinero y saber cómo comprar esos bienes y servicios de forma barata ha sido otro beneficio significativo para de la restricción de crédito.


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Dutchfobia

El otro dia en el portal MSN publicaban un ranking con las 10 fobias más extrañas de las cuales os rescato el Top 5:

5. Consecotaleofobia; El miedo irracional hacia los palillos chinos.

4. Megalofobia; El miedo a las cosas grandes.

3. Dutchfobia, el miedo a los alemanes u holadeses, así como a su cultura.

2. Sesquipedaliofobia, el miedo a equivocarse al pronunciar palabras largas, complicadas o inusuales.

1. Panofibia: El miedo a todo. Las personas que la padecen experimentan miedo a cualquier cosa, pero más precisamente temen morbosamente al miedo mismo. Se trata de una condición médica conocida como ‘miedo no específico’ o ‘el miedo a todo’ y consiste en una vaga y persistente alerta ante algún mal desconocido. Con frecuencia se encuentra como una condición secundaria de la esquizofrenia.

A los españoles no sólo se nos podría diagnosticar “Ergofobia” (miedo al trabajo) si no también algo de Dutchfobia a tenor de las últimas noticias provenientes de allí

Así que puestos a buscar fobias, a los Alemanes les toca una ración “Inflacionfobia” vocablo que no sé si existe pero seguro que entendéis y las razones de este miedo hay que buscarlas en su historia, concretamente durante la República de Weimar.

“Fue horrible. ¡Horrible! Como si hubiera caído un relámpago. Nadie estaba preparado. Las estanterías de los negocios vacías. No se podía comprar nada con el papel moneda.” – Profesor de derecho de la Universidad Harvard, Friedrich Kessler, sobre la hiperinflación de Weimar (entrevista en 1993).

Este trauma está profundamente arraigado en la mente alemana que les lleva a veces a extremos irracionales de control de precios y déficit. De ahí que los países en el punto de mira de los rescates nos veamos forzados a asumir un estilo germánico en el ámbito económico, porque la respuesta fiscal obvia está sujeta a las reglas autoimpuestas inherentes a las normas que gobiernan la Unión Monetaria Europea. Estas normas son consideradas, casi sin excepción, como «normas económicas saludables» por los políticos alemanes y la mayoría de sus ciudadanos.

Teniendo en cuenta la reacción de los mercados a los diversos paquetes y medidas de rescate, el euro, parece que ha esquivado una bala por el momento. Pero los problemas de los PIIGS continúan. Por ejemplo, las recientes medidas de austeridad tanto de Grecia como de España ralentizarán tanto su economía como la de toda la UE, que ya es peligrosamente débil, hasta el punto de promover mayores déficits presupuestarios a través de menores ingresos por impuestos y elevadas transferencias. Todo ello sirve para debilitar más aún la solvencia de todos los países miembros.

Los países más fuertes siguen pensando en ofrecer una «garantía» lo suficientemente grande para que los mercados asuman la fragilidad y financien a Grecia o Epaña en su lugar. Sin embargo, los mercados ahora quieren ver efectivo, y, más aún, quieren una firme muestra de que las garantías de financiación proporcionadas contribuyen al mantenimiento de la capacidad de países más débiles para pagar sus deudas. Los mercados ya no creen que la fortaleza del Euro equivalga a la fortaleza de sus economías más fuertes.

La idea es sencilla, si por ejemplo un impago de California no supondría una mayor amenaza para la viabilidad del dólar, un impago de Grecia o España tampoco debería hacerlo para el euro. Aqunue tenemos un problema, los Estados Unidos de América son una autoridad fiscal nacional que puede responder al creciente problema de la insolvencia estatal a través de la creación de dólares y el correspondiente reparto de ingresos con los estados. Aún no existe una entidad fiscal comparable en la zona del euro.

Encontramos ciertos paralelismos entre el rescate a Grecia y el ocurrido a los bancos en EEUU en 2008. El «rescate» de Bear en Marzo de aquel año, parecía que permitiría a los merados financieros mundiales impedir inicialmente una creciente crisis en los mercados de valores respaldados por activos. Lo que hizo en realidad fue esconder el polvo debajo de la alfombra, en la medida en que los problemas estructurales subyacentes que generaron la crisis en un primer momento siguieron sin resolverse. La crisis crediticia que comenzó en agosto de 2007, incluye el impago tanto de los activos disponibles como de los sistemas de riesgo de solvencia. La consiguiente congelación surgió porque la posterior quiebra de Lehman y la caída de AIG destruyeron las expectativas del mercado (construidas por años de rescates) de ser un creador de mercado supremo, que siempre podría negociar estos instrumentos negociables en el mercado de capitales.

De igual modo, la creación de una divisa común a través de la unión monetaria ha dado lugar a que el mercado tenga las expectativas de que los valores de un país sean tan buenos como los de otro, lo que explica que durante tantos años, los países «fiscalmente derrochadores» pudieran pedir prestado a tipos de interés alemanes. Pero la decisión de hace unos meses del Banco Central Europeo de bloquear una función básica «repo»*, es decir, las adquisiciones de deuda pública griega por parte de muchos bancos comerciales europeos que cambiaron esta deuda a través de repos con el BCE para valores alemanes y franceses, es lo que parece haber detonado inicialmente la crisis griega y generado los problemas de la potencial insolvencia de Atenas.

El cese de esta función “repo” se llevó a cabo en gran parte a instancia de los alemanes, que vieron esta actividad como una forma de «monetización por la puerta de atrás», lo que conduciría de forma inevitable a la inflación. Esto, a pesar del hecho de que toda la zona del euro se caracteriza por una elevada tasa de desempleo, elevada capacidad de disponibilidad productiva y caída del consumo interior. Todo ello en el fondo es motivado por el miedo patológico alemán por la inflación, que ellos consideran como la inevitable consecuencia de los excesivos déficits del gobierno.

Pero el miedo irracional alemán hacia la inflación está acumulando las condiciones para una crisis mucho mayor en el futuro. El virus del euro podría expandirse ahora perfectamente a Italia, Portugal, España e Irlanda, y todo ellos (bajo las condiciones de este paquete) tienen que prestar a Grecia alrededor de un 5%. Entonces ¿qué pasa con sus gastos de financiación? Irán más allá del 5% como paso siguiente. En EE.UU., cuando los bancos buenos absorbían a los malos, se convertían en bancos malos (por ejemplo Bank of America y Countrywide). Y, ¿qué pasa con la estructura jerárquica de estos préstamos? ¿Están subordinados a los titulares de bonos del gobierno griego? Se supone que sí, pero no está claro por el paquete de rescate. En pocas palabras, parece ser una solución de parches, y no funcionará para una España o una Italia.

La obsesión con una «defensa» frente a la amenaza «externa» de inflación está cegando a Alemania, que no ve el riesgo de que caiga la demanda agregada dentro de la Unión Europea Monetaria, que conducirá en última instancia a una caída del sector de la exportación en Alemania (una gran parte del cual es el producto del comercio intraeuropeo), y a la correspondiente extensión de la enfermedad de los «PIIGS» de crecimiento lento y elevado desempleo al corazón de la zona del euro. Buena muestra de este pensamiento lo encontramos en la figura de Trichet que siempre ha estado más preocupado por la inflación que por el crecimiento, lo cual le llevó a subir tipos justo cuando debía haberlos bajado (Julio 2008)

Por tanto, el debate de hoy podría ser ¿Es justa la Dutchfobia actual de los medios españoles? ¿Hasta que punto es echar balones fuera?

*Repo: Operación financiera en la que una entidad vende un activo (frecuentemente un título de deuda pública) a un inversor, al tiempo que pacta su compra futura a un precio determinado.

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Dutchfobia

El Mundial

sudafrica El MundialSudáfrica es un país considerado “emergente”, está en torno al 25º del mundo por PIB, con una economía –la primera de áfrica seguida de cerca por Egipto- volcada en el sector servicios, con fuertes desigualdades sociales (en términos absolutos la peor junto a Brasil) y una tasa de paro (25%) superior a la española. Sus tipos de interés de dos dígitos se explican por la alta inflación y la necesidad de ofrecer una alta rentabilidad para la inversión extranjera. Precisamente el motivo principal para desear organizar el mundial es colocar a Sudáfrica en el mapa para inversores y turistas, es más una inversión de futuro que la búsqueda de una rentabilidad puntual.

Cada país y cada época son diferentes pero de otros mundiales podemos sacar algunas conclusiones que nos sirvan para dilucidar si el país, además de la FIFA que espera obtener 1.000 millones de $ y ha sido criticada hasta por la “insalubre” calidad de los productos ofrecidos por los patrocinadores , se verá beneficiado por elmundial. Según un estudio de BOA-M. Lynch durante el mes en el que se desarrolla el mundial en los países que lo organizan el turismo –lógicamente- sube pero la producción industrial –lo que dice poco de la profesionalidad de los trabajadores- baja fuertemente. Las ventas al por menor suben durante la celebración pero esa mejora no tiene continuidad después si bien el turismo sí.

Pero yendo al caso más concreto de Sudáfrica, la organización del mundial no ha conseguido frenar la destrucción de empleo (en 2009 se perdieron un millón de puestos en un país con una población de casi 50) a pesar que los analistas esperan que la organización del evento suponga medio punto de crecimiento más en 2010, que puede parecer poco pero puede suponer una quinta parte del total. Y eso a pesar de que desde la aprobación de la sede a la actualidad el empeoramiento de la crisis ha rebajado las expectativas de visitantes y de lo que se gastarán. Siendo el primer mundial de fútbol en suelo africano sólo el 4% de los turistas foráneos esperados para el evento serán del continente.

Las previsiones más optimistas hablan de un gasto por turista –algunos de los cuales irán aunque no vayan a los estadios- de unos 3 mil euros. El gobierno cree que el gasto de éstos sumado al de la FIFA, prensa, visitantes oficiales y equipos será de 1.300 millones de euros, lo que significa el 0,5% de la economía del país. Además, defienden que la inversión en infraestructuras ha supuesto la contratación de más de 695.000 trabajadores en la construcción en 2009 de los que aún se mantienen 280.000, es decir, el mundial ha servido para que el impacto de la crisis económica global fuera más limitado. Parece que también está sirviendo a los sindicatos para presionar por mejoras salariales que, como ocurre en España, son muy criticadas por el Banco central

El dinero invertido en la organización del Mundial se cuantifica en unos 5.500 millones de euros, 4000 de ellos del erario público, que se han ido en infraestructuras (carreteras, transporte público, aeropuertos, estadios) que quedarán ahí y ofrecerán al mundo una imagen moderna de un país que intenta lavar la mala imagen histórica que padece desde el apartheid. Si bien es difícil de explicar en un país con un gran déficit educacional y sanitario y en el que 1 de cada 4 sudafricanos no dispone de agua corriente, 1 de cada 5 no tiene electricidad en su hogar y el SIDA provocó la muerte de mil personas al día en 2009.

Dejando de lado la economía, otro aspecto muy curioso de Sudáfrica es su presidente Zuma, elegido por las dos terceras partes de los votantes, veterano militante contra el ‘apartheid’, zulú, amante de los voluptuosos bailes tribales, y padre de veinte hijos. Fue un niño demasiado pobre para ir a la escuela rural y pasó su infancia pastoreando rebaños de cabras. Cuando se postuló para presidente, los procesos abiertos contra él por corrupción, fraude, blanqueo de dinero, chantaje y violación fueron declarados nulos A sus 68 años se ha casado cinco veces y en la actualidad tiene tres esposas (de una se divorció y otra acabó suicidándose) y en febrero de este mismo año se vio obligado a reconocer a una niña fruto de una relación extramatrimonial. ¿Lo más curioso? Que este polígamo empedernido tachado de “viejo verde” encima es celoso y ha repudiado a su segunda mujer por flirtear con un guardaespaldas y la ha acusado de cometer «una ofensa a mí y a mis ancestros».

Y ya que el tema de hoy invita a ello os dejo un vídeo con los 10 mejores goles de la Historia de los Mundiales de Fútbol

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El Mundial

A vueltas con los ratings

Dicen que las apariencias engañas pero también dicen que la cara es el espejo del alma.

Dicen que a quién madruga Dios le ayuda pero también dicen que no por mucho madrugar amanece más temprano.

Dicen que al que no habla dios no lo oye pero también dicen que en boca cerrada no entran moscas.

Dicen, dicen, dicen…. Y mucho se habla últimamente de la agencias de calificación de riesgo, que como en los refranes, está lleno de contradicciones.

Algunos las defienden, como Warren Buffet:

Que las agencias de rating no supieron ver la crisis y que se equivocaron en sus valoraciones es una evidencia, pero ayer en el Congreso de Estados Unidos, el famoso inversor Warren Buffet salió en su defensa: “Se equivocaron como todos”, dijo el llamado oráculo de Omaha, cuya compañía, Berkshire Hathaway, es el mayor accionista de Moody’s. Buffet excusó a las agencias asegurando que la crisis financiera fue fruto de una “mentalidad colectiva de burbuja” que consideraba que los precios no podían desplomarse: “El alza de precios es un narcótico”, admitió el inversor.

pero otro las atacan, como sus propios empleados

Ex analistas de Moody´s confiesan presiones para mejorar los ratings

Entre las palabras más polémicas que han sonado este miércoles ante el comité se encuentran las del ex vicepresidente de la unidad de derivados de la firma, Mark Froeba, que ha asegurado que estaba claro que los banqueros de inversión efectivamente controlaban a los analistas. “Esencialmente, usaron la intimidación para crear una población dócil de analistas temerosos de enojar a los banqueros de inversión y listos para cooperar”, ha afirmado.

Independientemente de quién sea el que tenga la razón (aunque uno tenga sus sospechas) lo que está claro es que en este proceso de “refundación del capitalismo” (notesé la ironía) la reforma de las agencias de calificación crediticia debería ser un elemento fundamental. Es un poco complicado, pero lo que se necesita es un mecanismo efectivo para calificar a los calificadores (y que a su vez no requiera de un mecanismo que califique al calificador, claro).

Todo el mundo reconoce que las agencias de calificación han defraudado a los inversores. Muchos productos financieros vinculados a los prestamos inmobiliarios que Standard & Poor, Moody’s, y Fitch calificaron como seguros durante los años de prosperidad, resultaron ser letalmente peligrosos. Y el problema no se limita únicamente a esos productos financieros, con emisores de otros bonos y obligaciones que eligen y compensan a las empresas que los califican, las agencias siguen teniendo grandes incentivos para recompensarlos con buenas calificaciones. Incluso recientemente hemos comprobado en nuestras carnes como su criterio evaluador afecta profundamente a la capacidad de endeudarse de un estado.

¿Qué se debería hacer? Una opción que se ha propuesto reduciría la importancia de las opiniones de los calificadores. En muchos casos, la importancia de las calificaciones proviene en parte de las exigencias legales que obligan o animan a los inversores institucionales y vehículos de inversión a mantener carteras de valores que han recibido unas valoraciones muy altas de las agencias de renombre.

La decepción respecto al comportamiento de los calificadores y el escepticismo sobre la efectividad de la regulación, han dado lugar que se quiera eliminar la dependencia regulatoria de las calificaciones. Si las calificaciones no están respaldadas por la fuerza de la ley, según este argumento, los reguladores no tendrán que preocuparse de la calidad de las calificaciones y podrán dejar el control de los calificadores en manos del mercado.

Incluso si las calificaciones ya no fueran exigidas o fomentadas por la ley, seguiría existiendo una demanda de calificaciones, así como la necesidad de mejorar su fiabilidad. Muchos inversores no pueden constatar en qué medida el elevado rendimiento de un fondo de renta fija se debe a la asunción de riesgos, y por tanto, puede de ese modo beneficiarse de una calificación de la gestora del fondo. Considerando la experiencia pasada, no podemos confiar en la reputación del mercado para garantizar que esas calificaciones sean fiables.

Otra posibilidad sería liberar el sistema de responsabilidad. Desde esta perspectiva, si los inversores pudieran llevar a los calificadores ante los tribunales, los incentivos de los calificadores mejorarían. Sin embargo, mientras esa vigilancia judicial podría ser efectiva para eliminar algunos casos flagrantes, no podría asegurar que los calificadores hicieran lo correcto cuando no se espera que los tribunales puedan pronunciarse sobre lo que es lo correcto.

No hay, por tanto, algo que pueda sustituir a los incentivos que se dan a los calificadores y que consigan que estos emitan calificaciones lo más correctas posible. Esto se puede lograr, haciendo depender los beneficios de los calificadores, no de satisfacer a los emisores que los eligen, sino de su correcta actuación con los inversores. Si los beneficios de los calificadores dependen de esa actuación, en la precisión de sus calificaciones el ánimo de lucro podría dejar de ser una fuente de incentivos perversa y empezar a proporcionarles incentivos beneficiosos.

Esto que comento se ha presentado en el senado americano y como era de esperar, encontró una fuerte resistencia de las agencias calificadoras dominantes. Standard & Poor argumentó que ese mecanismo proporcionaría a las agencias de calificación crediticia «menos incentivos para competir entre ellas, ser innovadoras, y mejorar sus modelos, criterios y metodologías.»

Pues bien, ese mecanismo reduciría de hecho los incentivos negativos de los calificadores para competir entre ellos con el fin de complacer a los emisores de valores, y para ser innovadores y mejorar para servir mejor a los inversores. Pero fortalecería los incentivos positivos de los calificadores para competir entre ellos al objeto de emitir calificaciones correctas, ser innovadores y mejorar con la finalidad de alcanzar ese objetivo más beneficioso para la sociedad.

Las agencias de calificación han sido y deberían seguir siendo un aspecto importante de los mercados de capitales modernos. Pero para que las calificaciones funcionen, los calificadores tienen que ser calificados.

En Europa andamos con la misma preocupación y la semana pasada Bruselas propuso que su control sea verificado de manera exclusiva por un supervisor europeo, la Autoridad Europea de Mercados y Valores (AEMV), que es una de las futuras cuatro nuevas instituciones previstas en la reforma del sistema financiero de la UE. La nueva autoridad controlará a las tres grandes agencias que realizan esta actividad, Fitch, Moody’s y Standard and Poor’s, así como a sus filiales europeas. Aunque viendo lo rápidos que somos en el viejo continente para estas cosas, igual lo arreglamos en la siguiente crisis.

Por tanto, para abrir el tema de debate de hoy ¿Que grado de culpabilidad asignáis a las agencias de calificación? ¿Debería haber un mayor control sobre ellas o será el mercado el que las controle?

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Hipoteca Naranja en ING Direct con Euribor + 0,69

hipoteca-naranja Hipoteca Naranja en ING Direct con Euribor + 0,69Hacía bastante tiempo que no tenía ocasión de revisar la famosa hipoteca naranja que ofrece el banco online ING Direct y que durante mucho tiempo ocupó un lugar privilegiado en nuestro listado de hipotecas baratas.

La crisis económica que comenzase con problemas de crédito para los bancos ha provocado que estos hayan aumentado las exigencias para conceder una hipoteca, de forma que en la actualidad el tipo de interés que encontraremos se eleva al Euribor + 0,69%.

Curiosamente este tipo de interés es válido exclusivamente para hipotecas con un importe superior a los 150.000 euros, ya que si solicitásemos menos dinero el tipo de interés ascendería al Euribor + 0,79%.

Para rematar la faena este préstamo hipotecario está condicionado a que contratemos un seguro de hogar y otro de vida, lo que eleva el interés a un 2,47% TAE. E igualmente tendremos que domiciliar nuestra nómina, si bien esto ya es un clásico en todos los bancos.

En resumen no es un buen momento para comprar una vivienda, y tampoco resulta aconsejable suscribir una hipoteca, de forma que será mejor retrasar la adquisición de una vivienda hasta que lleguen tiempos mejores y nuestro horóscopo semanal nos anuncie el fin de la crisis hipotecaria.

 Hipoteca Naranja en ING Direct con Euribor + 0,69

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