El síndrome de China.

El síndrome de China es una hipótesis extrema de la fusión de un reactor nuclear, en la cual en el caso de que hubiese un accidente de este tipo en EEUU, el material fundido atravesaría la barrera de hormigón debajo de él, pasaría por el suelo y  podría hipotéticamente atravesar la corteza de la Tierra y alcanzar las antípodas de los Estados Unidos, popularmente asociadas a China.

Este concepto se puso muy de moda a raíz de la película, con el mismo título, protagonizada en 1979 por Jack Lemon y Michael Douglas.

Es lo que tiene el vivir en un mundo esférico, que si el que está en el otro lado la lía parda, puede afectarte a ti que estás tan tranquilamente a 20.000 Km y esto nos vale tanto cuando Homer Simpson le da al botón equivocado en su planta nuclear como cuando Obama hace un plan de estímulo económico en la Casa Blanca, en ambos casos se produce el síndrome de China.

En el pasado, cuando, por ejemplo, el gobierno de los EEUU realizaba un plan de estímulo de la demanda para su país lo que ocurría era lo obvio, se estimulaba una expansión de la inversión dentro de ese mismo país. Las empresas invertían en la expansión nacional a fin de aumentar su oferta de productos y satisfacer así la renovada demanda estadounidense. Esta expansión en la inversión se veía reflejada en un crecimiento del empleo, lo que ponía en marcha un ciclo de expansión económica.

Sin embargo, en la actualidad, las empresas no necesitan expandirse dentro de los EE.UU para satisfacer la demanda estimulada EE.UU. Ya que en este caso amplían su capacidad productiva mediante las instalaciones que tienen en otros países, generalmente en China, con el fin de cumplir la demanda estadounidense. Así este estímulo no crea un ciclo de expansión económica sostenible dentro de los EE.UU como antes ya que lo que realmente crea son puestos de trabajo en China (por ejemplo Foxconn, el fabricante del iPhone, anunció hace poco que quiere hacer 400.000 contrataciones‎) resulta cuanto menos curioso ver que en la parte trasera del Iphone pone “Designed by Apple in California, Assembled in China

También es cierto que nos encontramos con excepciones y habrá algunas empresas que respondan dentro de su país a los estímulos de este pero lamentablemente es una proporción mucho más pequeña de lo que ocurría, por ejemplo en la década de 1950, cuando los americanos se compraban un coche de la General Motors diseñado y fabricado en Detroit (buy american).

Con esto no quiero decir que haya que estar en contra de cualquier forma de estímulo económico, simplemente que los planes que históricamente han funcionado ya no lo hacen. Lamentablemente el “atajo” del soltar pasta para que inmediatamente se consuma en el país tiene que reemplazarse por caminos mucho más lentos como es el incremento de la productividad, mucho me temo que nos tocará competir, como mano de obra, con los chinos.

Y para complicar un poco más la cosa nos encontramos ante la paradoja de que al final los dólares gastados en los planes de estímulo de EEUU acaban en el país que les compra la deuda. ¿Cómo saldremos de este círculo? ¿Y si en vez de estimular la economía lo que necesitamos es desestimularla?

Ayer mismo, Obama volvió a tirar de talonario y anunció una inversión de 38.800 millones en infraestructuras que permita impulsar la creación de empleo, a lo cual, como si fuese el síndrome de China,  las grandes constructoras españolas, se interesaron en el plan de infraestructuras de Obama (por no hablar de que las constructoras que más facturan son chinas). Para liar la cosa un poco más, por aquí hacemos las cosas al rever y vemos como Salgado comenta que la estrategia de austeridad de la UE es “la correcta” frente al plan de estímulo de EEUU, claro que mucho me temo que en nuesto caso la austeridad no es por falta de ganas si no por falta de dinero.

¿Qué opináis vosotros? ¿Debe primar la austeridad o el estímulo de la economía?

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El síndrome de China.

Invirtiendo.

El comienzo de Septiembre suele ser una época en la que hacemos borrón y cuenta nueva. Al igual que el 1 de Enero muchos se hacen promesas imposibles como ir al gimnasio, mejorar su inglés, aprender a tocar la guitarra, empezar un coleccionable, cambiar de trabajo o incluso los más atrevidos empezar a invertir en algo sus ahorros.

Un consejo de inversión frecuente, que suele ser cierto, es que el mejor momento para empezar a invertir es ahora mismo. Pero también hay que recordar que para invertir se precisa de un plan personalizado. Se debe invertir teniendo en cuenta el momento personal que se está viviendo y la situación financiera personal. Con demasiada frecuencia la gente invierte en lo que otros dicen o creen. No olvidemos nunca que los medios, por norma general (y más tras la subida de ayer en la bolsa), son alcitas siempre. Cuando hay subidas porque hay subidas y cuando hay bajadas porque es un excelente momento para cazar gangas.

Un ejemplo de este comportamiento lo vemos en el blog de Hodar en Expansión, veamos cual fue uno de los últimos artículos que escribió en su blog antes de irse de vacaciones.

La experiencia de haber vivido varias crisis nos enseña cosas de las que sacar enseñanzas.  Una cosa tonta, pero que ha funcionado, es observar  la tinta que se emplea en los cuadros de cotizaciones de Expansión. Cuando un valor está en mínimos anuales, la cotización va en negrilla.  Pues bien, cuando vea casi toda la página de cotizaciones en negrilla, comience comprar. No falla. Más pronto que tarde, entrará en beneficios.

Como diría Cárpatos es una frase de “vendedor de crecepelo” utilizando eslóganes del tipo “tu puedes ser más listo que el mercado”, vale que a veces se cumpla la ley del sentimiento contrario pero de ahí a aconsejar vender cuando todo está por los suelos, me parece un suicidio financiero. Por tanto, una vez aislados de lo que nos puedan vender los medios, debemos mirarnos en el espejo y revisar nuestras cuentas. Por ejemplo, al preguntarnos ¿debo liquidar mi hipoteca o invertir? (podría darse el caso que por cuestiones fiscales nos interese mantener la hipoteca por un lado y efectivo por otro) la gente debería considerar su situación personal y darle prioridad sobre todo lo demás. Esto se debe a que es el espejo y no el Ibex ni el Dow Jones, el mejor indicador sobre cuál es la elección acertada. Invertir «ahora» solo porque suele ser lo correcto puede ser un error en muchos casos.

Te faltan conocimientos básicos sobre inversión

Hace tiempo leí esta frase en un blog americano

¿Recuerda el viejo dicho sobre lo sabio que es «aprender de los propios errores»? Es un buen consejo. Pero es más sabio aprender de los errores de otros.

Hay muchas lecciones que aprender a la hora de invertir, y no se debería empezar a invertir mientras no se tengan unos conocimientos básicos sobre inversión. Lo normal es no saber sobre inversiones ya que nadie nos lo ha enseñado, no pasa nada si no tenemos ni idea, en ese caso nuestra primera inversión debe ser en formación. Si estás pensando en fondos de inversión, entonces deberás aprender los fundamentos sobre los fondos de inversión. Puede que no sea necesario retrasar la inversión de forma indefinida, pero emplear un mes en aprender, investigar y leer (y preguntar aquí) puede suponer un camino largo hasta que se empieza a ir por el buen camino. ¿Cuántas horas le dedicas a comprar una televisión o una nevera? ¿Por qué no dedicar el mismo tiempo a una inversión?. Una vez que se sabe como empezar a invertir, se pueden tomar las decisiones acertadas para hacerlo.

Tienes deudas

Lo hemos comentado antes, es posible que si tienes una hipoteca fiscalmente sea mejor mantenerla e invertir los ahorros, esto es lo que te diría un buen asesor económico. Aunque hay ciertas excepciones a esta regla, a la mayoría de la gente que tiene deudas le iría mejor emocionalmente reducir sus deudas, lamentablemente el Excel no calcula las emociones, la tranquilidad y la comodidad, deberíamos tenerlo en cuenta como si formase parte de la rentabilidad. ¿Serías capaz de calcular cuánto vale para ti esa tranquilidad?

El futuro es muy oscuro…

Nadie puede conocer todos tus planes futuros con certeza. No obstante, al invertir, es necesario contar con una sólida idea de cómo se quiere invertir el dinero y cuánto tiempo se puede tener el dinero en el mercado. El tiempo es un componente necesario para reducir el riesgo. Cuanto más tiempo se tenga, menor riesgo se asume. Si se tiene dinero y no se sabe cuándo se va a necesitar, es mejor mantenerlo en una cuenta bancaria con rendimiento a alto interés. Este mes de Septiembre promete ser movidito (por ejemplo, el otro día el Banco Popular sacó un depósito al 4.5%), así que ¿Por qué no utilizar un comparador de depósitos en vez de dejar la pasta en una cuenta corriente que no te de nada?

A menudo, comprar, vender y hacer transferencias implican unas comisiones, por experiencia personal las amenazas (con sacar todo tu dinero) funcionan muy bien con los bancos para reducir drásticamente las comisiones. Asimismo, es necesario tomarse el tiempo imprescindible para asegurarse de que el tipo de inversión es el correcto para las propias necesidades e incluso para necesidades que ahora parecen resueltas pero que en un futuro son inciertas, sí, hablo de la jubilación.

Ya sabéis, invertir es una actividad muy personal basada por completo en la situación individual de cada persona y el mejor momento para empezar a invertir es ahora…. o no.

Hoy, me gustaría que desde el anonimato, me contéis cómo tenéis vuestras inversiones si es que sois de los afortunados que pueden ahorrar.

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Invirtiendo.

Desestímulos

A finales de 2009 escribía relatando el sentimiento de los mercados

El único gran temor que parece haber es a la retirada de los estímulos antes de tiempo, esta semana la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido que ello podría retrasar durante años la recuperación del empleo y expulsar a 43 millones de personas definitivamente del mercado laboral, además de señalar que otros cinco millones de personas que actualmente todavía tienen trabajo podrían perderlo si se retiran prematuramente esas medidas.

Y sin embargo, pocos meses después, debido a la crisis de la deuda pública periférica europea, muchos países –con la notable excepción de los EUA y Japón- se sumaron a la economía de austeridad y recorte del gasto. Los resultados están resultando sorprendentes: allí donde el déficit público (EUA) y la avalancha de deuda pública crece (en Japón casi alcanza el 200% del PIB) el crecimiento se está ralentizando y las expectativas empeoran según pasan las semanas y sin embargo Alemania, comprometida en 2010 en una campaña de austeridad y ajuste presupuestario, está teniendo crecimientos récord.

Para los economistas liberales esto no es ninguna sorpresa y es que hace algunas semanas dos de los más prestigiosos, Jason Taylor y Richard K. Vedder, sorprendieron con un informe en el que describían una situación económica similar a la actual (podéis leer un artículo-resumen explicativo en castellano titulado “El gran desestímulo de 1946″) . El argumento del texto es histórico: a finales de la Segunda Guerra Mundial, con más del doble de déficit presupuestario en los EUA que ahora y más deuda pública emitida en proporción al PIB debido al gran gasto armamentístico se decía, como ahora, que recortar el gasto y eliminar el control estatal de tiempos de guerra, sería dramático una vez llegara la paz, que se dispararía el desempleo y se hundiría la economía. Pero el gobierno de Truman no les hizo caso y volvieron los cientos de miles de soldados, se frenó el gasto bélico, se eliminaron las medidas más intervencionistas y, en resumen, el gasto público bajó de 84 mil millones en 1945 a menos de 30 mil en 1946 y en 1947 ya se disfrutaba de superávit presupuestario. Estos profesores lo llaman el “Gran Desestímulo” pues según ellos jamás en la historia se había dado un vuelvo tan grande de un déficit desbocado a un superávit. Además, el paro no creció, manteniéndose estable en el 4.5%.  La explicación que dan a este proceso se puede resumir en la máxima que dice que “los mercados son eficientes”, ideología hoy por hoy considerada herética por la mayoría. Según ellos los mercados laborales se ajustaron al aluvión de cambios que la paz trajo gracias a que se acabaron las políticas intervencionistas que “habían alargado la Gran Depresión” y que -por ejemplo- establecían salarios mínimos y cuotas de empleados.

No es una teoría nueva –aunque sí minoritaria- la que dice que  las políticas keynesianas no sólo no solucionaron la crisis de 1929, es que la alargaron. Como prueba se suelen comparar las tasas de desempleo de aquellos años de Canadá –donde no hubo “New Deal” o política de gasto público masivo similar al Plan Paulson” de finales de 2008- y de los EUA:

Año Paro EEUU Paro Canadá
1929 3.2 3.1
1930 8.7 9.1
1931 15.9 11.6
1932 23.6 17.6
1933 24.9 19.3
1934 21.7 14.5
1935 20.1 14.2
1936 16.9 12.8
1937 14.3 9.1
1938 19.0 11.4
1939 17.2 11.4

No obstante, creo que entrar en polémicas históricas no nos lleva a ninguna parte, más cuando tenemos en el presente tantos datos nuevos que analizar para intentar aprender y sacar conclusiones positivas de la crisis.

Volviendo a Alemania, es un país que en 2009 hizo lo que todos los demás: subvencionar de forma millonaria a su sistema financiero, aumentar su deuda pública y sufrir una de las más notables bajadas (-5%) de PIB. Sin embargo, un factor fue diferente: partía de cerrar en 2008 con su déficit público más bajo desde la “Reunificación” de 1990: 0.1%. Eso le permitió ese esfuerzo fiscal en 2009 brutal pero puntual. Además, el aumento del desempleo no fue tan dramático. Por otra parte, 2 sombras se cernían sobre la economía alemana en 2009 que han resultado positivas en 2010: el fuerte aumento de su deuda pública se está compensando porque cada vez paga menos por emitirla y la globalización de su economía, que tanto le afectó ante la crisis mundial de 2009 y el fortalecimiento del € contra el $, se le está volviendo a favor con la debilidad del € y la recuperación –aunque sea puntual- en otras economías que importan sus productos.

Todo esto implica que no es quizás el “desestímulo” de 2010 del gobierno Merkel lo que está haciendo que Alemania deslumbre tanto en tasa de paro como en crecimiento sino otros factores como el buen mantenimiento de las cuentas públicas antes de la crisis o el mercado laboral basado en compromisos empresarios-sindicatos que vienen de décadas. Por supuesto, siguen teniendo problemas, como el de la mala salud de sus bancos regionales, pero a día de hoy Alemania se perfila como un vencedor de la crisis. ¿Significa esto que su política es exportable a otras naciones?

No lo parece, igual que los EUA pueden gastar y gastar y ser considerados un “valor refugio”  por ser la primera economía del mundo, Alemania puede presumir de austeridad y crecer gracias a la debilidad del € y ambos recibir flujos de dinero del resto del mundo, confiados en su fortaleza económica. Pero son la excepción, si España gasta demasiado, acabará sin poder pagar sus deudas y si no gasta, deberá aplicar recortar sociales…¿O no? ¿Es posible gastar con la suficiente inteligencia como para obtener réditos de esa inversión y generar suficientes retornos de beneficio como para no empeorar las cuentas públicas? ¿Es posible ahorrar y no por ello hacerle pagar las facturas de la crisis a los menos culpables? El debate está abierto.

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Desestímulos

Literatura clásica (II)

El verano es una de las mejores épocas para leer, y como por aquí somos gente que cuando lee los pilares de la tierra lo que realmente nos preguntamos por el coste de la obra, os recomiendo 10 obras cuyo argumento principal es el dinero (aquí tenéis el primer artículo sobre literatura clásica)

1. El dinero

Publicada en 1891, la obra de Emile Zola trata de la especulación financiera y sus altibajos. Inspirada en el colapso de la entidad financiera l’Union Generale, su personaje protagonista, Aristide Saccard recauda dinero para establecer un banco, supuestamente para respaldar proyectos en Oriente Medio, pero fundamentalmente para enriquecerse. Saccard incrementa su patrimonio en la bolsa de París, incluso comprando periódicos para ensalzarlo, y todo va bien hasta que la burbuja estalla. Emocionante.

2. El mundo en que vivimos

Augustus Melmotte, el misterioso financiero y personaje central de la obra maestra de Anthony Trollope, es uno de los grandes personajes de la ficción del siglo XIX. Un Madoff victoriano que atrae a los londinenses adinerados a un plan de enriquecimiento rápido para construir el ferrocarril de California a México. Ninguno de sus patrocinadores pregunta cómo o cuándo verán los beneficios del ferrocarril. Esta magnífica novela de 1875 trata de mucho más que el dinero, habla de la hipocresía de la clase y el antisemitismo, aunque la codicia y la especulación financiera son el núcleo de la obra.

3. Dinero

La salvaje sátira de Martin Amis nos muestra al codicioso y depravado John Self, que despilfarra el dinero en todo lo que no debería, alcohol, drogas, pornografía, comida basura, al intentar realizar su primer largometraje. Oscura, divertida y descaradamente sucia.

4. El pozo

Esta novela de Frank Norris de 1903 sobre el comercio de materias primas en Chicago tiene como protagonista a Curtis Jadwin, quien intenta acaparar el mercado del trigo haciendo subir el precio del grano. Acaba perdiendo su fortuna, pero el amor triunfa al final.

5. Madame Bovary

Sexo ilícito y romance (la pobre Emma Bovary no recibe mucho amor) podrían constituir el núcleo de la obra maestra de Gustave Flaubert, que se publicó por primera vez como libro en 1857. Sin embargo, la deuda es la heroína del error fatal. El deseo de Emma de vivir una vida lujosa (para escapar al tedio de la vida en la provincia) la conduce inexorablemente al vacío, finalmente a… (no debemos revelar el final). Conmovedora.

6. ¿Cuánta tierra necesita un hombre?

El relato corto de León Tolstoi retrata a Pahom, un campesino que comienza la narración fanfarroneando acerca de que si poseyera mucha tierra no temería a nada, ni siquiera al mismísimo diablo. Por desgracia para él, el diablo estaba sentado detrás de su estufa y decide enseñarle una lección. El diablo se venga alentando su codicia.

7. El financiero

Desde una temprana edad, a Frank Algernon Cowperwood, el antihéroe de la novela de Theodore Dreiser de 1912, solo le interesa una cosa, ganar dinero (aunque también está bastante viciado por el poder y las mujeres). Llena de doble juego y traición, El financiero es una crítica mordaz al sueño americano.

8. Martin Chuzzlewit

Los problemas de dinero aparecen en muchas novelas de Charles Dickens, pero Martin Chuzzlewit es una de ellas debido al fraude de seguros, al estilo Ponzi, de la compañía de préstamos y seguros de vida desinteresada anglo-bengalí, que es crítico en su argumento. Varios personajes principales se ven envueltos en el fraude que estalla arruinando a muchos de ellos. Una rica fiesta.

9. El diablo de la botella

El relato corto de Robert Louis Stevenson ofrece un cuidado giro inesperado al cuento convencional de hacerse rico rápidamente. Se centra en una extraña botella que contiene un diablo que concederá a quienquiera que posea la botella cualquier cosa que desee. La trampa es que el dueño de la botella tiene que venderla por menos de lo que pagó por ella. El que se quede con la botella al morir estará condenado eternamente. A medida que la historia avanza, el precio de la botella se reduce hasta que casi llega a cero, pero siempre hay alguien dispuesto a asumir el riesgo de comprarla.

10. El Conde de Monte Cristo

La magnífica obra de mediados del siglo XIX de Alejandro Dumas que te engancha hasta el final, nos descubre la trama de Edmond Dantes para vengarse del canalla que le llevó a prisión por traición. Después de un camino largo y tortuoso aparece finalmente en París como el fabulosamente rico Conde de Monte Cristo, título que compró durante sus viajes. El Conde manipula el mercado de bonos del gobierno para destruir gran parte de la fortuna de su enemigo. La mala suerte en el mercado de valores hace el resto.

Timos piramidales, burbujas que estallan, el trigo por las nubes, especulación en bonos de los gobiernos… Ya nos avisaba la literatura hace más de 100 años.

PD: Hoy es un día duro para mi ya que se me han acabado las vacaciones, nos leemos en la zona de comentarios.

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Literatura clásica (II)

Metaburbuja

Cada crisis se ha caracterizado por la explosión de una burbuja nueva, de tal manera que a lo largo de tu vida siempre estarás pillado en una. ¿Que eres un inversor arriesgado? Te pilló la de los .com ¿Que eres un inversor de lo más conservador? entonces la que te pilló es la inmobiliaria ¿Que pasas de invertir? entonces te pilla la seguridad social. Esta crisis que padecemos ahora parece tener una cierta peculiaridad y es que se trata de una burbuja de burbujas, veamos cuáles son 5 de ellas.

5 burbujas económicas y financieras

1. Inmobiliaria: Poca literatura que añadir aquí. No obstente tenemos que andar con mucho ojo no vaya a ser que estalle la burbuja inmobiliaria China. ¿O es que ellos van a ser inmunes?

2. Bonos: El mercado de los bonos se ha encontrado en una situación alcista desde comienzos de los años 80, con los precios del Tesoro estadounidense subiendo, y bajando las rentabilidades. ¿En qué momento un mercado alcista se convierte en una burbuja? Muchos han estado esperando una subida de las rentabilidades de los bonos durante años, y éstas siguen cayendo, tanto que incluso a principios de año estaban a tipo de interés negativo.

Históricamente los ciclos de los bonos suelen durar unos 30 años. Aunque los mínimos (como el de 1981) suelen invertirse muy rápidamente, los máximos (¿como el que estamos viviendo ahora?) suelen tardar entre 2 y 14 años en desplegarse, los máximos de los mercados de los bonos se suelen asociar a situaciones de depresión económica.3. Materias primas: Los precios de las materias primas pueden haber sido considerados una burbuja antes de que se dieran el batacazo (junto con todo lo demás) en la crisis crediticia. Desde entonces, el petróleo, las materias primas agrícolas, y en especial el oro, han rebotado bruscamente. El argumento para justificar los precios más elevados de las materias primas, con frecuencia se centra en la demanda de los mercados emergentes (en particular del chino). Aunque veo cómo este factor puede conducir a largo plazo a la inflación de los precios de las materias primas, me preocupa más que el estallido de otras burbujas mencionadas aquí (en especial la deuda) anegue los precios de las materias primas.

4. Bolsas: algunas burbujas bursátiles son bastante obvias, como la del NASDAQ en 2000. Otras lo son menos. La mayoría no se identificarán como tales hasta que sea demasiado tarde y ya hayan estallado. ¿Son las bolsas una burbuja en estos momentos? La mayoría de la gente diría que ni están extremadamente sobrevaloradas ni infravaloradas en estos momentos, según las previsiones de ingresos actuales. Pero si esas previsiones están mal, se perderán todas las apuestas. Si las demás burbujas mencionadas aquí empiezan a estallar, ya sea una cada vez o todas al mismo tiempo, esas previsiones no tendrán sentido.

5. Deuda: la deuda, tanto de los consumidores como la del estado, es probablemente la mayor, y posiblemente la más peligrosa burbuja de todas. Hasta el momento hemos experimentado temblores en los mercados crediticio y bursátil debido a los excesos de la deuda pública de muchos países europeos, y al deterioro de los indicadores económicos fundamentales. El nivel de endeudamiento público estadounidense está muy próximo a cifras consideradas peligrosas.

La deuda no es solo un problema en sí mismo, sino que limita nuestras opciones de arreglar los problemas estructurales a los que nos enfrentamos. Hemos seguido bailando al son de los tambores keynesianos, «resolviendo» una crisis tras otra, con dosis cada vez mayores de deuda . Tapar deuda con más deuda, como es lógico, no
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A vueltas con los ratings

Dicen que las apariencias engañas pero también dicen que la cara es el espejo del alma.

Dicen que a quién madruga Dios le ayuda pero también dicen que no por mucho madrugar amanece más temprano.

Dicen que al que no habla dios no lo oye pero también dicen que en boca cerrada no entran moscas.

Dicen, dicen, dicen…. Y mucho se habla últimamente de la agencias de calificación de riesgo, que como en los refranes, está lleno de contradicciones.

Algunos las defienden, como Warren Buffet:

Que las agencias de rating no supieron ver la crisis y que se equivocaron en sus valoraciones es una evidencia, pero ayer en el Congreso de Estados Unidos, el famoso inversor Warren Buffet salió en su defensa: “Se equivocaron como todos”, dijo el llamado oráculo de Omaha, cuya compañía, Berkshire Hathaway, es el mayor accionista de Moody’s. Buffet excusó a las agencias asegurando que la crisis financiera fue fruto de una “mentalidad colectiva de burbuja” que consideraba que los precios no podían desplomarse: “El alza de precios es un narcótico”, admitió el inversor.

pero otro las atacan, como sus propios empleados

Ex analistas de Moody´s confiesan presiones para mejorar los ratings

Entre las palabras más polémicas que han sonado este miércoles ante el comité se encuentran las del ex vicepresidente de la unidad de derivados de la firma, Mark Froeba, que ha asegurado que estaba claro que los banqueros de inversión efectivamente controlaban a los analistas. “Esencialmente, usaron la intimidación para crear una población dócil de analistas temerosos de enojar a los banqueros de inversión y listos para cooperar”, ha afirmado.

Independientemente de quién sea el que tenga la razón (aunque uno tenga sus sospechas) lo que está claro es que en este proceso de “refundación del capitalismo” (notesé la ironía) la reforma de las agencias de calificación crediticia debería ser un elemento fundamental. Es un poco complicado, pero lo que se necesita es un mecanismo efectivo para calificar a los calificadores (y que a su vez no requiera de un mecanismo que califique al calificador, claro).

Todo el mundo reconoce que las agencias de calificación han defraudado a los inversores. Muchos productos financieros vinculados a los prestamos inmobiliarios que Standard & Poor, Moody’s, y Fitch calificaron como seguros durante los años de prosperidad, resultaron ser letalmente peligrosos. Y el problema no se limita únicamente a esos productos financieros, con emisores de otros bonos y obligaciones que eligen y compensan a las empresas que los califican, las agencias siguen teniendo grandes incentivos para recompensarlos con buenas calificaciones. Incluso recientemente hemos comprobado en nuestras carnes como su criterio evaluador afecta profundamente a la capacidad de endeudarse de un estado.

¿Qué se debería hacer? Una opción que se ha propuesto reduciría la importancia de las opiniones de los calificadores. En muchos casos, la importancia de las calificaciones proviene en parte de las exigencias legales que obligan o animan a los inversores institucionales y vehículos de inversión a mantener carteras de valores que han recibido unas valoraciones muy altas de las agencias de renombre.

La decepción respecto al comportamiento de los calificadores y el escepticismo sobre la efectividad de la regulación, han dado lugar que se quiera eliminar la dependencia regulatoria de las calificaciones. Si las calificaciones no están respaldadas por la fuerza de la ley, según este argumento, los reguladores no tendrán que preocuparse de la calidad de las calificaciones y podrán dejar el control de los calificadores en manos del mercado.

Incluso si las calificaciones ya no fueran exigidas o fomentadas por la ley, seguiría existiendo una demanda de calificaciones, así como la necesidad de mejorar su fiabilidad. Muchos inversores no pueden constatar en qué medida el elevado rendimiento de un fondo de renta fija se debe a la asunción de riesgos, y por tanto, puede de ese modo beneficiarse de una calificación de la gestora del fondo. Considerando la experiencia pasada, no podemos confiar en la reputación del mercado para garantizar que esas calificaciones sean fiables.

Otra posibilidad sería liberar el sistema de responsabilidad. Desde esta perspectiva, si los inversores pudieran llevar a los calificadores ante los tribunales, los incentivos de los calificadores mejorarían. Sin embargo, mientras esa vigilancia judicial podría ser efectiva para eliminar algunos casos flagrantes, no podría asegurar que los calificadores hicieran lo correcto cuando no se espera que los tribunales puedan pronunciarse sobre lo que es lo correcto.

No hay, por tanto, algo que pueda sustituir a los incentivos que se dan a los calificadores y que consigan que estos emitan calificaciones lo más correctas posible. Esto se puede lograr, haciendo depender los beneficios de los calificadores, no de satisfacer a los emisores que los eligen, sino de su correcta actuación con los inversores. Si los beneficios de los calificadores dependen de esa actuación, en la precisión de sus calificaciones el ánimo de lucro podría dejar de ser una fuente de incentivos perversa y empezar a proporcionarles incentivos beneficiosos.

Esto que comento se ha presentado en el senado americano y como era de esperar, encontró una fuerte resistencia de las agencias calificadoras dominantes. Standard & Poor argumentó que ese mecanismo proporcionaría a las agencias de calificación crediticia «menos incentivos para competir entre ellas, ser innovadoras, y mejorar sus modelos, criterios y metodologías.»

Pues bien, ese mecanismo reduciría de hecho los incentivos negativos de los calificadores para competir entre ellos con el fin de complacer a los emisores de valores, y para ser innovadores y mejorar para servir mejor a los inversores. Pero fortalecería los incentivos positivos de los calificadores para competir entre ellos al objeto de emitir calificaciones correctas, ser innovadores y mejorar con la finalidad de alcanzar ese objetivo más beneficioso para la sociedad.

Las agencias de calificación han sido y deberían seguir siendo un aspecto importante de los mercados de capitales modernos. Pero para que las calificaciones funcionen, los calificadores tienen que ser calificados.

En Europa andamos con la misma preocupación y la semana pasada Bruselas propuso que su control sea verificado de manera exclusiva por un supervisor europeo, la Autoridad Europea de Mercados y Valores (AEMV), que es una de las futuras cuatro nuevas instituciones previstas en la reforma del sistema financiero de la UE. La nueva autoridad controlará a las tres grandes agencias que realizan esta actividad, Fitch, Moody’s y Standard and Poor’s, así como a sus filiales europeas. Aunque viendo lo rápidos que somos en el viejo continente para estas cosas, igual lo arreglamos en la siguiente crisis.

Por tanto, para abrir el tema de debate de hoy ¿Que grado de culpabilidad asignáis a las agencias de calificación? ¿Debería haber un mayor control sobre ellas o será el mercado el que las controle?

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Ciclos y más ciclos

El otro día alguien en el foro de esta web comentaba algo así como que los humanos siempre usamos mal nuestro dinero: cuando las cosas nos van bien todo se encarece y para comprar gastamos nuestros ahorros e incluso nos endeudamos y cuando van mal, que todo está más barato, reducimos gastos, ahorramos (La tasa [...]

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Ciclos y más ciclos

La burbuja de la deuda pública

Primero, unos conceptos básicos de cómo funciona el mercado de deuda pública:
El funcionamiento del mercado de deuda pública primario es sencillo: los estados emiten en subastas en las que previamente anuncian un rango de volumen y los interesados pujan pidiendo una rentabilidad y el emisor decide dependiendo de las peticiones y de sus precios si [...]

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La burbuja de la deuda pública

Subir los impuestos vs. contener el gasto

iva18 Subir los impuestos vs. contener el gastoLa situación económica de nuestro país no pasa por uno de sus momentos más boyantes, y al igual que otros tantos países europeos nos tambaleamos por la cuerda floja a la espera de que cualquier movimiento en falso nos precipite al vacío.

Tal es la situación a la que hemos llegado que el Gobierno por fin ha decidido tomar las riendas. Solemos decir que más vale tarde que nunca, y aunque sea cierto son muchas las familias para las que las medidas llegan demasiado tarde.

Ante tal situación el Gobierno tomó una primera decisión consistente en aumentar los impuestos, una vía que engaña, y que aún pareciendo la solución para evitar los números rojos, en realidad es una trampa similar a una reunificación de deudas que tan bien conocemos por este blog.

Antes de subir los impuestos hay que hacer un análisis exhaustivo y ver por donde se está yendo el dinero para enmendar la situación, es decir, lo que se conoce como contención del gasto público.

Por desgracia, se invirtieron los términos, y se decidió subir los impuestos antes de contener el gasto. Esto provoca inevitablemente una sensación de desamparo al ver como se queman billetes con el dinero que tanto te cuesta ganar.

Difícil ha sido la decisión que ha tenido que tomar el Gobierno en las últimas semanas, contención, y surgirán críticas de todos los colores, si bien es un primer movimiento en la dirección correcta.

Otras sugerencias para reorientarnos por el buen camino serían la disminución del gasto público en proyectos innecesarios (PlanE), subvenciones que aumentan el flujo de dinero negro, prestación por desempleo que desincentiva al trabajador y despilfarros en temas que no interesan al pueblo (de estos hay demasiados).

Por desgracia a estas alturas mucho me temo que la clase política ha logrado cansarnos a todos y no me extrañaría que las próximas elecciones sean una de las que cuenten con menor participación ciudadana. Mucho maquillaje van a necesitar para enmendar la situación y ni así lograrán devolvernos la ilusión.

 Subir los impuestos vs. contener el gasto

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Otra vez el dólar

Este fin de semana, entre la liga de fútbol y los cabreos por los recortes del gobierno nos perdimos algunas noticias realmente interesantes, como esta:
Liberado un hombre secuestrado porque llevaba 21.000 dólares en el estómago
La policía panameña liberó el viernes a dos mexicanos, uno de ellos con 21.000 dólares escondidos dentro del estómago, que habían [...]

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Otra vez el dólar