Los constructores plantean medidas para facilitar la financiación

La Confederación Nacional de la Construcción (CNC) considera que se deberían introducir medidas en el sistema financiero español que contribuyeran a facilitar la financiación del sector inmobiliario. Así consta en un paquete de propuestas de la patronal de cara a las elecciones generales del 20-N presentadas este martes 15 de noviembre por su presidente, Juan Lazcano, en rueda se prensa, en la que se dedica un apartado a la construcción residencial.

Por ejemplo, piden la segregación de activos tóxicos inmobiliarios de las entidades financieras a través de ‘bancos malos’ que permitan operar de forma “más racional sin cortapisas a los bancos de nueva creación”. La patronal considera que el crédito al sector promotor está “absolutamente penalizado y encuadrado dentro de categorías muy exigentes” a efectos de provisiones. Por ello, proponen regular ese tratamiento, flexibilizándolo para promociones viables o que tengan mayores garantías. Leer más

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Rescatar Grecia reloaded: ¿para qué?

4233958682_b6e7eb172a_m-175x175 Rescatar Grecia reloaded: ¿para qué?Los medios de comunicación están que arden con la noticia del aplazamiento hasta el 3 de julio del quinto tramo de 12.000 millones de euros del primer rescate a Grecia. El FMI y los ministros de finanzas de la zona euros no se ponen de acuerdo para desbloquear el tramo de ayuda, procedente de los 110.000 millones comprometidos en un primer momento.

El avance de las reformas exigidas a Grecia y la necesidad de tener aprobado un segundo plan de rescate son dos razones esgrimidas para retrasar la inyección de dinero.

Este segundo plan contaría con un presupuesto de unos 120.000 millones adicionales, repartidos de la siguiente forma:

  • 60.000 millones de las arcas de los países de la zona euros. Gran Bretaña, pese a que sus bancos saldrían beneficiados, no quiere poner dinero.
  • 30.000 millones de privatizaciones de activos griegos (aeropuerto de Atenas, autopistas, activos inmobiliarios, etc).
  • 30.000 millones de retrasos pactados en la devolución de la deuda, que se supone aceptarán “voluntariamente” los acreedores privados.

Del primer rescate de Grecia en mayo de 2010, España aportó 9.742 millones de euros (el equivalente a casi dos Planes E, para que nos hagamos una idea).

Confieso que me pierdo con estas cifras. Mucho dinero utilizado para que países de la zona euros paguen a acreedores, privados en su mayoría.

Y a pesar de la ingente cantidad de dinero, opino que la solución se está obviando y poniendo parches caros por el camino. La UE se creó con un fallo inicial muy criticado en su momento por los economistas de medio mundo:

Una integración monetaria sin una política fiscal común tiene en su interior la semilla del desastre. Una crisis de desigual incidencia entre países podría colapsar el sistema. Lo que en esos momentos parecía una posibilidad lejana, ahora estamos inmersos en ella.

Por tanto, o damos un paso de gigante en la construcción europea y nos acercamos a un modelo federal, con eurobono y demás instrumentos comunes, o puede que ni todo el dinero movilizado (de los contribuyentes europeos) sirva para evitar el desastre.

Si Grecia fuera una empresa, con deudas a bancos, lo que estaríamos presenciando es una exigencia de vender las máquinas, irse de alquiler, despedir empleados y no invertir ni un euro en publicidad ni en otras inversiones. Todo menos pagar mal a sus acreedores.

Otras empresas le dejan dinero para que no cierre y pague sus deudas, y se pide a los bancos que “voluntariamente” retrasen el cobro de algunas mensualidades. Bancos que en su momento evaluaron el riego y aumentaron los intereses de los préstamos concedidos.

Las exigencias al país heleno no parecen casar muy bien con un crecimiento a medio plazo del país, verdadera fuente de ingresos para pagar las deudas.

Las medidas de ajuste las puede imponer la parte acreedora, la deudora o negociar. En Europa parece que son los acreedores los que mandan. ¿No deberíamos tener algo que decir los diversos deudores, que en el fondo somos todos los contribuyentes?

Desde luego rescatar a un miembro de la UE para evitar que quiebre es algo que defenderé siempre, ya que estoy convencido de que la solución a Europa es más y mejor Europa. ¿Pero rescatar para qué?

No sería aceptable que el rescate fuera un sacrificio exclusivo de los ciudadanos europeos en favor de la gran banca. Los acreedores privados tendrán que perder dinero, también.

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Información, seguridad, estímulo y crecimiento

electico Información, seguridad, estímulo y crecimientoImaginemos que al gobierno le da por ofrecer garantías de préstamos para todas las empresas que apuesten por el coche eléctrico, desde fabricantes de automóviles hasta talleres y parkings. Cualquier compañía, incluyendo las nuevas, podrían beneficiarse. El gobierno llevaría a cabo algunas auditorías aleatorias, sólo para determinar si la empresa en cuestión podría invertir el capital que obtuviese en proyectos reales  vinculados con coche eléctrio en vez de dedicarlo a otras cosas como sería bastante común en nuestro país.

¿No constituiría dicho programa un estímulo a la economía? Si el sector es medianamente atractivo, muchos emprendedores se lanzarían a la piscina y crearían en poco tiempo empresas con muy poco patrimonio neto y muchas deudas baratas garantizadas.  Dicho programa podría ser una forma bastante directa de estímulo fiscal. Aunque los políticos y los financieros se diviertan fingiendo otra cosa, el pasivo sigue siendo pasivo, y ofrecer garantías de préstamos a todos los que iniciaran proyectos arriesgados es, de algún modo, sólo una forma más de financiar un gasto del gobierno equivalente a las pérdidas esperadas del programa.

Pero, hay que tener en cuenta, que si, por suerte, a las nuevas empresas estimuladas de forma artificial les fuera sorprendentemente bien y se pagaran muy pocas garantías, eso no eliminaría el efecto estímulo del programa (aunque el gobierno no haya soltado un euro). Si el porgrama está bien pensado, el estímulo acaba saliendo gratis y crearía riqueza al país. No es la transferencia real del dinero del gobierno lo que sirve como estímulo. El estímulo viene única y precisamente de la seguridad que  proporciona el programa sobre la devolución del capital invertido con intereses a los inversores.

Por tanto, supongamos que el gobierno no hace nada, pero «el mercado» tiene la certeza (de forma correcta o no) de que, por ejemplo, el coche eléctrico es algo seguro, es el futuro. En la medida en la que el coste del capital de esas empresas sea suficiente, la misma dinámica tendrá lugar. Ya hemos visto como ocurría en dos ocasiones. Cuando el capital de las empresas de Internet se volvió muy barato, los emprendedores entendieron (y lo comentaron de forma bastante abierta) que era una oferta muy interesante. Dijeron ¿por qué no entrar?. Se creó una burbuja. sí, y en términos generales todos (salvo los que llegaron al final) acabaron ganando y se creó una nueva industria.

El derrumbe, tanto en aquella burbuja como en las más recientes, tiene lugar cuando el mercado no está seguro de nada, cuando los participantes en el mercado perciben un riesgo, cuando es mucho más fácil, seguro y rentable invertir en letras del tesoro que en cualquier negocio.

La información es estímulo. En la medida en la que los mercados estén más informados, el dinero se creará y prestará dentro de la economía de forma tan segura como si el gobierno lo imprimiera y lo gastara. El estímulo mal elegido y las burbujas especulativas son gemelos encubiertos, lo único que cambia son las identidades de las personas que toman malas decisiones. En cambio, las buenas elecciones económicas del gobierno pueden dar lugar a resultados tan saludables como un mercado sano.

Si tuviesemos que definir el momento actual creo que no lo podríamos poner ni en un momento “bien informado” (crecimiento saludable) ni en uno “mal informado” (creación de burbujas) lo pondríamos en uno en el cual nadie se fía de la información que recibe, ni de los mercados porque están manipulados, ni de las autoridades públicas porque mienten, con lo que las expectativas de crecimiento son nulas ya que ningún inversor (o prestamista) arriesgará a meter dinero en el sistema.

No estamos sólo en una crisis económica, estamos en una crisis de información y es ésta última la que genera la confianza y los estímulos para iniciar la recuperación. Mientras no veamos que las administraciones públicas toman decisiones inteligentes más allá de poner parches, tanto los consumidores como los inversores estamos en nuestro derecho de dejar el dinero debajo del colchón.

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No quebrar no es suficiente

greciausa No quebrar no es suficienteLas últimas semanas la deuda pública ha vuelto a la actualidad de forma negativa, con 2 protagonistas: por un lado Grecia y por otro los EUA. En el fondo hay una gran similitud entre los problemas de ambos: se creyeron invulnerables a gastar mucho más de lo que ingresaban y a mantener el sistema en funcionamiento confiando en que la enorme deuda generada por el descuadre iba a ser absorbida sin problemas debido al prestigio del país en el caso norteamericano, y de la €zona en el caso heleno. Pero en este segundo caso, y a pesar de todo el apoyo político y económico del resto de miembros, no ha sido suficiente. ¿Y en el caso de los EUA, es sostenible que no ajuste los desequilibrios de su economía? Mi respuesta es que no, pero de momento no van a adoptar ninguna medida extrema.

Mi teoría es que los EUA juegan con fuego porque pueden hacerlo, y ya que pueden, lo hacen. Sería relativamente sencillo para un país tan poderoso y con tan grandes recursos recortar el déficit aumentando los impuestos a sus multinacionales que son de los más bajos del mundo o establecer un IVA estatal que en la sociedad más consumista del mundo produciría, aunque fuera a un tipo mínimo, unos enormes ingresos. También podría reducir sus gastos, si de verdad estuvieran tan apurados como para que su solvencia peligrara, ¿De qué serviría mantener tropas en Afganistán, no es acaso la ruina más peligrosa que un posible ataque terrorista? Pero cuando un país dispara su deuda y aumenta su déficit y aún así consigue colocar billones de deuda en los mercados a unos tipos de interés bajísimos y si se beneficia de que su moneda, que es la divisa de referencia mundial, se deprecie porque así aumentan los beneficios de sus multinacionales y aún así de momento su inflación sigue en niveles bajos, ¿Para qué cambiar?

Si la crisis global es tan grave es porque gobiernos -locales y estatales- particulares y empresas se endeudaron demasiado y los bancos les prestaron ese dinero con demasiada alegría. Todos estamos sufriendo con ello excepto quien más se ha endeudado: los EUA. Cierto que todo esto lo consiguen porque la Reserva Federal está comprando gran parte de esa deuda que el país emite y de ese modo hace trampas en la competencia con el resto de países emisores pero, ¿Alguien se lo impide? No. Es más, algunos premios nobel como Krugman apoyan y alientan esa política que convierte a la economía en una cuestión de impunidad. Como todo el planeta se vería gravemente perjudicado por una nueva recesión en los EUA y temblamos ante la posibilidad de que aumenten los tipos de interés, tengan problemas para colocar su deuda o simplemente les rebajen el rating, todas las autoridades económicas mundiales aceptan unas reglas que no se le permitiría a otro país. Es similar a la complacencia política que se tiene con China o Qatar gracias a su enorme liquidez y que lleva a todos nuestros políticos a obviar que son dictaduras donde se violan derechos humanos.

Y poco importa que de repente las agencias calificadoras demuestren algo de honestidad y amenacen con una rebaja de rating…de hecho el día del anuncio de S&P de situar la perspectiva en negativo mejoró la rentabilidad de la deuda de los EUA que se negoció. Al final los inversores mundiales confían en la solvencia del país más poderoso de la Tierra porque saben que no es posible que ésta se dañe gravemente porque a nadie le interesa que eso ocurra. Más que una cuestión de confianza es una cuestión de supervivencia, porque si los EUA no fueran solventes el sistema financiero mundial colapsaría. Por supuesto nada es seguro al 100%, y argumentos similares se decían de Grecia: “¿Cómo va a dejar la €zona que quiebre uno de sus miembros, más siendo tan pequeño?” Pero no es lo mismo, porque al final lo de Grecia ni siquiera hundirá a la €zona, si acaso sólo a algunos miembros. No es pues comparable, es como si suspendiera pagos el pequeño estado de Conécticut. De hecho, los problemas de solvencia de estados grandes como Illinois o California no han mermado la confianza en el país.

Pero el que los EUA puedan ser invulnerables a una crisis de deuda soberana no significa que su deuda local y privada sea inmune ni que sus ciudadanos no puedan sentir una recesión económica grave. Lo mismo pasa con Europa, en España es normal sentirnos aliviados porque la quiebra del país parece que vuelve a ser una posibilidad remota pero eso no va a resolver el drama del paro. En mi opinión nos enfrentamos a una segunda fase de la crisis financiera en la que puede que la deuda soberana pierda protagonismo pero que se verá potenciada por aspectos similares a la recesión de los años ´70 del siglo pasado ya que estará marcada por la inflación y los altos precio del crudo. De hecho, aquella también empezó por la manipulación norteamericana –concretamente de Nixon- de abandonar el patrón oro para debilitar el $ y que motivó la decidida respuesta de los productores del petróleo que se vieron afectados por ello. Las grandes diferencias/incógnitas: saber si un mundo tan endeudado como el actual podrá soportar la fuerte subida de los tipos de interés que podría darse y si la globalización y el ciclo económico diferente de las economías emergentes pueden influir positiva o negativamente.

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Vaivenes millonarios

Nota del autor: La siguiente es una nota de ficción financiera, basada en hechos que pueden (o no) ser tomados de la experiencia práctica del narrador.

El objetivo de la misma es plantear aspectos importantes de la relación siempre asimétrica entre el asesor financiero y el cliente inversor, y aprender al mismo tiempo del proceso de toma de decisiones de inversión en tiempo real.

Lunes 4 de agosto de 2008

hotel-175x151 Vaivenes millonariosMarcos salió del restaurante convencido de haber realizado un buen trabajo y conseguido un nuevo cliente. Al principio se había mostrado un tanto dubitativo frente a las preguntas de Horacio, pero con el correr de los minutos sintió que lograba transmitir  con seguridad su filosofía de inversión y que aquél “compraba” su discurso. Para cuando la conversación giró hacia temas más vinculados con su currículum, sus gustos y amistades, pudo percibir cómo se afianzaba el clima de confianza que pretendía generar en ese tipo de encuentros.

Al despedirse, notó que Horacio evaluaba la posibilidad de contratarlo en ese mismo momento como su nuevo “administrador de cartera”. Sin embargo, como era de esperar, debió conformarse con un simple “nos mantenemos en contacto”.

Para cuando el aparcacoches del hotel de donde se había celebrado el encuentro le acercó el coche, Marcos ya había calculado mentalmente en cuánto se incrementarían sus ingresos si sumaba a Horacio a su porfolio: éste le había hablado de 2 millones de dólares para invertir, y dado el 1% fijo anual de gastos administrativos que les cobraba a sus clientes más el 15% sobre las ganancias obtenidas con el capital, estimó su ingreso en unos 52.000 dólares anuales, cifra nada despreciable que lo acompañó durante todo el trayecto hasta su oficina.

Al llegar, su secretaria le dijo que no había recibido llamadas importantes, por lo que se dirigió directamente a su escritorio dispuesto a seguir las últimas dos horas de operaciones del mercado.

Martes 5 de agosto

pantalla-175x150 Vaivenes millonariosMarcos llegó más temprano que lo habitual a su oficina. Después de encender la computadora, decidió evaluar la situación actual de su cartera y sus perspectivas: tenía bajo administración 6,3 millones de dólares propiedad de dos clientes, Juan S. y Sebastián N., a quienes conocía desde los tiempos en que trabajaba en BankBoston de Argentina, hoy Standard Bank.

En lo que iba del año, el S&P 500 había subido apenas 3,2%, mientras que su cartera se había incrementado en un 3,7% gracias a la correcta decisión de asignar desde principios de año un 20% del total de los fondos a distintos ETF de mercados emergentes.

Marcos pasó el resto del día evaluando alternativas de inversión: oro, petróleo y un ETF de bienes raíces. Mientras tanto, el mercado comenzó a caer producto de malas noticias en el sector financiero: la crisis de las subprime (hipotecas con alto riesgo de incobrabilidad) golpeaba nuevamente a las plazas internacionales.

Miércoles 6 de agosto

A las 14  recibió la llamada tan esperada: Horacio habló con su secretaria y solicitó las instrucciones para la apertura de cuenta y su posterior fondeo.

Entusiasmado, Marcos siguió analizando potenciales inversiones mientras el mercado y su cartera parecían no encontrar suelo y perdían alrededor del 1,50% por segundo día consecutivo.

Las ganancias marginales del año para el S&P 500 y su porfolio prácticamente se habían evaporado, hecho que preocupaba pero no angustiaba a Marcos, conocedor de los vaivenes del mercado y consciente de la necesidad de mantener la calma en épocas de alta volatilidad. Proyectaba cambios favorables para lo que quedaba del año mientras recordaba aquella máxima según la cual las acciones norteamericanas observan sus mínimos anuales en octubre y registran su mejor rendimiento entre ese mes y marzo.

Por lo tanto, reflexionó, sería conveniente armar una cartera menos correlacionada con el mercado que la actual, siguiendo el rendimiento del S&P 500 pero moderando los movimientos a fin de limitar las pérdidas en caso de bajas y las ganancias en caso de subas. Sabía que la mejor forma de hacerlo era reduciendo la Beta, es decir, el coeficiente de correlación entre sus títulos y el índice de referencia.

“Los porfolios manager profesionales son evaluados por el rendimiento que logran en comparación con el resto del mercado. Por lo tanto, mi misión será ganarle al S&P 500”, se dijo, y comenzó a buscar activos “defensivos” o con Beta bajo para reemplazar los actuales “ofensivos”.

Jueves 7 de agosto

Brian, la persona que lo atendía en forma directa en el broker con el que trabajaba, lo llamó al mediodía para confirmarle que había recibido un depósito de 2 millones de dólares en una cuenta a nombre de Horacio L. vinculada -como dictaba la norma- a una cuenta madre a nombre de Financial Reports S.A., la sociedad que él mismo manejaba. De esta manera, el total administrado por nuestro protagonista ascendía a 8,1 millones de dólares una vez contabilizada la pérdida de los últimos días.

A los pocos minutos, su secretaria le informó que tenía a Horacio en el teléfono. El nuevo cliente quería confirmar la transferencia y desearle éxitos. Marcos le agradeció la confianza y, tras cortar, decidió no perder un segundo más y ponerse en acción: vendió los papeles de Beta alto (los ETF emergentes, algunas acciones de empresas tecnológicas y el ETF del Russel 2000 -el índice de PyMEs estadounidenses-) y compró el ETF del oro, papeles de consumo masivo y de empresas de salud. Luego colocó la totalidad de la posición de Horacio replicando las inversiones realizadas para Juan y Sebastián y justo antes del cierre del mercado concluyó la operación. Ahora la Beta de la cartera había bajado a 0,52, desde los 0,98 anteriores. De esta forma, si el S&P 500 caía un 1%, su cartera debía caer aproximadamente 0,50%, y si el índice subía 2%, su cartera debía ganar alrededor de un 1%.

Se aseguró de que la Beta de la cartera estuviera bien calculada realizando un promedio ponderado de las Betas de los activos que la componían en función de su participación en el total y se retiró de la oficina horas más tarde.

Viernes 8 de agosto

Varios minutos antes de que abrieran los mercados en los EE.UU. un fuerte rumor ganaba peso y derrumbaba las bolsas europeas: uno de los bancos grandes de Norteamérica estaría a punto de quebrar debido a la creciente morosidad de sus deudores hipotecarios y del retiro masivo de depósitos de sus clientes.

Los futuros del S&P 500, el Dow Jones Industrial y del Nasdaq presagiaban lo peor. En la apertura, los tres índices abrieron con un fuerte gap bajista, esto es, con una brecha importante y a la baja respecto de los valores del último cierre. La caída se fue profundizando con el correr de las horas y el cierre encontró al S&P derrapando un 3,5%.

Marcos miró de reojo el rendimiento de su cartera: -2,2%. Un sabor agridulce lo invadió: si bien estaba perdiendo menos que el mercado, no dejaba de hacerlo. Hubiera preferido haber vendido toda la posición el día anterior en lugar de solamente bajar la Beta de la cartera, pero sabía que en el mundo financiero no había lugar para los pensamientos melancólicos. “A la hecho, pecho”, dijo en voz alta y se mentalizó para que el traspié no lo amargara.

Lunes 11 de agosto

preocupa Vaivenes millonariosLa nueva semana comenzaba cargada de nerviosismo. Los bancos y las financieras vinculadas con las hipotecas seguían en caída libre y los índices, perdiendo terreno pese a algunos rebotes intradiarios.

Marcos miró el reloj de pared de su oficina con cierta desazón: el día había pasado y su cartera había bajado otro 1,55% frente al descenso del 2,95% del mercado. A lo lejos escuchó a su secretaria despedirse pero no tuvo fuerzas siquiera para contestarle. Horacio tenía 74.000 dólares menos que al comienzo, mientras que el capital del porfolio que administraba se había reducido en nada menos que 546.000 dólares.

Sabía, porque ya había vivido experiencias similares, que Juan S. y Sebastián N. no estarían demasiado preocupados, pero no podía adivinar el estado de ánimo de su nuevo cliente. De todas maneras, pensó, podía defender su gestión: desde que redujo la Beta de la cartera el mercado había cedido cerca de un 6,5% y sus cuentas, un 3,7%.

Martes 12 de agosto

Marcos llegó más temprano que de costumbre a su oficina. Su secretaria se asombró al encontrarlo sumamente concentrado en las pantallas de cotizaciones. Había dormido mal la noche anterior, aunque al amanecer una sensación de seguridad le trajo cierta calma: tras analizar la situación, llegó a la conclusión de que el mercado había estado sobreactuando en su caída y que el rebote era inminente.

Aprovechó la primera apertura tranquila del mercado en los últimos días para hacer un nuevo rebalanceo de la cartera. Vendió los papeles de bajo Beta adquiridos recientemente y se posicionó en activos con Betas iguales o mayores a 1 (activos “ofensivos”).

En el preciso instante en que desde el broker le confirmaron la última operación, su secretaria le pasó un llamado que esperaba: con la voz nerviosa y hasta temblorosa, Horacio le recriminó las pérdidas sufridas en tan poco tiempo. Marcos le ofreció encontrarse ese mismo día para almorzar y una hora más tarde se estaban saludando -esta vez, de manera más fría y distante por parte de Horacio- en el mismo hotel del primer encuentro.

Marcos dejó que Horacio hablara primero sin interrumpirlo. En estas situaciones solía preguntarse cuánto de común tendría su tarea con la de un psicólogo. Entonces, una vez que Horacio calló, Marcos se plantó firme y le recordó lo hablado la primera vez: él había sido contratado para ganarle al mercado, para lograr un mejor rendimiento que éste, tanto en las alzas como en las bajas, tarea que al fin y al cabo estaba cumpliendo. Abrió su notebook y le enseñó las planillas de excel con los resúmenes de las cotizaciones y las cuentas. Asimismo, le ofreció la posibilidad de que retirar el dinero sin pagar un centavo de comisión. Horacio no tuvo más remedio que retroceder y terminar pidiendo disculpas por el arrebato, disculpas que enseguida fueron aceptadas por Marcos.

Antes de despedirse, Marcos le contó sobre las operaciones realizadas ese mismo día y le advirtió sobre un probable incremento de la volatilidad de la cartera.

Miércoles 13 de agosto

Los cables inundaban los monitores de operadores y analistas: quince minutos antes de que abriera el mercado la Reserva Federal (Fed) de los EE.UU. anunciaba su decisión de rescatar a los bancos en problemas, hecho que despejaba al menos momentáneamente los fantasmas de default en las entidades comprometidas.

El timing no podía haber sido mejor. Un rally alcista se impuso con fuerza y los mercados subieron durante todo el día. Al final de la jornada el S&P había ganado un 3,5% -incluyendo cierta recuperación observada minutos antes del cierre previo, cuando los rumores comenzaron a correr- y su porfolio, un 4,2%.

El valor de mercado de la cartera totalizaba ahora los 8,5 millones de dólares, mientras que el saldo de Horacio regresaba a los 2 millones. “¡Al fin un buen día!”, celebró Marcos y cerró la puerta de su oficina.

Jueves 14 de agosto

El alza del miércoles se consolidó el jueves con otra del 1,50% del S&P. Su apuesta volvió a ganarle al promedio y aumentó un 1,80%. El mercado hacía honor a su fama de ciclotímico y ahora los mismos que días atrás veían sólo nubes negras en el horizonte, no dejaban de alabar a la Fed por sus rápidos reflejos. Marcos tomó nota, se acercaba el momento de vender.

Viernes 15 de agosto

cuentas-175x129 Vaivenes millonariosHoracio llamó a primera hora de la mañana. Deseaba retirar sus fondos al final del día. Decía “no tener estómago” para tanta variación de precios. La llamada no sorprendió a Marcos. Lo tomó con la naturalidad de quien espera suceda un hecho en principio negativo pero necesario. Contabilizando la subida de los activos al cierre, el saldo de Horacio ascendía a 2,1 millones de dólares. Había ganado, después de tantas idas y vueltas, 100.000 dólares en apenas 15 días.

Marcos afinó el lápiz para calcular su comisión por los servicios prestados. Aunque estaba en su derecho, no cobraría el proporcional del 1% en concepto de gastos administrativos, por lo que el monto a percibir totalizaba 15.000 dólares, el 15% de las ganancias de Horacio.

El vínculo contractual había finalizado y Marcos sabía que no debía buscarle responsables al hecho. Es más, estaba convencido de que era lo mejor para ambos. Para el futuro se prometió ser más claro con sus potenciales clientes en relación con las condiciones que deben reunirse para realizar este tipo de inversiones y no dejarse llevar (tanto) por las emociones. Al fin y al cabo, de subidas y bajas está hecho este mundo.

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