La estanflación, los baby boomers y el precio del Oro.

creci La estanflación, los baby boomers y el precio del Oro.Mientras que en todo el mundo se sigue hablando de la crisis,  la economía global creció a una tasa anualizada del 5,25% en el primer semestre de 2010; y se piensa que si bien en el período en curso el alza será menor, el fuerte crecimiento tenderá a mantenerse, al menos por ahora.

La mayor parte deriva del aumento del PBI de los países Emergentes, que vienen creciendo a tasas del 9,5% anual desde el año 2003, veamos los datos y las previsiones globales:

previsiones-macroeconómicas-PIB-2010_2011-575x390 La estanflación, los baby boomers y el precio del Oro.

Los fríos números no hacen más que mostrar un cambio importante en el paradigma global que tiende a acelerarse en la última década: fuerte crecimiento en los países emergentes y estancamiento en los G7.

Este estancamiento es aún más preocupante al observar el precio de las materias primas (en niveles máximos históricos) y del Oro, cuya incremento suele anticipar presiones inflacionarias y que, después de subir  30% en 2009, ya lleva casi 18% de suba faltando poco más de 3 meses para que termine el 2010.

¿Es posible entonces pensar en un escenario de estancamiento con inflación para las potencias globales en los próximos años?

Para poder contestar esta pregunta necesitaríamos primero definir lo que se conoce en Economía como Estanflación y realizar luego una visión histórica de las ocasiones en las cuales este fenómeno se dio en la historia reciente.

Estanflación: Definición e historia.

estanfla La estanflación, los baby boomers y el precio del Oro.Estanflación: “La estanflación indica el momento o coyuntura económica, en que, en una situación inflacionaria se produce un estancamiento de la economía y el ritmo de la inflación no cede. Definiendo el término, podemos decir que estanflación es la situación económica que indica la simultaneidad del alza de precios, el aumento del desempleo y el estancamiento económico”.

Fuente: www.investopedia.com

Cuando el PIB decrece durante dos trimestres consecutivos, se dice técnicamente que existe una recesión. Cuando esta recesión es acompañada por una fuerte subida de precios en forma sostenida, se llega a uno de los peores escenarios económicos posibles, la estanflación, en donde las políticas monetarias y fiscales que suelen utilizarse para reactivar la economía y contener la inflación no hacen más que empeorar la situación, que se torna difícil de manejar y corregir.

Entre 1973 y 1975, el precio del barril del petróleo aumentó un 77,3%, hecho que repercutió en la economía global vía reducción de la producción y aumento de los precios.

1974 y 1975 fueron años de crecimiento nulo o negativo para el PIB americano y el resto del planeta en mayor o menor medida. Mientras el PIB se estancaba, la inflación aumentaba año tras año, influenciada por el precio del “oro negro”.

Los analistas financieros y economistas académicos se encontraban en estado de “shock”, y la aparición de la estanflación fue el detonante de una gran cantidad de investigaciones sobre los efectos de las perturbaciones de la oferta durante el resto de la década.

A finales de los ´70 se produjo una segunda crisis del petróleo, pero ahora los economistas estaban mejor equipados para comprenderla, al “apalancarse” en la experiencia anterior, y el gasto social y militar de John F. Kennedy y Lyndon B. Jhonson desencadenaron un período de altos niveles de demanda, que junto con el aumento de los precios del petróleo aumentaron las presiones inflacionarias.

Ya a fines de los ´80, los países Europeos tomaron la decisión de reducir la inflación por medio de la contracción monetaria. Inglaterra, bajo el mandato de Margaret Thatcher, fue el país que primero actuó, seguido unos años mas tarde por casi todos los demás. El resultado fue el mismo que el de EE.UU, el país de origen del “virus”: un brusco aumento del desempleo.

Los baby boomers y las estrategias de inversión para un escenario de estanflación.

Sin querer ser alarmistas, debemos tener en cuenta además de todo lo planteado un dato fundamental: los baby boomers (término usado para describir a una persona que nació durante la explosión de natalidad que siguió el período posterior a la Segunda Guerra Mundial entre los años 1946 y principios del decenio de 1960) comenzarán a retirarse masivamente en los próximos 10 años, pudiendo generar una importante crisis fiscal y frenando el crecimiento de la fuerza laboral americana.

Frente a este panorama, me parece útil terminar este artículo analizando que es lo que tendría que hacer un inversor que busca mantener el poder adquisitivo de sus ahorros en el largo plazo.

En los contextos de estanflación del pasado, los sectores mas castigados fueron los industriales, dado que el petróleo es uno de los suministros mas utilizados por los mismos, no solo para los transportes si no para la mayoría de las fábricas que utilizan el oil como energía en la producción. Las empresas de servicios, en cambio, se las arreglan mejor en un escenario de este tipo, sufriendo solo uno de los dos males, el recesivo, pero enfrentado de mejor manera los riesgos inflacionarios.

Dicho esto, el porcentaje de acciones en nuestra cartera debería estar compuesto en su mayoría por empresas de servicios. Los bancos y las empresas de servicios financieros son, por excelencia, los que más experiencia tienen en el tema y sus acciones pueden convertirse en una buena alternativa. Y, desde ya, el Oro y la inversión en empresas productoras y exportadoras de materias primas se presentan como algo a tener muy en cuenta.

Leer mas: 
La estanflación, los baby boomers y el precio del Oro.

Inflación, mucha inflación y demasiada inflación.

La inflación es la madre del paro, y la ladrona invisible de quienes han ahorrado

Margaret Thatcher

O como diría el económico de Roosevelt, Leon Henderson

Tener un poco de inflación es como estar un poco embarazada

Muchas veces os habréis preguntado por qué los economistas tienen esa preocupación, en ocasiones obsesiva, sobre el control de los precios. Cuando la mayoría de nosotros piensa en la inflación, la vemos como una molestia menor que provoca la subida de los precios de forma paulatina, incluso cuando no la tenemos la echamos de menos. La inflación puede moverse mucho más rápido de lo que la mayoría en el mundo occidental está acostumbrada. De hecho, la inflación puede subir tan rápido que literalmente puede paralizar una economía y poner de rodillas a los países. Para demostrarlo nada mejor que mirar los peores ejemplos de inflación durante los últimos 100 años.

1. Zimbabwe

Cuando la mayoría de la gente piensa en una mala inflación, Zimbabwe suele ser el país que viene a la mente, hace unos meses recibíamos constantemente noticias sobre la increíble velocidad a la que la divisa del país perdía valor.

Remontándonos a 1980, el dólar de Zimbabwe valía unos 1,25 USD. No obstante, la caída de la economía dio lugar a una inflación galopante. Muchos consideraron que el origen de la hiperinflación se encuentra en la decisión de Robert Mugabe de quitarles tierras a los agricultores blancos para dárselas a los negros, lo que provocó que la producción de alimentos y los ingresos derivados de su exportación cayeran en picado. En 2004, la inflación del país alcanzó el 624 por ciento, y en 2006 se elevó al 1.730 por ciento. En junio de 2007, la inflación de Zimbabwe subió hasta el 11.000 por ciento interanual, y para hacer frente a la misma, el Bank of Zimbabwe emitió billetes valorados en 100 y 200 millones. Diez días después, se emitieron más billetes por valor de 500 millones de dólares de Zimbabwe, que equivalían a 2,5 dólares americanos. Esto continuó hasta el punto en que se emitieron billetes por valor de 100 mil millones de dólares y las previsiones de inflación del país alcanzaron los 9.000.000 %, lo que hizo que el valor de la divisa de Zimbabwe fuera de 688 mil millones de dólares por dólar estadounidense. Según parece, la inflación alcanzó su máximo en noviembre de 2008 con un tipo de interés del 89.700.000.000.000.000.000.000 por ciento. Finalmente, se dejó de utilizar la divisa y solo se usaron monedas extranjeras.

2. Europa

Europa, relativamente estable en estos momentos respecto de la inflación, pasó por períodos muy difíciles con ella.

Alemania tuvo su propio periodo de inflación en 1923, después de la Primera Guerra Mundial. En 1922, el valor máximo de la moneda alemana fue de 50.000 marcos. Sin embargo, en 1923, se emitieron billetes por valor de 100.000.000.000.000 marcos, a un tipo de cambio en diciembre de ese año de 4.200.000.000.000 marcos por USD. La tasa de inflación del país finalmente alcanzó el sorprendente 325.000.000% al mes, lo que significaba que los precios se duplicaban cada dos días. La gente literalmente cogía carretillas llenas de dinero para comprar una barra de pan.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Hungría pasó por la peor inflación de su historia entre 1945 y julio de 1946. En 1944, el máximo valor que se emitió en moneda húngara fueron 1.000 pengos. A finales de 1945, el nuevo billete de mayor valor fue de 10.000.000 pengos y en 1946, 100.000.000.000.000.000.000 pengos. Para solucionar la situación, se emitieron dos divisas distintas cuando la inflación alcanzó el 130.000.000.000.000.000 por ciento al mes, lo que dio lugar a que los precios se duplicaran cada 15 horas.

Polonia pasó por una hiperinflación después de la caída de la Unión Soviética, de 1989 a 1991. En 1989, la máxima denominación de los złotys fue de 200.000, en 1992 alcanzó los 2.000.000. A finales de agosto de 1992, el tipo de cambio era de 19.600 złotys por USD.

En Ucrania, después de que se sustituyera el rublo soviético por el karbóvanet, la mayor denominación fue de 1.000 karbovantsiv. En 1995, la máxima denominación alcanzó el 1.000.000. El tipo de cambio finalmente alcanzó los 1.400 al mes. En la actualidad, Ucrania ostenta el récord de mayor inflación en un año, alcanzado en 1993.

3. Sudamérica

Recientemente, Sudamérica ha pasado por una inmensa inflación a medida que los países en vías de desarrollo montaban en la montaña rusa para convertirse en países desarrollados. A continuación mostramos algunos ejemplos de la inflación sudamericana.

Argentina pasó por su peor inflación entre 1975 y 1991. En 1975, la máxima denominación era de 1.000 pesos, pero en 1976 subió hasta 5.000. Tres años después alcanzó los 10.000 pesos y en 1981 el 1.000.000 de pesos. La reforma monetaria dio lugar a un nuevo peso argentino cuyo valor ascendía a 10.000 pesos en 1985. En 1992, una vez superada la crisis económica, un peso de 1992 valía 100.000.000.000 pesos anteriores a 1983.

Bolivia pasó por su peor inflación durante los 80, entre 1984 y 1986, siendo su máxima denominación 1.000 pesos bolivianos en 1984. A finales de 1985, la máxima denominación fue de 10.000.000 pesos bolivianos. Esto colocó el valor de la divisa a 1.000.000 pesos por cada 55 céntimos de la moneda americana.

Brasil tuvo la peor inflación de su historia entre 1986 y 1994, momento en que la inflación subió de forma dramática. La inflación total del país alcanzó un máximo de 2.075,8 por ciento al final de la crisis.

4. Asia

China ha tenido ejemplos de hiperinflación remontándonos a antes del siglo XX, pero la República de China tuvo su peor inflación entre 1948 y 1949. En 1947, la máxima denominación de su moneda fueron los 50.000 yuanes, pero a mediados de 1948 alcanzó los 180.000.000 yuanes. La reforma monetaria de ese año dio lugar al yuan dorado que sustituyó al antiguo yuan, con un tipo de cambio de 1 yuan dorado igual a 3.000.000 yuanes. Sin embargo, a finales de 1948, se emitió una denominación de 10.000.000 yuanes dorados, y en 1949 se introdujo el yuan de plata, cuyo valor equivalía a 50.000.000 yuanes dorados.

Filipinas experimentó su propio período de hiperinflación cuando los japoneses las ocuparon durante la Segunda Guerra Mundial. Los japoneses emitieron su propia moneda, declarando ilegal la otra moneda como divisa de la guerrilla. La divisa fíat emitida por el gobierno japonés finalmente perdió su valor, y muchas personas acabaron llevando maletas llenas de dinero para comprar artículos baratos.

5. Estados Unidos

Incluso Estados Unidos no ha resultado inmune a la hiperinflación, sin embargo, los ejemplos más comunes datan de los siglos XVII y XIX, durante momentos de crisis para el país. Durante la Guerra Revolucionaria, el Congreso emitió la divisa continental, pero la moneda pudo ser falsificada muy fácilmente y ello hizo que su valor cayera rápidamente dejándola casi sin valor.

Durante la Guerra Civil americana, los estados confederados emitieron su propia divisa y eso provocó que el precio del índice de precios de materias primas de Lerner para las principales ciudades de la confederación del este subiera de 100 a 9.000. A medida que la Guerra Civil seguía su curso, entre 1861 y 1865, el dólar confederado fue perdiendo cada vez más valor, hasta justo antes del final de la guerra, cuando perdió todo su valor. Desde que el Sur perdió la guerra en 1865, se dejó de utilizar la divisa para volver a adoptar el dólar americano de nuevo.

Como véis, a salvo de la inflación parece que sólo está la Antártida.

Leer mas:
Inflación, mucha inflación y demasiada inflación.

Breve historia de los tipos de cambio.

Uno de de mis libros de divulgación científica favorita es “Una breve historia de casi todo”  de Bill Bryson. En él nos muestra de una manera bastante amena,  la historia que va desde lo más pequeño hasta lo más grande, digamos que resume en 500 páginas los más de 13.000 millones que tiene el mundo, casi nada. Además el libro no sólo nos habla del universo y de la tierra si no también de sus habitantes, desde premios Nóbel de primera categoría hasta científicos de dudosa rigurosidad, veamos que nos cuenta de uno de estos últimos:

La edad exacta del planeta Tierra sigue siendo algo imprecisa, al igual que la del Sistema Solar o la de nuestra galaxia, por no hablar de la edad el Universo en que vivimos. Pero, históricamente, ha habido gente que lo tenía mucho más claro. En 1650 el arzobispo James Ussher de la Iglesia de Irlanda realizó un estudio cuidadoso de la Biblia y de otras fuentes históricas.Llegó a la conclusión de que la Tierra había sido creada exactamente el 23 de octubre del 4004 A.C.Y afinando un poco más: al mediodía. Eso ha producido bastante hilaridad entre historiadores, científicos desde entonces. Es casi un chiste obligatorio en libros de texto sobre el tema. Si oyes que hay gente que hoy en día, casi cuatro siglos después, cree que la tierra tiene sólo 6.000 años de antigüedad, probablemente se están refiriendo a ese soleado (suponemos) mediodía de octubre del 4004.

Esto me recuerda a muchas previsiones económicas que vemos hoy en día, que son capaces de predecir donde estará el Dow Jones dentro de un año, con todos sus decimales, no obstante intentaré morderme la lengua y no hablar de este tipo de profetas si no más bien completar el libro de Bill Bryson. Hoy empezaremos una sección titulada “Breve historia de casi toda la economía” que no sé si durará un artículo o veinte y lo comenzaremos con un tema de actualidad (trás la intervención ayer de su moneda por parte del banco de Japón), los tipos de cambio.

Durante siglos, las divisas del mundo estuvieron respaldadas por el oro. Esto significa, que un billete de una divisa emitido por un gobierno del mundo representaba una cantidad real de oro que ese gobierno guardaba en una cámara acorazada. En los años 30, los EE.UU. establecieron el valor del dólar a un único e inalterable nivel: una onza de oro valía 35$. Después de la II Guerra Mundial, otros países basaron el valor de sus divisas en el dólar estadounidense. Dado que todo el mundo sabía cuánto oro valía un dolar estadounidense, el valor de cualquier otra moneda frente al dólar podría basarse en su valor en oro. Una divisa cuyo valor fuera dos veces el valor en oro de un dólar, valía, por tanto, dos dólares.

Desafortunadamente, el mundo real de la economía superó este sistema. El dólar estaodunidense padeció la inflación (su valor relativo a los bienes que podía comprar disminuyó), mientras otras monedas se revalorizaron y se hicieron más estables. Al final, los EE.UU. ya no podían seguir pretendiendo que el dólar valiera tanto como había valido, por lo que su valor se redujo oficialmente para que una onza de oro tuviera entonces un valor de 70$. El valor del dólar se redujo a la mitad.

Finalmente, en 1971, los EE.UU. se deshicieron del patrón oro del todo. Esto significó que el dólar ya no representaba una cantidad real de un material precioso, las fuerzas del mercado por sí solas determinaban su valor.

Hoy en día, el dólar estadounidense sigue dominando muchos mercados financieros. De hecho, los tipos de interés con frecuencia se expresan en dólares estadounidenses. Actualmente, el dólar estadounidense y el euro suponen aproximadamente el 50 por ciento de todas las operaciones de cambio del mundo. Incluyendo a las libras británicas, los dólares canadienses, los dólares australianos y los yenes japoneses, tenemos más del 80 por ciento de todos los cambios de divisa.

Tipo de cambio flotante

Hay dos sistemas principales utilizados para determinar el tipo de cambio de una moneda: divisa flotantemoneda referenciada.

El mercado determina un tipo de cambio flotante. En otras palabras, una divisa vale lo que los compradores estén dispuestoa a pagar por ella. Esto se determina a través de la oferta y la demanda, que por turnos se mueven en función de la inversión extranjera, las tasas de importación/exportación, la inflación y por muchos otros factores económicos.

Generalmente, países con mercados económicos maduros y estables utilizarán un sistema flotante. Casi todos los grandes países utilizan este sistema, incluyendo a los EE.UU., Canadá y Gran Bretaña. Los tipos de interés flotantes se consideran más eficientes porque el mercado corregirá de forma automática el tipo para reflejar la inflación y otras fuerzas económicas.

Con todo y con ello, el sistema flotante no es perfecto. Si la economía de un país se desestabiliza, un sistema flotante desincentivará la inversión. Los inversores pueden ser víctimas de tremendas oscilaciones de los tipos de interés y de la catastrófica inflación.

Tipo de cambio referenciado

Un sistema referenciado o fijo, es aquel en el que el gobierno establece y mantiene de forma artificial el tipo de cambio. El tipo estará referenciado a algún dólar de otro país, normalmente el dólar estadounidense. El tipo no fluctuará de un día para otro.

Un gobierno tiene que trabajar para mantener su tipo referenciado estable. Su banco central deberá contar con grandes reservas de moneda extranjera para mitigar los cambios de la oferta y la demanda. Si una demanda repentina de una divisa subiera el tipo de cambio, el banco central tendría que liberar la suficiente cantidad de esa moneda en el mercado para afrontar la demanda. También podría comprar divisa si una escasa demanda estuviera reduciendo los tipos de cambio.

Los países con economías inmaduras y potencialmente inestables normalmente utilizan un sistema referenciado. Los países en vías de desarrollo pueden utilizar este sistema para evitar una inflación descontrolada. No obstante, el sistema puede fracasar si el valor de mercado de la divisa del mundo real no se refleja en el tipo referenciado. En tal caso, surgiría un mercado negro en el que la divisa se comercializaría al valor de mercado, ignorando la referencia del gobierno.

Cuando la gente se de cuenta de que su divisa no vale tanto como indica el tipo referenciado, es posible que vaya corriendo a cambiar su dinero por otras divisas más estables. Esto puede conducir a un desastre económico, ya que la repentina afluencia de divisa en los mercados mundiales da lugar a una ralentización del tipo de cambio. Por tanto, si un país no cuida de su tipo referenciado, puede encontrarse con una moneda sin ningún valor.

Híbridos

De hecho, pocos sistemas de tipo de cambio son 100 por cien flotantes o 100 por cien referenciados. Los países que usan un tipo referenciado pueden evitar situaciones complejas del mercado o desastres inflacionarios utilizando una referencia flotante. Referencian su tipo de interés al dólar estadounidense, y ese tipo no fluctúa de un día para otro. Sin embargo, el gobierno revisa de forma periódica su referencia, y realiza ajustes menores para mantenerlo en línea con el verdadero valor de mercado.

Los sistemas flotantes tampoco se abandonan a merced de las fuerzas del mercado. Los gobiernos que utilizan tipos de cambio flotantes, introducen cambios en sus políticas económicas que pueden afectar a los tipos de cambio, de forma directa o indirecta. Reducciones de los impuestos, cambios en el tipo de interés nacional y aranceles a la importación pueden modificar el valor de la divisa de un país, aunque el valor flote técnicamente.

Así que la próxima vez que cruces una frontera y cambies tu dinero por el de otro país, recuerda que las fuerzas económicas del mundo contribuyen a determinar ese tipo de cambio. De hecho, cuando cambias divisas, te conviertes en una de esas fuerzas económicas y también estás contribuyendo a establecer el tipo de interés.  A veces nos olvidamos de que formamos parte de las fuerzas del mercado.

Leer mas:
Breve historia de los tipos de cambio.

Los Mayas

Durante 1200 años, los Mayas dominaron América Central. En su momento cumbre, entorno al 900 d.C., las ciudades Mayas estaban rebosantes, con cerca de 2.000 personas por Kilómetro cuadrado, ocomparable a cualquier ciudad moderna. Incluso en las zonas rurales, los Mayas contaban con 200 a 400 personas por Kilómetro cuadrado. Pero, de repente, todo se paró. Y el profundo silencio fue testigo de uno de los mayores desastres demográficos de la prehistoria humana, la desaparición de la una vez vibrante sociedad Maya.

¿Qué ocurrió? Todo parece indicar que se lo hicieron a ellos mismos, se autodestruyeron. Pese a que los Mayas han sido descritos como gente que vivió en completa armonía con su entorno, acabaron deforestando y destruyendo su entorno.

Una gran sequía tuvo lugar aproximadamente en la época en la que los Mayas empezaron a desaparecer. Y en el momento de su declive, los Mayas habían talado la mayoría de los árboles a lo largo de grandes franjas de tierra con el fin de despejar campos para cultivar maíz y alimentar a su creciente población. También talaron árboles para leña y material de construcción.

Quemaban entorno a 20 árboles para calentar piedra caliza, sólo para hacer 1 metro cuadrado de cal que utilizaban para construir sus impresionantes templos, presas y monumentos

Un equipo de arqueólogos financiados por la NASA ha logrado, mediante simulaciones por ordenador reconstruir cómo la deforestación podría haber jugado un papel en el empeoramiento de la sequía. Aislaron los efectos de la deforestación utilizando un par de modelos climáticos por ordenador de probada eficacia, el modelo de circulación atmosférica a escala media PSU/NCAR, conocido como MM5 y el Community Climate System Model CCSM (modelo del sistema climático comunitario).

Tras simular los escenarios del mejor y el peor de los casos, el 100% de la deforestación en la zona Maya y la no deforestación, los resultados fueron reveladores. La pérdida de todos los árboles provocó una subida de 3 a 5 grados en la temperatura y de un 20 al 30% de descenso de la pluviosidad.

Los resultados proporcionan información, pero es necesario llevar a cabo una mayor investigación para explicar por completo los mecanismos del declive Maya. Los registros arqueológicos revelan que mientras algunas ciudades-estado Mayas cayeron durante los períodos de sequía, algunas sobrevivieron e incluso prosperaron.

La sequía se desarrolló de forma distinta en diferentes zonas, la subida de las temperaturas y la disminución de la pluviosidad producidas por la deforestación localizada dieron lugar a graves problemas que condujeron al abismo a algunas, aunque no a todas las ciudades-estado. Los Mayas deforestaron a través del uso de la agricultura de tala y quema, un método que aún se utiliza hoy en día en sus propios terrenos, por lo que los investigadores conocen su funcionamiento.

Se sabe que cada 1 a 3 años cultivaban un trozo de tierra, que dejaban en barbecho durante 15 años para su recuperación. En ese tiempo, los árboles y la vegetación podían volver a crecer allí mientras se talaba y quemaba otra zona para sembrar.

¿Pero y si no se dejaba la tierra en barbecho el tiempo suficiente para que se regenerase por sí misma? ¿Y si se despejaban cada vez más terrenos para cubrir la creciente demanda de comida?

Parece ser que eso es lo que ocurrió. Los Mayas despojaron grandes áreas de su paisaje por el exceso del uso agrícola. La sequía no sólo dificultó el cultivo de suficiente comida, sino también la acumulación de agua suficiente para sobrevivir a la estación seca. Las ciudades intentaron mantener un aprovisionamiento de 18 meses de agua en sus presas, por ejemplo, en Tikal había un sistema de presas que contenía millones de litros de agua. Sin lluvia suficiente, las presas se secaron. La sed y el hambre no ayudaron mucho a la hora de mantener a la población feliz. El resto, es historia.

En algunas de las ciudades-estado de los Mayas, se han encontrado enterramientos masivos que contienen grupos de esqueletos con incrustaciones de jade en sus dientes, algo que se reservaba a las élites Mayas, quizás en este caso asesinaron a la aristocracia. Ni un solo factor postra a una civilización, pero la deforestación que contribuyó a la sequía podría fácilmente haber intensificado otros problemas, como malestar civil, guerra, hambre y enfermedad.

Muchas de estas perspectivas son consecuencia de una imagen tomada desde el espacio. Al interpretar los datos de infrarrojo de los satélites, se han ubicado cientos de ciudades antiguas y abandonadas cuya existencia se desconocía. Los Mayas usaron cal como cimiento para construir sus grandes ciudades llenas de templos, observatorios y pirámides ornamentados. Durante cientos de años, la cal se ha filtrado en la tierra. Como consecuencia de ello, la vegetación alrededor de las ruinas se distingue con infrarrojos en la actualidad.

¿Se repetirá la historia? ¿Qué opináis?

Leer mas:
Los Mayas